Cataluña
Cataluña : qué ver, qué hacer
Cataluña : organiza tu estancia
¿Dónde dormir?
Mejores planes hoteles Cataluña
-
RELAIS DU SILENCE LA FORNAL DEL FERRERS desde135.25 €
Reservar -
Hotel Clipper desde30 €
Reservar -
Hotel Riu Olot desde65 €
Reservar
Arte y arquitectura
Arte y arquitectura
Cataluña posee un rico patrimonio artístico y cultural porque ha sido desde siempre un punto de confluencia de diversas culturas.
A lo largo de los siglos los estilos se superpusieron y a la austeridad románica se sumaron la exuberancia del gótico, el Renacimiento, el barroco y el modernismo del s. XIX.
- Arte anterior al románico
- Arte románico
- Arte gótico
- Renacimiento y Barroco
- Neoclasicismo, Romanticismo y Orientalismo
- Modernismo
- El Novecentismo
- Las vanguardias
- Arte contemporáneo
- Léxico artístico
Arte anterior al románico
Los romanos dejaron testimonios excepcionales de su arte. Por ejemplo, tanto en Ampúries como en Altafulla (Vila dels Munts), hay villas decoradas con mosaicos de gran calidad y muy bien conservados. Aunque el mayor patrimonio romano se encuentra sobre todo en Tarragona, la antigua Tarraco. Las murallas, los foros, el anfiteatro y el circo recuerdan la importancia política, económica y cultural de la antigua urbe. Por otra parte, los diversos museos existentes exponen interesantes colecciones de esculturas y mosaicos.
Las huellas de la civilización romana también son evidentes en Barcelona, Girona, Vic, Lleida, Tortosa y Mataró, así como en las ciudades termales (caldas), repartidas por todo el territorio.
Arte románico
Entre pequeñas iglesias rurales y catedrales, Cataluña cuenta con más de 2. 000 edificios de estilo románico.
El románico catalán, que combina con armonía diversas influencias, se concentra sobre todo en la llamada Catalunya Vella (al norte del camino tradicional a Aragón), por oposición a la Catalunya Nova (provincias de Tarragona y Lleida), que no fue totalmente reconquistada a los musulmanes hasta mediados del s. XII.
Arquitectura románica
Los inicios (ss. IX-X)
Las iglesias prerrománicas se caracterizaron por la utilización del arco de herradura heredado de los visigodos. La primera fase del monasterio de Sant Pere de Rodes y la Porta Ferrada del monasterio de Sant Feliu de Guíxols pertenecen a esta época.
El “primer románico” (s. XI)
El estilo lombardo, procedente de Italia, llegó a Cataluña en el s. XI e influyó decisivamente en las construcciones de la época, que se distinguen por su arquitectura sencilla y su decoración austera.
Los templos presentan planta basilical con una o varias naves que abren a tres ábsides con arcos de medio punto. Las naves están divididas mediante robustos pilares y las bóvedas son de cañón, mientras que el exterior está decorado con arquerías ciegas y bandas verticales que reciben el nombre de bandas lombardas.
Las esbeltas torres campanario de las iglesias del vall de Boí, en pleno Pirineo (declaradas Patrimonio de la Humanidad), constituyen magníficos exponentes de este “primer románico”. La iglesia de Bossòst en el valle de Arán, la del antiguo monasterio de Cardona, los campanarios de las catedrales de Vic y Girona son otros tantos ejemplos que atestiguan la variedad de los edificios de la época.
“Segundo románico” (s. XII)
Poco a poco la arquitectura se fue haciendo más compleja como consecuencia de la combinación de diversos elementos: naves, crucero, ábsides, absidiolos, cúpula, cimborrio, girola, etc. Simultáneamente, los pórticos, los tímpanos de las portadas y los claustros empezaron a decorarse con elementos escultóricos de influencia rosellonesa, provenzal y tolosana.
La catedral de La Seu d’Urgell, el claustro de la catedral de Girona, la portada y el claustro de la catedral de Tarragona y el antiguo monasterio de Ripoll son los ejemplos más representativos de este estilo.
Románico tardío (s. XIII)
Como estuvo ocupada por los musulmanes hasta mediados del s. XII, el arte románico llegó más tarde a la Catalunya Nova. La arquitectura de los monasterios cistercienses de Santes Creus, Poblet y Vallbona de les Monges es una excelente muestra de un estilo de transición del románico al gótico.
