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Arte y Arquitectura

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Arte y Arquitectura

Andalucía destaca por su arquitectura hispanomusulmana y sus edificios de estilo barroco. Durante toda la Edad Media, mientras en el norte de España se erigían capillas románicas, catedra­­les góticas y castillos amurallados, en Al-Ándalus se construían mezquitas y palacios de las Mil y una noches. Du­­rante los ss. XVI y XVIII un nuevo maná cayó sobre esta región excepcional: el “oro de América”, que se transformó en palacios renacentistas e iglesias barrocas.


El arte anterior a los Arabes

Antes de la llegada de los musulmanes, que legaron a Andalucía algunos de sus monumentos más bellos, otras civilizaciones habían dejado ya su huella en suelo andaluz.

Prehistoria y Antigüedad

A la Prehistoria pertenece la decoración parietal de las cuevas de La Pileta y de Nerja. En el III milenio, una civilización megalítica dejó hermosas pruebas de su existencia en el pueblo de Los Millares, donde ya se trabajaba el cobre, y en los dólmenes de Antequera.

Hacia el s. IX a. C., los fenicios se establecieron a ambos lados del estrecho de Gibraltar. De aquella época se conservan tumbas, necrópolis y los magníficos sarcófagos antropomorfos (s. V a. C.) que hoy se exponen en el Museo de Cádiz. Gracias a su notable influencia, las poblaciones locales desarrollaron sus habilidades artísticas, como el reino de Tartesos (ss. IX-IV a. C.), que produjo elegantes obras de orfebrería de oro, y los iberos, que también sobresalieron por su talento como orfebres (tesoro de Carambolo, en el Museo de Sevilla) y escultores (Dama de Baza).

A su llegada en el s. II a. C., los romanos introdujeron la arquitectura ur­­bana. Las nuevas ciudades de la cuenca del Guadalquivir (Itálica, Híspalis, Carmona, Acinipo) tenían viviendas patricias, edificios públicos de mármol y, algunas, anfiteatros y termas romanas, además de esculturas de emperadores y dioses protectores. Como en Roma, las casas estaban decoradas con mosaicos multicolores y pequeñas estatuas de bronce. Su calidad de capital no le bastó a Córdoba para rivalizar en esplendor con Itálica durante el mandato de los emperadores Adriano y Trajano, ambos andaluces.

El arte hispanovisigodo

Los visigodos llegaron a España en el s. V con un arte repleto de influencias bizantinas y orientales que se extendió por toda la Bética romana hasta finales del s. VI. Construyeron edificios religiosos con naves separadas mediante columnas que sustentaban arcos y bó­­vedas de herradura.

La decoración era de influencia oriental, con más motivos geométricos que vegetales y pocas representaciones hu­­manas.

También fueron grandes orfebres, co­­­mo demuestra el tesoro de Torredonjimeno hallado cerca de Jaén.


El arte hispanomusulmán

La llegada de los musulmanes a Andalucía en el s. VIII y los ocho siglos de permanencia en el país ejercieron una profunda influencia en el arte y la arquitectura locales.

La arquitectura árabe se caracteriza por la utilización de diferentes arcos y pilares que transmiten sensación de ligereza: desde el arco de herradura, de influencia visigoda u oriental, hasta los arcos lobulados y polilobulados. Otro elemento importante es el alfiz, una moldura rectangular que enmarca los arcos de las puertas.

La austeridad de los muros exteriores de los palacios andaluces contrasta con la increíble belleza de sus interiores profusamente decorados. Las paredes están cubiertas de azulejos y alicatados (zócalos de reflejos metálicos) y de paneles de piedra o yeso tallado. Los techos están ocultos por magníficos ar­­tesonados de madera.

Los motivos decorativos son geométricos, vegetales y epigráficos. Estos últimos utilizan la escritura cúfica, de trazos mayúsculos y angulosos, o la escritura nesjí, de caracteres más libres. También son importantes los mocárabes, motivos decorativos a modo de estalactitas que decoran arcos y cúpulas.

