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Arte y arquitectura

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Arte y arquitectura

El patrimonio de la España del Norte se ha ido enriqueciendo a lo largo de los siglos con espléndidas obras de arte: hermosas iglesias románicas, impresionantes catedrales góticas, exuberantes santuarios barrocos, magníficas casas solariegas y suntuosas pinturas y esculturas.


De la prehistoria a la conquista musulmana

Prehistoria

Manos aisladas o agrupadas, rojas y negras, frisos de caballos y de renos bicromos, ideogramas: estos motivos aparecen repartidos en las casi 80 cuevas pintadas de la zona. Los primeros vestigios de actividad artística en suelo español datan del Paleolítico Superior. Las cuevas de Altamira, en Cantabria, constituyen el testimonio más conocido de esta época. En ella se encuentra la famosa “sala de polícromos”: diecisiete bisontes, una cierva de gran tamaño, un caballo y diversos signos tectiformes. En Puente Viesgo, en la cueva de El Castillo, junto a Santander, se pueden contemplar 150 figuras zoomorfas y un centenar de manos. En el País Vasco se descubrieron figuras similares en las cuevas de Santimamine y Ekain (Deva); esta última contiene dos docenas de caballos que figuran entre las mejores representaciones de équidos del arte paleolítico (se ha construido una réplica para evitar el deterioro de la cueva original). Los hombres del Neolítico (7500 a 2500 a. C.) construyeron monumentos megalíticos, como los dólmenes de Mataporquera, en el sur de Cantabria.

El clima del holoceno y el calentamiento del territorio europeo, con los subsiguientes cambios de fauna y flora, modificaron los distintos modos de vida y las manifestaciones artísticas. Así surgió otra forma de arte prehistórico, los grabados o petroglifos de Galicia, figuras semi naturalistas o esquemáticas. Este arte, que apareció en la Edad del Bronce, perdurará hasta la llegada de los romanos.

La España romana (s. I a.C. al s. V d. C.)

Como en el resto del Imperio, los romanos trazaron vías de comunicación, construyeron puentes y acueductos y edificaron ciudades y monumentos: puente romano de Orense, termas de Gijón, muralla romana perfectamente conservada de Lugo. Sin embargo, la mayoría de los testimonios artísticos de esta época (monumentos, retratos, esculturas) no son representativos de un arte realmente “español”. Con el paso del tiempo, los artistas y los artesanos locales acabaron imitando el arte romano, lo reprodujeron con sus características y lo adaptaron localmente, dando lugar al arte hispanorromano. Entre el s. I a. C. y el IV d.C., se producen obras de arte privado, además del arte oficial, pero los motivos, los retratos y los dioses no se diferencian de los de los restantes países colonizados: los mosaicos, los frescos y el mobiliario de las villas son muy parecidos (como en Julióbriga, en Cantabria, y sobre todo en el Chao San Martín, en Asturias, donde incluso se han encontrado fragmentos de papel pintado). Por otra parte, la influencia romana en el norte de la península es bastante menor que en el resto de España y desaparece en el s. III, cuando el cristianismo impone a su vez su voluntad de acabar con la imagen antropomorfa de los dioses.

Los visigodos (ss. VI-VIII)

Los visigodos que llegan a España en el s. V son tribus nómadas sin tradición arquitectónica propia, de modo que la tradición paleocristiana, ya con influencias bizantinas y orientales, se extiende por toda la Bética romana hasta finales del s. VI. Para muchos autores, la proclamación del III Concilio de Toledo (589), que declara la unidad del reino, es el punto de partida de un nuevo tipo de arquitectura.

Los primeros edificios religiosos son de planta basilical clásica, ligeramente modificada, que evoluciona hacia la planta de cruz latina. Las naves están separadas mediante columnas o pilares que sustentan arcos de herradura. Las bóvedas también son de herradura y las naves presentan armaduras de madera. La ornamentación de los muros, impostas y capiteles refleja una clara influencia oriental, con más motivos geométricos que vegetales y escasas representaciones humanas. Casi todos los templos visigodos se modificaron posteriormente, de modo que de los edificios primitivos sólo se distinguen las plantas. Entre los monumentos mejor conservados, hay que mencionar la catedral de Santa Comba de Bande, al sur de Orense.