Varios edificios de esta zona construidos en el s. XIII pertenecen a la llamada “escuela ilerdense”, con decoración escultórica de inspiración árabe. Los motivos geométricos que decoran las portadas de la catedral de Lleida y de la iglesia de Agramunt son, quizás, los más representativos de esta corriente.
Arquitectura militar
Además de edificios religiosos, Cataluña conserva varias fortalezas de los templarios y los hospitalarios, entre los que destaca en particular el castillo de Miravet, edificado en el s. XII sobre las ruinas de una fortaleza árabe anterior.
Escultura románica
La decoración de las iglesias románicas es sencilla pero muy cuidada. Los capiteles suelen estar decorados con motivos vegetales (hojas de palma y de acanto, flores) y animales fantásticos (grifos, demonios, dragones), al tiempo que los frisos presentan lacerías y follaje.
Las figuras humanas, esculpidas en madera o en piedra, son menos habituales y resultan bastante alejadas de la realidad, con cuerpos alargados y rostros inexpresivos.
Pintura románica
En su origen las iglesias románicas estaban decoradas con pinturas murales de colores vivos. Muchas de ellas desa-parecieron con el paso del tiempo, pero todavía podemos admirar las de los ábsides de Sant Climent y de Santa MariaTaüll, así como las de Boí y las de La Seu d’Urgell. Todas ellas se conservan en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (Barcelona).
Arte gótico
El estilo gótico (ss. XIII-XV) coincidió con las grandes conquistas de la corona catalano-aragonesa. Y es que, tras convertirse en una de las grandes potencias mediterráneas, la fiebre constructora se apoderó de las ciudades.
Arquitectura civil y religiosa
La nueva clase burguesa empezó a edificar palacetes y casas señoriales mientras que las corporaciones ciudadanas financiaban iglesias, conventos, palacios reales, hospitales y murallas.
Los numerosos arquitectos, pintores y escultores de la época se inspiraron en el gótico francés, italiano, flamenco y alemán para crear un estilo con personalidad propia.
Arquitectura gótica
Además de los elementos característicos de los edificios góticos –arco apuntado, bóveda de crucería y contrafuertes–, la arquitectura gótica catalana se distingue por su depuración formal, por su sentido de las proporciones y por su amplitud espacial. Siguiendo el modelo francés, la mayoría de las iglesias tiene tres naves, ábside con girola y capillas radiales.
En Barcelona...
A los pies de su magnífica catedral, en el Barrio Gótico se encuentran algunos de los monumentos góticos más bellos de Cataluña, como el Palau de la Generalitat, el Ayuntamiento (Ajuntament) con su emblemático Salón de Ciento, las antiguas Drassanes (las atarazanas medievales mejor conservadas del mundo), la Lonja de Contratación, el Hospital de la Santa Creu, las bellas iglesias de Santa Maria del Mar y Santa Maria del Pi, y las casas señoriales de la calle Montcada.
... y en el resto de Cataluña
Catedrales, iglesias, monasterios, castillos y puentes... es evidente que los edificios góticos diseminados por toda Cataluña constituyen un patrimonio de excepcional riqueza.
En Girona hay varios monumentos de gran interés, como la catedral (cuya nave es la más ancha del gótico europeo), el palacio episcopal, la iglesia de Sant Feliu, las murallas, los antiguos conventos y los palacios.
En el interior de la provincia de Barcelona destacan el monasterio de Sant Cugat del Vallès, la colegiata de Santa Maria de Manresa, el claustro de la catedral de Vic y las pinturas góticas de Santa Maria de Terrassa.
En los valles pirenaicos se encuentran el monasterio de Sant Joan de les Abadesses, el puente de Camprodon y la iglesia de Vielha.
Las catedrales de Lleida, Tortosa y Tarragona (Seu Vella), así como los monasterios cistercienses de Poblet, Vallbona de les Monges y Santes Creus constituyen algunas de las mejores muestras del arte gótico catalán.
Escultura gótica
Destaca por su decoración precisa y por su reducido repertorio de elementos decorativos vegetales. También son característicos los relieves o cabecitas que adornan las ventanas y las tallas de las misericordias de las sillerías de los coros.