Los estanques y las fuentes, siempre presentes en los edificios árabes, recuerdan el triple papel del agua en la civilización islámica: práctico (para regar y refrescar el ambiente), religioso (el Corán establece que hay que realizar abluciones antes de rezar) y estético (el agua refleja la elegante decoración de los muros).

El arte del califato (ss. VIII-X)

La mezquita de Córdoba y el palacio de Medina Azahara son dos monumentos que reúnen todos los elementos característicos del arte hispanomusulmán, que floreció durante los tres siglos en los que Córdoba fue la capital de Al-Ándalus.

Siguiendo su costumbre de asimilar la cultura de las poblaciones conquistadas, los musulmanes utilizaron técnicas y elementos del arte visigodo y romano, que combinaron hábilmente con las tradiciones orientales de la península Arábiga.

Las grandes aportaciones del arte califal son el arco lobulado y el alfiz. La prosperidad económica del califato se refleja en los materiales utilizados (sillares de piedra y revestimientos de mármol labrado) y en la riqueza de los mosaicos bizantinos de reflejos metálicos.

El arte de los Reinos de Taifas (s. XI)

Aunque parezca paradójico, a pesar de la dispersión política que caracterizó los Reinos de Taifas, el arte andalusí de esta época presenta una gran homogeneidad, ya que Andalucía permaneció aislada del islam y, por lo tanto, al margen de las influencias orientales. Los artistas del desaparecido califato de Córdoba emigraron a las distintas cortes taifales en las que perpetuaron la tradición cordobesa.

La decadencia económica provocó el abandono de los materiales nobles (pie­­dra sillar y mármol) y se generalizó el empleo del ladrillo, el yeso y la argamasa, ocultos bajo ornamentaciones espectaculares. Se utilizaron infinitas lacerías y decoraciones epigráficas y vegetales, al tiempo que se combinaban arcos de los tipos más variados. En esta época, la arquitectura religiosa fue menos importante que la arquitectura civil (construcción de numerosos baños públicos, como el Bañuelo de Granada) y militar (alcazabas de Málaga, Granada y Almería).

El arte almorávide (s. XII)

Tras la llegada de las tribus almorávides a la Península, el arte andalusí se extendió por todo el Magreb. Marrakech y Sevilla se convirtieron en las capitales del nuevo reino, a uno y otro lado del estrecho de Gibraltar, y poco a poco surgieron nuevas tendencias como resultado de la influencia mutua entre los pueblos de los dos continentes.

Los arcos se complicaron aún más, al igual que las cúpulas, algunas caladas y otras decoradas con mocárabes. Comenzó la decoración geométrica en forma de red de rombos, la sebka, y se enriquecieron las combinaciones epigráficas y de lacería.

Casi todas las construcciones andaluzas de esta época desaparecieron o fueron modificadas por las aportaciones almohades, aunque los expertos piensan que el mihrab de la iglesia de San Juan (antigua mezquita) de Almería presenta características del arte almorávide.

El arte almohade (ss. XII y XIII)

El puritanismo y la austeridad de los almohades quedaron reflejados en el aspecto sencillo y monumental de sus construcciones, en su mayoría de carácter defensivo, como el Alcázar y la Torre del Oro de Sevilla.

Los almohades construyeron con los mismos materiales que sus predecesores, el ladrillo, la argamasa, el yeso y la madera, pero optaron por una decoración más sobria, con grandes espacios vacíos y más adornos geométricos que vegetales. El arco de herradura quedó abandonado y en su lugar se utilizaron el arco de herradura apuntado y el arco lobulado.

El monumento más representativo de esta época es sin duda la Giralda de Sevilla (gemela de la Kutubia de Marrakech), que fue en su día el alminar de la mezquita mayor de la capital del reino almohade.

