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Administración y economía

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Administración y economía

Las instituciones y el dinamismo económico de Cataluña hunden sus raíces en un rico pasado.


Organización política y administrativa

Como las otras 16 comunidades autónomas del Estado español, Cataluña tiene transferidas numerosas competencias. Su institución de autogobierno es la Generalitat.

La Generalitat

Los catalanes eligen cada cuatro años su propio Parlamento, encargado de elaborar, debatir y aprobar las leyes catalanas. Además designa al presidente de la Generalitat (generalmente el jefe del partido o de la coalición mayoritaria), que nombra a los miembros de su Gobierno, constituido por 15 conselleries.

Por otra parte, el Parlamento catalán también designa a los representantes de varios organismo de control, como:

– el Síndic de Greuges, equivalente al Defensor del Pueblo, y

– la Sindicatura de Comptes, que fiscaliza la gestión económica, financiera y contable del sector público catalán.

En cambio, el sistema judicial, responsabilidad del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya, es independiente de la Generalitat.

Provincias

Estas divisiones administrativas de carácter estatal dependen de sus correspondientes diputaciones. Cataluña tiene cuatro provincias: Barcelona, Tarragona, Lleida y Girona.

Comarcas

La Generalitat de Cataluña está dividida en 41 comarcas cuyos límites están determinados por criterios geográficos, históricos (antiguas jurisdicciones) y funcionales (mercados, servicios, etc.).

En la capital de la comarca se concentran los centros de enseñanza media, hospitalarios, de comunicaciones, etc., y se celebran mercados semanales.

El tamaño de las comarcas es variable, pero en general los municipios que la forman no distan más de 30 km de la capital. Por eso, algunas regiones naturales de gran tamaño, como el Empordà, el Camp de Tarragona o el Pallars, se subdividen en dos o tres comarcas: Alt Empordà y Baix Empordà, Alt Camp, Baix Camp y Tarragonès ; Pallars Jussà y Pallars Sobirà.

Al frente de las comarcas se encuentran los Consells comarcals, constituidos de acuerdo con los resultados de las elecciones municipales.


Grandes figuras políticas catalanas

Desde su restauración en 1977 y después de Tarradellas, la Generalitat ha tenido tres presidentes: Jordi Pujol, de 1980 a 2003; Pasqual Maragall, de 2003 a 2006, y José Montilla, elegido en 2006. Josep Borrell, otro destacado político catalán, ha desarrollado parte de su carrera en las instituciones europeas. Su atípica trayectoria denota un gran voluntarismo.

Jordi Pujol

Figura mítica del nacionalismo catalán y presidente de la Generalitat durante veintitrés años, Jordi Pujol se retiró a finales de 2003, a los 73 años.

Nació en 1930 en el seno de una familia católica de clase media y su infancia estuvo presidida por la Guerra Civil y por los relatos sobre el sacrificio de los catalanes en defensa de sus libertades. Durante la dictadura de Franco fue condenado a siete años de cárcel, acusado de organizar campañas democráticas y catalanistas. Fue puesto en libertad dos años después y cumplió un año de destierro en Girona. Tras ser elegido primer presidente de la Generalitat, en 1980, después de dirigir el partido Convergencia i Unió, emprendió una ambiciosa política de modernización urbana, industrial y cultural.

Ferviente partidario de la Unión Europea, hizo siempre cuanto estaba a su alcance para que España se incorporara al primer tren del euro. Nunca ha ocultado que sueña con una Europa de regiones en la que Cataluña ocupe el puesto que según él le corresponde.

Pasqual Maragall

Su sueño se hizo realidad a los 62 años, cuando sucedió a Jordi Pujol al frente de la Generalitat. Nieto del célebre poeta catalán Joan Maragall, se licenció con excelentes notas en Económicas y Derecho y se incorporó muy pronto al Partido Socialista Catalán (PSC).

Barcelona fue su gran objetivo antes de convertirse en su trampolín. En 1979, en las primeras elecciones municipales, fue elegido concejal por Barcelona y ocupó el puesto de teniente de alcalde. En 1982 accedió a la alcaldía de la ciudad. Su gran logro en este puesto fue la Olimpiada de Barcelona, en 1992, que transformó el rostro de la ciudad y dio fama a Cataluña a nivel internacional.