Las representaciones humanas adquieren mayor realismo que en épocas anteriores, con proporciones más equilibradas, rostros más expresivos y ropajes más naturales. La temática es asimismo más variada: crucifixiones, figuras yacentes, plañideras, etc.
Pintura gótica
Las influencias europeas son evidentes.
Durante los ss. XIII y XIV florece la corriente italianizante, en la que destacan Ferrer Basa, muy influenciado por la escuela de Siena, y los hermanos Serra, autores de preciosas Vírgenes con mantos llenos de flores.
Más tarde, en el s. XV, los artistas catalanes se inspiraron en el gótico flamenco, alemán e italiano y destacaron por su grafismo nervioso, casi caligráfico y por la utilización de colores planos y vibrantes. Uno de sus máximos representantes es Bernat Martorell, autor de la tabla de las Bodas de Caná de la catedral de Barcelona.
Renacimiento y Barroco
El principio de este período coincidió con un contexto político y económico difícil, puesto que Cataluña perdió su hegemonía marítima tras el descubrimiento de América, mientras que los Reyes Católicos desplazaron el poder político al centro de la Península.
El patrimonio arquitectónico que se conserva tiene entidad suficiente, a pesar de que en algunos lugares de Cataluña el Renacimiento pasó de puntillas. De hecho, durante el s. XVI las corporaciones locales se mantuvieron fieles al gótico, de modo que durante mucho tiempo se ignoró la importancia del patrimonio renacentista y barroco, aunque las ciudades conservan interesantes ejemplos de estas corrientes artísticas.
Estilo renacentista
En Barcelona, el Palau del Lloctinent y la fachada del Palau de la Generalitat ilustran la transición del gótico al Renacimiento, mientras que los Reales Colegios de Tortosa y la ciudadela de Rosas –patrocinada por Carlos V– son plenamente renacentistas. La catedral de Tarragona posee asimismo magníficos ejemplos de este estilo.
Barroco
Llegó a Cataluña a través de Murcia y Valencia y creó bellísimas iglesias y sobresalientes edificios civiles. Destacan las fachadas de las catedrales de Girona, Tortosa y Solsona, las de las iglesias del monasterio de Poblet, de Santa Maria de Montblanc y de la Mercè (Barcelona). Los principales edificios civiles de esta época son el Palau de la Virreina de Barcelona, la Universidad y el Ayuntamiento de Cervera y el palacio episcopal de Solsona.
Neoclasicismo, Romanticismo y Orientalismo
Estas corrientes que aparecieron en Europa en el s. XVIII influyeron en los arquitectos, pintores y escultores catalanes hasta el s. XIX. El neoclasicismo puso nuevamente de moda la antigüedad clásica, al tiempo que el romanticismo propuso una visión idealista del mundo. Por su parte, el orientalismo dio origen a una serie de edificios de influencia árabe.
Modernismo
En el s. XIX, la consolidación de la revolución industrial dio un impulso económico decisivo al país y creó un contexto que favorecía la renovación cultural. La Renaixença fue un movimiento cultural y político de reivindicación de la identidad catalana que surgió paralelamente a los nacionalismos europeos.
En el campo artístico, esta filosofía dio origen al modernismo, de personalidad propia, aunque próximo a otras corrientes europeas contemporáneas como el Art Nouveau francés, el Modern Style inglés y norteamericano y el Jugendstil alemán. Al tiempo que concedía especial importancia a las artes decorativas, el modernismo aportó una nueva estética.
Arquitectura modernista
Los arquitectos modernistas dieron libre curso a su fantasía e imaginaron monumentos asimétricos, de colores vivos y formas curvas que parecían salidos de un cuento de hadas. Con materiales y técnicas clásicas se realizaron elementos decorativos tremendamente originales. Hábiles artesanos transformaron el vidrio, la cerámica, el hierro forjado y la madera en mosaicos, vidrieras y obras de marquetería con motivos vegetales o acuáticos.
Barcelona, que se convirtió en la capital del modernismo a partir de la Exposición Universal de 1888, se llenó de edificios proyectados por los mejores arquitectos de la época: Antoni Gaudí, Domènech i Montaner y Puig i Cadafalch.