El arte nazarí (ss. XIII-XV)

A esta última época, la más brillante del arte andalusí, pertenece la Alhambra de Granada y su fabulosa decoración.

La función del edificio condicionaba la elección de los materiales a emplear. Así, mientras en las fortalezas (Alcazaba de Granada) y los baños públicos se utilizó la piedra sillar, el ladrillo y la argamasa (que incluía la arcilla de característico color rojo), en los palacios (Alhambra) no faltaron el mármol en suelos y columnas, y los azulejos en las zonas expuestas al roce. Los techos artesonados alcanzaron una delicadeza extraordinaria y, en los contornos de los arcos, las decoraciones de estuco formaban auténticos encajes.

El arte mudéjar (ss. XIII-XVI)

Después de que los cristianos conquistaran Córdoba y Sevilla, en la primera mitad del s. XIII, la construcción de los nuevos edificios (iglesias, palacios) se confió a los hábiles constructores musulmanes. Así nació el arte mudéjar, típicamente español, como resultado de la fusión del arte islámico y el arte occidental.

La arquitectura mudéjar se muestra fiel a la tradición musulmana en cuanto a materiales (yeso, ladrillo, madera), técnicas (aparejo de los muros, arco de herradura, techumbres de madera) y decoración (bellos techos artesonados, empleo del alfiz y complicadas yeserías). Las iglesias sevillanas (San Marcos, San Pablo, Santa Marina) son generalmente de ladrillo, y presentan techos artesonados y decoración de tradición almohade.

En el campo de la arquitectura civil predominan las cubiertas a dos o cuatro aguas, como el Alcázar de Sevilla, que Pedro I reconstruyó en 1366, la torre de Don Fadrique (Sevilla), la torre de El Carpio (Córdoba), el castillo de San Romualdo (San Fernando, Cádiz) y la Casa de Pilatos (Sevilla).


Arte gótico (ss. XIII-XV)

El primer arte gótico andaluz, que nació en el s. XIII después de la Reconquista, es de inspiración cisterciense (grandes rosetones en las fachadas, nave central con dos naves laterales de menor altura y bóvedas ojivales). Produjo obras tan interesantes como las iglesias fernandinas de Córdoba (Santa Marina, San Miguel, San Lorenzo).

En el s. XV surgió un gótico mucho más elaborado y recargado. Numerosos ar­­tistas flamencos participaron en la construcción de la catedral de Sevilla, que se inició en 1401, e introdujeron una serie de innovaciones como la planta rectangular, la cabecera plana con un pequeño ábside, esbeltos pilares fasciculados, bóvedas estrelladas y abundante decoración, que se utilizaron más tarde en otras iglesias andaluzas.

Durante el reinado de Isabel la Católica apareció el estilo isabelino, a medio camino entre el arte gótico y el renacentista, que combina con exuberancia los elementos flamígeros y mudéjares. La capilla Real de Granada, de Enrique Egas, es el mejor exponente de este estilo.


Renacimiento (s. XVI)

En el s. XVI , la llegada del oro de América coincidió con la introducción de la corriente renacentista. Sevilla, Córdoba y Granada encabezaron la lista de ciudades que se convirtieron en destacados centros culturales y artísticos. Este esplendor alcanzó su apogeo en los dos siglos siguientes, coincidiendo con la gran época del barroco andaluz.

Arquitectura

Durante las tres primeras décadas del s. XVI se impuso el estilo plateresco, continuación del estilo isabelino y denominado así porque los motivos que cubren totalmente la fachada re­­cuerdan el trabajo de los plateros. Los elementos más característicos son el arco de medio punto, los elementos almohadillados, las balaustradas, los capiteles clásicos y la presencia de medallones y blasones en las fachadas. La obra más representativa es la fachada del Ayuntamiento de Sevilla, realizada por Diego de Riaño.

A medida que avanza el siglo se van imponiendo la bóveda de cañón, las ovaladas y las baídas.