Pasqual Maragall (PSC), impulsor del nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña, con Josep Lluís Carod-Rovira (ERC) y Joan Saura (ICV), constituyó el Gobierno de coalición o “Tripartito” que arrebató el poder a la formación de Jordi Pujol en 2003.

Josep Borrell

Nacido en 1947 en una familia muy modesta, Josep Borell abandonó el colegio a los 10 años para ayudar a su padre, aunque terminó el bachillerato con excelentes calificaciones. En la Universidad de Madrid obtuvo los títulos de Ingeniero Aeronáutico y Doctor en Ciencias Economicas. Después continuó sus estudios en París y Stanford (Estados Unidos).

Ingresó en el PSOE en 1975 y se incorporó al Gobierno de Felipe González en 1982, donde sería sucesivamente secretario general del Presupuesto del Ministerio de Hacienda, secretario de Estado de Hacienda y, finalmente, hasta 1996, ministro de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente. A continuación inició su andadura europea. Desde 1999 hasta 2004 presidió la Comisión Parlamentaria de Asuntos Europeos y en 2004 fue elegido presidente del Parlamento europeo, cargo que ha ostentado hasta enero de 2007.


Economía

El tópico dice que “los catalanes de las piedras sacan panes”. De hecho, su economía es la más dinámica de España. Los casi siete millones de personas que viven en Cataluña, es decir, el 16% de la población nacional, genera el 19% del PIB y el 27% de las exportaciones españolas.

A este dinamismo hay que añadir un índice de desempleo inferior en dos puntos a la media nacional (el 6,6% frente al 8,6% en 2006). En definitiva, la pujanza de la economía catalana es indiscutible.

Industria

Con la revolución industrial Cataluña se convirtió en la fábrica de España.

Las industrias química, farmacéutica, automovilística, petroquímica y electrónica sustituyeron a las manufacturas de lana y algodón del s. XIX, pero la tecnología y el espíritu emprendedor están tan presentes como siempre. Sin embargo, el sector industrial, pilar de la economía catalana, está atravesando un período de dificultades. Se calcula que en los últimos tres años se han perdido varios miles de empleos debido a las deslocalizaciones de fábricas, ya que muchas compañías extranjeras han decidido trasladarse a la Europa del Este, donde la mano de obra es más barata.

Comercio

Es el sector más importante y más dinámico de la economía, y ha sido históricamente uno de los puntales de Cataluña; en la Edad Media, su campo de acción fue el Mediterráneo; en el s. XVIII, el Nuevo Mundo, y actualmente, la Unión Europea, destinataria del 70% de las exportaciones catalanas, con Francia en primer lugar, seguida de lejos por Alemania, Italia, Portugal y Reino Unido.

Turismo

La “gallina de los huevos de oro” sigue siendo un sector en expansión. Cataluña recibe anualmente 10 millones de visitantes entre los que se cuentan seis millones de extranjeros. Los más numerosos son los franceses –que representan la tercera parte de los turistas extranjeros– junto a los alemanes y los ingleses.

Agricultura

Define el paisaje del campo a lo largo del año, pero tiene poco peso en la economía local.

Está centrada en cultivos de alto valor añadido: floricultura y horticultura intensivas en el Maresme, vinos y cavas en el Penedès, aceituna arbequina y frutos secos en el Camp de Tarragona y en el Priorato, fruta en la vega leridana, arroz en el delta del Ebro...

Los campos de trigo y de cebada, que confieren un bonito color verde o dorado al campo, se encuentran sobre todo en las comarcas del interior y en el Ampurdán.

Salvo en la zona pirenaica y prepirenaica, que posee una cabaña bovina y ovina relativamente importante, la ganadería es poco importante en el resto de Cataluña, aunque en las últimas décadas ha aumentado el número de granjas dedicadas a la cría de vacas lecheras, cerdos, pollos y conejos.

A lo largo de la costa, los numerosos puertecitos existentes dan fe de que la pesca sigue siendo una actividad tradicional en muchos pueblos.

Pero, como consecuencia de la precariedad ecológica del Mediterráneo, ha habido que establecer vedas parciales o totales para proteger la fauna marina; de modo que las capturas locales son insuficientes para el consumo interno y se han creado piscifactorías en el delta del Ebro y en los ríos pirenaicos.