Antoni Gaudí i Cornet (1852-1926) fue sin duda el arquitecto que más contribuyó a cambiar el aspecto de la capital catalana. Nacido en Reus y, perteneciente a una familia humilde, estudió arquitectura en Barcelona y terminó la carrera a los 26 años. A partir de 1883 intentó encontrar un estilo arquitectónico propio. Su encuentro con Eusebi Güell fue decisivo y de él nacieron obras como los pabellones Güell (1884-1887) y, sobre todo, el Palau Güell† (1886-1891). Gaudí supo combinar con imaginación todos los estilos existentes: el gótico, el barroco y el árabe (con su característico rechazo de la simetría) y además incluyó en sus obras numerosos motivos florales. Además diseñó nuevos mecanismos –visibles en la Sagrada Familia¢– que revolucionaron las técnicas conocidas hasta entonces y permitieron llevar a cabo realizaciones de gran audacia. Su personal estilo se afirmó entre 1900 y 1917, con el Park Güell† (1900-1914) y la Casa Milࢠ(1906-1910). Dedicó los últimos ocho años de su vida a la iglesia de la Sagrada Familia, iniciada en 1883 y que llegó a convertirse en su obsesión.
Fue sin duda un referente del movimiento modernista y uno de los grandes nombres de la arquitectura de finales del s. XIX y principios del s. XX, ya indisociable de Barcelona.
Otra gran figura de la arquitectura modernista fue Lluís Domènech i Montaner (1850-1923), que destacó también como político, historiador y fundador del diario El Poble Català. Sus primeras obras, el Hotel Internacional y el restaurante del parque de la Ciutadella coincidieron en el tiempo con la Exposición Universal de 1888.
Al igual que Gaudí, Domènech i Montaner se caracterizó por un estilo iconoclasta muy peculiar y combinó con acierto distintos materiales como el ladrillo y el hierro forjado, armonía que alcanzó su apogeo en el Palau de la Mùsica Catalana¢ (1905-1908).
Nacido en Mataró, arquitecto, historiador de arte y político, Josep Puig i Cadafalch (1867-1957) dirigió en 1895 la construcción de la casa Martí, que más tarde sería el mítico café Els Quatre Gats, uno de los símbolos de la Barcelona modernista al que acudían artistas como Picasso y Utrillo. La casa Amatller¶ (1900), la casa Macaya (1901) y la casa de les Punxes¶ (1905) son algunas de sus mejores obras. Fue concejal, diputado provincial y colaborador de varios diarios como la Veu de Catalunya y La Renaixença y se exilió en París cuando estalló la Guerra Civil española.
El barrio del Eixample, diseñado por el gran urbanista Ildefons Cerdà, es un magnífico escaparate de las obras de estos tres grandes arquitectos. La casa Batlló, la casa Lleó Morera y la casa Amatller, sus obras respectivas, forman la llamada Mançana de la Discórdia, que establece un paralelismo entre la rivalidad de estos tres arquitectos y el mito griego de Paris (que tuvo que escoger a la diosa más bella mediante una manzana de oro) y juega con los dos sentidos del término manzana.
A partir de la capital, el modernismo se extendió por toda Cataluña, desde las grandes ciudades de la costa hasta los pueblos de veraneo.
Pintura
Los pintores de la época siguieron al principio el modelo impresionista francés pero luego desarrollaron su propio estilo.
El joven Picasso (1881-1973), que se instaló en Barcelona en 1895, hizo su primera exposición en 1900. Uno de sus cuadros más conocidos, Las señoritas de Aviñón (1907), representa a cinco prostitutas de la calle Avinyó de Barcelona; su composición, llena de color y de fantasía, evoca los magníficos mosaicos que decoran los edificios modernistas.
El Novecentismo
Este movimiento artístico surgió a principios del s. XX como reacción antimodernista y proyecto cultural y político que propugnaba el retorno a las raíces clásicas y mediterráneas.
Algunos arquitectos catalanes se inspiraron en Le Corbusier (1887-1965) para proyectar edificios más sencillos y mejor adaptados a la vida urbana y desarrollaron una importante reflexión sobre el urbanismo y el papel social y político de la arquitectura. Josep Lluís Sert (1902-1983), el máximo representante del racionalismo catalán, fue el artífice de la Fundació Joan Miró y del Pavelló de la Repùblica de Barcelona.
Las vanguardias
El arte de vanguardia que iniciaron algunos pintores fauvistas y cubistas que vivían en la Cataluña francesa (Matisse, Braque, Picasso…) llegó a España de la mano de artistas tan brillantes como Joan Miró (1893-1983) y Salvador Dalí (1904-1989).