Tres nombres protagonizan la arquitectura renacentista andaluza: Diego de Siloé (1495-1563) termina la catedral de Granada, que servirá de modelo a las de Málaga y Cádiz; Andrés de Vandelvira (1509-1575) deja patente su audacia constructiva en la catedral de Jaén y en varios pueblos de la provincia como Baeza y Úbeda; y Pedro Machuca (m. en 1550), arquitecto y pintor, permanece fiel a la formación italiana recibida de Miguel Ángel y demuestra su talento en su obra maestra, el palacio de Carlos V en la Alhambra de Granada.

En el último tercio del s. XVI irrumpe con fuerza en España el estilo herreriano, creado por Juan de Herrera, en el monasterio de El Escorial. Sevilla cuenta con una obra del arquitecto preferido de Felipe II, el Archivo de Indias.

Escultura

El realismo y la expresividad son las no­­tas dominantes en la escultura de este período, que anuncia ya la imaginería barroca. Las esculturas, en su mayoría religiosas, se realizan en madera polícroma, mientras que para el arte funerario y la arquitectura monumental se utilizan el mármol, el alabastro y la piedra. Al igual que durante el período gótico, abundan los altares decorados con retablos de grandes dimensiones.

En la capilla Real de la catedral de Gra­­nada se encuentran las tumbas de Jua­na la Loca y Felipe el Hermoso, esculpidas por Bartolomé Ordóñez, el escultor español más importante de su época, a pesar de su muerte prematura (en 1520). El borgoñón Felipe Vigarny (m. 1543) realizó en el retablo una de sus obras maestras.

Muchos artistas italianos trabajaron en Andalucía en ese momento, como Do­­menico Fancelli (1469-1518), autor de la tumba de los Reyes Católicos (también en la capilla Real de la catedral de Granada); Jacobo Florentino (1476-1526), artífice del Entierro de Cristo, y Pietro Torrigiano, con su San Jerónimo penitente.

Pintura

Aunque los temas religiosos priman sobre los profanos, sólo escapa a esta regla Sevilla, donde algunas familias acaudaladas decoran sus viviendas con temas profanos, mitológicos y alegóricos (Casa de Pilatos).

El representante más destacado del primer Renacimiento sevillano es el pintor Alejo Fernández (¿1475?-1546), de ori­­­gen alemán; aunque adoptó el apellido español de su esposa. Su obra más conocida es la Virgen de los Mareantes del Alcázar de Sevilla.

Durante el s. XVI Sevilla acoge a mu­­chos pintores flamencos, que acuden atraídos por la riqueza de la ciudad y la perspectiva de encontrar un mercado más amplio en las colonias de América. Peter Kempeneer, conocido como Pedro de Campaña, es autor del magnífico Descendimiento de la catedral de Sevilla.

En la segunda mitad del s. XVI, los pintores andaluces de formación italiana tomaron el relevo, como el sevillano Luis de Vargas (1502-1568), que realizó la Generación temporal de Cristo (catedral de Sevilla), y el cordobés Pablo de Céspedes (1538-1608).


Barroco ss. XVII Y XVIII)

Arquitectura

Andalucía fue una tierra pródiga para el barroco español, sobre todo después de la llegada de los Borbones y el desarrollo de los intercambios comerciales con América que provocaron un verdadero frenesí de construcción en toda la región. Múltiples ciudades pequeñas se llenan de viviendas señoriales e iglesias barrocas. La imaginación desbordante de sus artistas no tiene límites. Las estructuras cóncavas y convexas aportan un movimiento ondulante a las fachadas y los motivos decorativos (volutas, ramilletes de flores, columnas salomónicas) cubren todas las superficies.

Bajo el denominador común de la exuberancia, los arquitectos se sienten li­­bres para interpretar el barroco según sus preferencias. La influencia árabe y la fantasía colorista reinan en el fastuoso sagrario de la cartuja de Granada, obra de Francisco Hurtado (1669-1725). Sin olvidar el extraordinario camarín de la iglesia San Juan de Dios, en la misma ciudad.