Sus obras, que Dalmau dio a conocer en Barcelona en 1918 y 1925, respectivamente, muestran el mismo deseo de superación de los límites de la representación clásica y de negación de la realidad para ofrecer una visión más personal del mundo. Con sus juegos de colores y de imágenes construyeron un universo onírico y poético que invita a soñar al espectador.
Los pintores de esta época contaron con el apoyo de ricos mecenas entre los que Josep Dalmau ocupa un lugar aparte. Esta figura clave en la promoción de la primera vanguardia financió numerosas exposiciones y creó la revista dadaísta 391.
La Guerra Civil y la llegada al poder del general Franco provocaron el exilio de muchos artistas. La vanguardia catalana renació de sus cenizas unos años después gracias a un grupo de pintores agrupados en torno a la revista surrealista Dau al Set (1948-1954). Esta segunda vanguardia catalana prosiguió su camino hacia la abstracción y experimentó nuevas técnicas pictóricas como los collages. El representante más conocido de este movimiento es Antoni Tàpies.
Durante la segunda mital del s. XX, los pintores vanguardistas profundizaron en esta línea y utilizaron diversos materiales para crear auténticas esculturas sobre lienzo. Algunos de sus herederos, como Miquel Barceló (nacido en 1957), han alcanzado fama internacional.
Arte contemporáneo
El llamado conceptualismo catalán reivindica la utilización de nuevos soportes artísticos (vídeo, fotomontajes…) y las composiciones efímeras (instalaciones, performances…). El Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, obra del norteamericano Richard Meyer, simboliza la voluntad del arte catalán de continuar en el camino de la modernidad. Por su parte, Enric Miralles (1955-2000) realizó el Parc Diagonal Mar y el Mercado de Santa Catarina de Barcelona.
Barcelona se ha convertido en una de las capitales mundiales del diseño, gracias a artistas de la talla de Javier Mariscal (nacido en 1950). Sus objetos, logotipos, carteles y creaciones lúdicas son famosos, sobre todo desde que creó Cobi, la mascota de los Juegos Olímpicos de 1992.
Por otra parte, Barcelona es un auténtico laboratorio arquitectónico que se puso en marcha de cara a las Olimpiadas y cuya actividad no ha cesado desde entonces. La creación de nuevos barrios y la remodelación urbana se han encargado a prestigiosos arquitectos como el catalán Ricardo Bofill (nacido en 1939) que, en colaboración con su equipo del Taller de Arquitectura ha realizado el nuevo aeropuerto de la ciudad y el Teatro Nacional de Cataluña.
Léxico artístico
Ábaco - Pieza en forma de tablero que corona el capitel.
Ábside - Parte de la cabecera de una iglesia en la prolongación de su capilla mayor. Puede ser semicircular o poligonal.
Absidiolos - Pequeños ábsides que se abren de forma radial en la girola de una iglesia románica o gótica.
Arquería - Hilera de arcos.
Arquivolta - Cada una de las molduras concéntricas que forman la cara externa de un arco abocinado.
Atlante - Escultura masculina cuya función es sustituir una columna o un pilar.
Bandas lombardas - Franjas verticales con poco resalte y unidas en su parte superior por un friso de arquillos ciegos.
Bóveda de aristas - La originada por el cruce de dos bóvedas de cañón.
Bóveda de cañón - La originada por el desplazamiento de un arco de medio punto a lo largo de un eje longitudinal.
Bóveda de crucería - La formada por dos arcos, generalmente apuntados, que se cruzan en perpendicular y que engendran cuatro elementos triangulares. Los nervios quedan en relieve.
Cabecera - Parte del templo cristiano en la que se sitúa la capilla mayor.
Cariátide - Escultura femenina que ejerce función de soporte en lugar de una columna o un pilar.
Casetón - Cada uno de los recuadros huecos, a menudo decorados, de un artesonado.
Cimborrio - Construcción en forma de torre y dotada de ventanas que se eleva normalmente sobre el crucero.
Clave - En las bóvedas, pieza colocada en la intersección de varios arcos que suele ir decorada; dovela central de un arco.
Contrafuerte - Elemento empotrado en el muro cuya función es reforzarlo en los puntos en que éste soporta mayores empujes.