Vicente Acero, autor de la Real Fábrica de Tabacos, se inspiró en la catedral renacentista de Granada para realizar en Cádiz la última gran catedral española, entre 1722 y 1729.

El sevillano Leonardo de Figueroa (1650-1730), creador de obras civiles tan importantes como el palacio de San Telmo (escuela de navegantes que hoy es sede de la Junta de Andalucía) y el Hospital de Venerables, también proyectó las iglesias sevillanas del Salvador y San Luis de los Franceses.

Escultura

A principios del s. XVII Andalucía se convierte en un taller de escultura religiosa al servicio de la Contrarreforma y de los imperativos de realismo y expresividad destinados a edificar a los fieles a través de la imagen.

Se crean múltiples cofradías y se multiplican los pedidos de imágenes y de grupos que saldrán en procesión por las calles (pasos de Semana Santa). Las obras barrocas, cada vez más realistas y expresivas, son de madera. Con frecuencia se emplean tejidos que cubren todo el cuerpo y sólo se esculpen las manos y los rostros, a los que en ocasiones se añaden ojos y lágrimas de cristal.

Juan Martínez Montañés (1568-1648) es el representante más destacado del apogeo de la escultura andaluza, el fun­­dador de la escuela sevillana y el maestro de una gran generación de artistas. Su obra maestra es el Cristo de la Clemencia de la catedral de Sevilla.

El polifacético artista granadino Alon­­so Cano (1601-1667), también pintor y arquitecto, se formó con Martínez Montañés. Sus figuras, sencillas y delicadas, serán reinterpretadas por sus numerosos discípulos, como Pedro de Mena (1628-1693), autor de la sillería del coro de la catedral de Málaga.

A mediados del s. XVII y principios del s. XVIII se pone de manifiesto la influencia italiana inspirada en el estilo de Bernini. La agitación, el movimiento y el sentido dramático son las notas dominantes de esta corriente a la que se adhieren los artistas andaluces. Sobresale Pedro Roldán (1624-1700), que trabaja sobre todo en Sevilla (grupo de El entierro de Cristo del Hospital de la Caridad). Su hija, apodada “la Roldana”, se hizo célebre por sus nacimientos de barro cocido policromado.

El siglo de oro de la pintura

El s. XVII es sin duda el siglo de oro de la pintura andaluza, que empieza fiel a la tradición flamenca imperante en el s. XVI para hacerse después opulenta y luminosa.

A partir de mediados de siglo Sevilla y Madrid se convierten en las capitales indiscutibles de la pintura española. La fama de los pintores sevillanos de las primeras décadas, como Francisco Pa­­checo, suegro de Velázquez, ha que­­dado eclipsada por el brillo de tres maestros indiscutibles, Velázquez, Zurbarán y Murillo.

Diego Velázquez (1599-1660) desarrolló la mayor parte de su vida profesional en Madrid como pintor de la Corte y retratista de Felipe IV. Sin embargo, ni la fama ni la influencia de los pintores italianos a los que tanto admiraba, como Tiziano, le hicieron olvidar su formación sevillana.

El extremeño Francisco de Zurbarán (1598-1664), que fue un gran pintor de la vida monástica y autor de excelentes bodegones, representó la realidad del modo más sencillo posible. Dio gran importancia a los juegos de luces, que en ocasiones parecen surgir de los propios personajes. Su taller fue uno de los más importantes de Sevilla.

Bartolomé Esteban Murillo (1618-1682), cuyas obras de temática religiosa (Immaculada, Jesús Niño) se han reproducido hasta la saciedad, fue el autor español más famoso de su época.

En el extremo opuesto se halla Juan Valdés Leal (1622-1690), que alcanzó un inquietante grado de realismo tétrico en obras como los frescos realizados para la iglesia del Hospital de la Caridad de Sevilla.