Coro - Parte de la iglesia reservada al clero. En las catedrales españolas se sitúa en general en la parte central de la nave principal.
Crismón - Anagrama formado por las dos primeras letras de Cristo en griego (X y P) a las que pueden acompañar las letras alfa y omega que representan el principio y el fin de todas las cosas.
Crujía - Espacio comprendido entre dos muros de carga.
Dintel - Pieza paralela al suelo que cubre el espacio entre dos jambas, pilares o columnas.
Girola - Prolongación de las dos naves laterales de una iglesia rodeando la capilla mayor.
Geminado - Dícese de los vanos, ventanas o columnas unidos de dos en dos.
Grutesco - Decoración típica del Renacimiento que combina elementos vegetales, seres fantásticos y animales enlazados formando un todo.
Jambas - Elementos verticales, generalmente decorados, que no son columnas y que sostienen el dintel de una puerta o una ventana.
Linterna - Cuerpo que se alza en lo alto de una cúpula para que entre la luz del exterior.
Mainel - Columna o pilar que divide en dos la luz de cualquier vano, sea puerta o ventana.
Ménsula - Soporte en saledizo empotrado a cierta altura en un muro.
Mozárabe - Estilo que desarrollaron los cristianos que vivían entre los musulmanes españoles.
Nártex - Vestíbulo de una basílica.
Óculo - Pequeña ventana circular o elíptica.
Pantócrator - Representación de Cristo triunfante, muy frecuente durante la Edad Media, con los Evangelios en la mano izquierda y la mano derecha en actitud de bendecir.
Pechina - Cada uno de los cuatro triángulos curvilíneos sobre los que se sustenta una cúpula. Sirven para pasar de la planta cuadrada a la circular.
Peristilo - Patio rodeado de columnas típico de las casas griegas. También se usa para designar la galería de columnas que rodea un edificio.
Pilastra - Pilar adosado a un muro.
Pináculo - Remate apuntado –típico del gótico– de un contrafuerte o de un arbotante; suele ir decorado.
Plateresco - Estilo arquitectónico y decorativo característico del Renacimiento español. Su profusa ornamentación recuerda el trabajo de los orfebres.
Presbiterio - Espacio que circunda el altar mayor y que está separado de la nave por unas gradas o un cancel.
Seu - Catedral en catalán.
Tramo - Cada una de las partes en que se divide una nave o una escalera.
Tímpano - Superficie interior de un frontón. Espacio, generalmente decorado, delimitado por las arquivoltas y el dintel en las portadas de las iglesias.
Lengua y Literatura
Con la aparición de las primeras manifestaciones literarias catalanas en el s. XII comienza una larga historia en la que se suceden diversos períodos de esplendor y decadencia paralelos a los acontecimientos históricos.
En los últimos años, normalizado el uso del catalán, el panorama literario es esperanzador.
Orígenes
Como la mayoría de las lenguas romances –español, francés, portugués e italiano–, los primeros textos escritos en catalán datan de la Baja Edad Media, y las primeras manifestaciones literarias fueron las poesías de los trovadores. De hecho, la literatura provenzal introdujo en Cataluña una tradición que perduró hasta el s. XIV con poetas tan singulares como Guillem de Berguedà, un magnífico escritor, y el trovador profesional Cerverí de Girona.
Mientras que la poesía catalana fue heredera de la rica tradición provenzal, hay que decir que Ramon Llull (1232-1315), una de las personalidades más singulares del mundo medieval europeo, dio carta de naturaleza a la prosa. Este mallorquín, de padres catalanes, fue autor de cerca de doscientas cincuenta obras en catalán y en latín y el primer pensador europeo que redactó tratados de filosofía en lengua romance. Con su labor enriqueció considerablemente la sintaxis y el vocabulario del catalán, que se convirtió así en una herramienta de gran eficacia expresiva.
Historia escrita
Durante la segunda mitad del s. XIII, cuando Ramon Llull redactó sus primeras obras, aparecieron los textos históricos catalanes más antiguos. Entre ellos destacan Las cuatro grandes crónicas: el libre dels feyts, dictado por Jaime I el Conquistador; la Crònica de Bernat Desclot, la Crònica de Ramon Muntaner y la Crònica de Pedro el Ceremonioso, que ofrecen una visión de la corona catalano-aragonesa durante los ss. XIII y XIV, época de la consolidación peninsular de Cataluña y de su expansión política y comercial por el Mediterráneo.
Los humanistas catalanes
Durante el reinado de Pedro III el Ceremonioso, la Cancillería Real (la Administración) se modernizó, y el monarca apoyó la labor de los humanistas. En este ambiente cultivado se educó Bernat Metge (1340-1413), el primer hombre de letras de la Península Ibérica que se incorporó a la corriente humanística e introductor de los textos de Petrarca y Boccaccio. Sus obras más conocidas son el poema alegórico Libre de Fortuna e de Prudència (1381) y Lo somni (1399).
El Siglo de Oro
Durante el s. XV, en una sociedad en pleno cambio, el valenciano Ausiàs March, considerado el poeta más importante de la literatura catalana medieval, se alejó de la cultura feudal y de los modelos provenzales, a los que permanecían fieles sus contemporáneos Andreu Febrer y Jordi de Sant Jordi, y elevó la intensidad de la poesía amorosa hasta niveles filosóficos y religiosos.
El s. XV, edad de oro de la literatura catalana clásica, terminó con dos novelas singulares escritas entre 1456 y 1468, Curial e Güelfa, de autor anónimo, y Tirant lo Blanc, de Joanot Martorell. Tirante el Blanco, una de las grandes obras de la literatura catalana, narra las aventuras del joven bretón Tirant lo Blanc desde que fue armado caballero en Inglaterra y en particular sus aventuras en Constantinopla. Las escenas bélicas alternan con episodios galantes, humor, sensualidad y erotismo.
La decadencia
A esta edad de oro siguieron tres siglos que la historia de la cultura catalana considera una época de decadencia literaria. En parte debido a razones políticas y económicas (pérdida de hegemonía política ante la creciente importancia del comercio atlántico tras el descubrimiento de América), y también como consecuencia de la presión que las letras catalanas padecen por parte de las dos literaturas vecinas, la española y la francesa, que viven una de las épocas más brillantes de su historia.
La decadencia se acentuó en el s. XVIII tras la Guerra de Sucesión y el advenimiento de la dinastía borbónica. Además Felipe V promulgó el Decreto de Nueva Planta con el que quiso imponer en los territorios de la corona de Aragón un centralismo a la francesa con la prohibición del uso administrativo de la lengua catalana.
La Renaixença
Con la llegada del Romanticismo a Cataluña surgió un movimiento de recuperación cultural que recibió el nombre de Renaixença (Renacimiento) y cuyo objetivo era conseguir la autonomía literaria de Cataluña. El poema de Bonaventura C. Aribau, Oda a la Pàtria (1833), se convirtió en símbolo de este movimiento. Tres grandes poetas situaron la literatura catalana al mismo nivel que las de sus contemporáneos europeos: Jacint Verdaguer, Angel Guimerà y Narcís Oller.
El Modernismo
Mientras que en el marco del Romanticismo europeo la Renaixença promovió el uso culto del catalán y su literatura, a finales del s. XIX nació el Modernismo, un gran movimiento literario y cultural que afectaría a todas las disciplinas artísticas, y que se caracterizó por su deseo de modernidad. Este movimiento, comparable a los surgidos simultáneamente en otros países europeos (Art Nouveau en Francia, Jugendstil en Alemania, Modern Style en Gran Bretaña), tendrá en Cataluña un carácter muy especial que transformará la sociedad.
En el campo de la literatura, la figura más destacada fue el poeta Joan Maragall (1860-1911), que incorporó a sus obras la tradición romántica simbolista. Sus artículos y sus discursos tuvieron una gran repercusión pública y algunos de sus poemas se cuentan entre los más emblemáticos de la literatura catalana contemporánea, como, por ejemplo, La vaca cega y el Cant espiritual.
El Novecentismo
Si el Modernismo impulsó la modernización de la cultura catalana, el Novecentismo representó su institucionalización, siguiendo la estrategia política de modernización y normalización cultural que promovió el catalanismo político.
Los novecentistas colaboraron estrechamente con los políticos de la época y, en 1914, bajo la presidencia de Enric Prat de la Riba, constituyeron la Mancomunitat de Catalunya, embrión de los futuros Estatutos de Autonomía.