En Granada, Alonso Cano (1601-1667), al que ya hemos mencionado como arquitecto y escultor, fue el más clásico de los pintores barrocos. Su obra más destacada es la Vida de la Virgen (catedral de Granada).


El arte en los ss. XIX y XX

Tras varios siglos de esplendor, la profunda crisis económica de la región se reflejó en la falta de encargos y en la ausencia de proyectos de envergadura.

Pintura

En el campo de la pintura romántica destacan los sevillanos Antonio Martínez Esquivel (1806-1857), José Gutiérrez de la Vega (1791-1865) y Valeriano Domínguez Bécquer (1834-1870), hermano del poeta Gustavo Adolfo Bécquer. Manuel Rodríguez de Guzmán (1818-1867) merece ser nombrado por el éxito que alcanzaron sus excelentes dibujos de escenas andaluzas.

A finales del s. XIX nace una corriente realista cuyo máximo representante es Julio Romero de Torres (1880-1930), que pintó numerosos retratos de mujeres (La Chiquita Piconera).

Entre los pintores del s. XX hay que citar a Daniel Vázquez Díaz (1882-1969), que realizó en 1930 los frescos del monasterio de La Rábida, inspirados en la epopeya de Cristóbal Colón, y a Rafael Zabaleta (1907-1960). Pero sin duda el pintor andaluz más famoso es el malagueño Pablo Ruiz Picasso (1881-1973). El pintor más influyente del siglo XX, aunque dejó pronto su tierra natal, su arte, desde sus series sobre la tauromaquia hasta el Guernica, siem­­­pre estuvo íntimamente ligado a lo español. En Málaga se inauguró en 2003 el museo que lleva su nombre.

Escultura

Los escultores más conocidos de principios del s. XX son Mateo Inurria (1869-1924), a quien debemos la estatua del Gran Capitán de Córdoba, y Jacinto Higueras.

La obra del escultor contemporáneo Mi­­guel Berrocal (1933), que utilizó gran variedad de materiales (bronce, acero, hierro forjado, latón, mármol), evolucio­­nó desde los temas abstractos hacia un estilo más figurativo al final de su vida.

Arquitectura

Los grandes cambios que tienen lugar en la arquitectura tardan bastante en llegar a Andalucía.

El modernismo (inspirado, entre otros, por el Art Nouveau francés) sólo produce algunos ejemplos curiosos en el entorno burgués (interiores de viviendas y pequeños comercios), sobre todo en las ciudades costeras –Almería, Málaga, Huelva– y, en la provincia de Cá­diz, en Sanlúcar de Barrameda y en la capital (Casa Majol, en el n° 34 de la calle San José).

Simultáneamente nace el historicismo, inspirado en el Costurero de la Reina (Sevilla, 1893). Si el movimiento modernista es la expresión de la arquitectura burguesa, el historicismo se destina a los edificios oficiales (Palacio Provincial de Jaén y Palacio de Justicia de Sevilla, que conserva los Archivos Municipales) y salas de espectáculos, como el Teatro Falla de Cádiz, los cines Aliatar de Granada, el Coliseo España de Sevilla y el Albéniz de Málaga.

La arquitectura moderna es un fiel re­­flejo de la positiva evolución de la economía andaluza. Desde la creación de la Escuela de Arquitectura de Sevilla en la década de los sesenta, se multiplica la construcción de edificios públicos (la estación de Santa Justa de Sevilla, el Conservatorio de Música de Almería) y complejos turísticos y bloques de viviendas diseñados por Aquitectos andaluces y españoles (Saénz de Oiza, Moneo, De La-Hoz, García de Paredes, Cano Lasso…).

Las realizaciones urbanísticas y arquitectónicas que se llevaron a cabo con motivo de la Exposición Universal de 1992 constituyen la mejor prueba del renacimiento que está experimentando Andalucía en las últimas décadas.