En esta época se sentaron las bases del idioma catalán. Pompeu Fabra fue su artífice y el l’Institut d’Estudis Catalans adoptó un modelo normativo. Los novecentistas elaboraron una propuesta estética basada en el regreso al clasicismo humanista. Eugeni d’Ors fue una de sus principales figuras y con su Glossari y su Oceanografia del tedi (Oceanografía del tedio, 1916) se convirtió en uno de los pilares del pensamiento novecentista.
Otro gran escritor de la época fue Josep Carner, autor de Els fruits sabrosos (1906), donde clasicismo, mitología y simbolismo se funden para reflejar el paso del tiempo y la pérdida de la juventud. Más tarde, Carner se convertiría en uno de los poetas más importantes del siglo con obras como La paraula en el vent (1914) y Nabi (1941).
Literatura contemporánea
Aunque la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) puso fin a la Mancomunidad e intentó acabar con el catalanismo cultural, la literatura catalana siguió desarrollándose hasta alcanzar gran importancia en los años 1920-1930.
Las vanguardias del momento se dejaron seducir por el futurismo (1916-1924), liderado por Joan Salvat-Papasseït, y por el surealismo (1924-1934) de Francesc Trabal, Joan Oliver, Joan Miró, Salvador Dalí y J.V. Foix. Síntesis de la vanguardia y la tradición, la obra de Foix (como Gertrudis, de 1927, y Sol i de dol, de 1947), llegaría a ser una de las poesías más originales de la literatura catalana contemporánea y sin duda una de las aportaciones más significativas al panorama poético europeo.
La proclamación de la República en 1931 contribuyó decisivamente a la evolución positiva de la lengua, la literatura y la cultura catalanas. Se aprobó el Estatuto de Autonomía (1932), se restableció el Gobierno de la Generalitat y el catalán fue de nuevo idioma oficial. Al tiempo que se confirmaban algunos autores de la época novecentista, surgieron nuevas voces que serían decisivas en los años posteriores a la Guerra Civil, como Carles Riba (1893-1959), Josep Pla (1897-1981) y Josep Maria de Sagarra (1894-1961).
Con la dictadura de Franco comenzó el período más difícil de la cultura catalana, presidido por el silencio y el éxodo. Las letras catalanas vivieron en la clandestinidad, con autores que permanecieron en su tierra, como Riba, Foix y Joan Vinyoli, y otros exiliados, como Joan Sales, Pere Calders, Tisner, Ferrater Mora y Agustí Bartra.
En los años cincuenta surgió una nueva generación representada por Maria Aurèlia Capmany, Joan Espinàs, Manuel de Pedrolo, Joan Fuster, Jordi Sarsanedas, Joan Brossa, Salvador Espriu, Llorenç Villalonga y Mercè Rodoreda.
Más tarde, a partir de los años setenta y la Transición, los poetas Vicent Andrés Estellés, Miquel Marti i Pol y Gabriel Ferrater, los novísimos Pere Gimferrer, Félix de Azúa y Vázquez Montalbán, y los novelistas Joan Perucho, Terenci Moix, Pedrolo, Capmany, Miquel Àngel Riera, Baltasar Porcel y Joan F. Mira, Eduardo Mendoza, Félix de Azúa, Juan Marsé, Manuel Vázquez Montalbán, Montserrat Roig, Sergi Pámies, Albert Sánchez Piñol, Quim Monzó y Jesús Moncada, entre muchos otros, encarnaron varias de las generaciones más brillantes en el panorama literario catalán.
El teatro catalán
El teatro fue seguramente la principal víctima de la represión durante los primeros años del franquismo. Las representaciones públicas, prohibidas entre 1939 y 1946, se reiniciaron tímidamente después de la Segunda Guerra Mundial con Brossa, Espriu y Palau i Fabre. En los años setenta brilló el teatro independiente con la aparición de nuevos grupos de la talla de Comediants, Dagoll-Dagom, Teatre Lliure, La Fura dels Baus, Tricicle..., al tiempo que se daban a conocer jóvenes autores destinados a protagonizar el teatro catalán contemporáneo, como Josep M. Benet i Jornet, los hermanos Rodolf y Josep Lluís Sirera, Ramon Gomis, Guillem-Jordi Graells, además de Sergi Belbel, Lluís Anton Baulenas y Jordi Galceran, unos años después.

Français
English
Deutsch
Italiano