El arte visigodo destacó por su orfebrería, que alcanzó su máximo grado de perfección en el s. VII y produjo dos tipos de objetos: los litúrgicos (cruz procesional y objetos votivos como las célebres coronas) y los de uso personal (fíbulas, brazaletes, collares y colgantes), como los que se exponen en la Cámara Santa de la catedral de Oviedo.


Prerrománico y románico

El prerrománico asturiano

Durante los ss. VIII al X, el pequeño reino de Asturias es escenario de un arte cortesano muy evolucionado. A partir del mítico monarca Don Pelayo, que combatió la invasión musulmana en la Cordillera Cantábrica, surge un arte y una arquitectura originales que reciben el apoyo de Alfonso II el Casto, Ramiro Iy Alfonso III el Magno. La corte se establece en primer lugar en Cangas de Onís y construye sobre un dolmen la iglesia de Santa Cruz, de transición visigoda. Más tarde la capital del reino se traslada a Oviedo; las iglesias de San Salvador y Santa María del Naranco, San Julián de Los Prados y San Tirso constituyen magníficos exponentes de este arte. Inspirados en los santuarios del monte Naranco (Santa María de Naranco y San Miguel de Lillo), Santa Cristina de Lena y San Salvador de Valdediós presentan la misma estructura. Todas estas iglesias asturianas se caracterizan por sus líneas ascendentes e imitan de las basílicas latinas la planta rectangular con tres naves y nártex, las arquerías de medio punto para separar las naves y el crucero de gran tamaño que precede a una cabecera tripartita. La decoración interior recupera los frescos e importa de Oriente los motivos de los capiteles, de las jambas de las puertas (lacerías y juegos circenses en San Miguel de Lillo) y de los marcos de las ventanas.

El arte mozárabe

Recibe el nombre de mozárabe el arte de los cristianos que pasaron a vivir bajo dominación musulmana tras la invasión del año 711. Las iglesias se siguen inspirando en la tradición visigoda (arcos de herradura) pero se enriquecen con aportaciones árabes (cúpula nervada y modillones en forma de viruta).

Los manuscritos miniados son las primeras obras conocidas de la pintura medieval española. Fueron realizados en los ss. X y XI por monjes mozárabes e ilustran el Comentario sobre el Apocalipsis de san Juan, redactado en el s. VIII por el Beato de Liébana, de ahí el nombre de “Beatus” que reciben estos manuscritos con numerosos elementos musulmanes en su iconografía (arcos de herradura, vestimenta).

El románico

El noroeste de España se abre a las corrientes extranjeras durante el reinado de Sancho el Grande de Navarra (principios del s. XI) con la fundación de abadías cistercienses y la llegada de los franco-burgueses franceses (Estella, Sangüesa, Pamplona). En la misma época, la peregrinación de Compostela impulsa la construcción de numerosos monumentos religiosos en los que se afirman las influencias francesas. La catedral de Santiago es la obra maestra indiscutible de este estilo.

En el arte románico la escultura es protagonista. Los escultores de capiteles, siguiendo el ejemplo de su jefe de fila, el maestro de San Juan de la Peña, poseen un estilo cuyo simbolismo no debe ser interpretado como falta de habilidad, puesto que los artistas pretenden reflejar el alma en los rostros desproporcionados y en los ojos prominentes, al tiempo que el gesto de manos tendidas tiene un significado religioso.

A principios del s. XII, la reforma de la orden cisterciense basada en la austeridad provoca un cambio importante en el campo de la arquitectura y comienza un estilo de transición que anuncia ya el estilo gótico (bóvedas ojivales y ábsides cuadrados). Además, desaparece la prolija ornamentación románica. En Navarra, Asturias y Galicia se realizan magníficos trabajos de orfebrería con metales preciosos, sin parangón en toda Europa: relicarios, vasos, libros ilustrados, objetos litúrgicos, etc., imprescindibles para el prestigio del culto en el mundo cristiano.


Arte gótico (a partir del s. XIII)

Arquitectura

El gótico, que llega de Francia, tiene dificultades para penetrar en España, salvo en Navarra donde reinan las dinastías francesas desde 1234. En el s. XIII aparecen los primeros edificios auténticamente góticos. Los obispos de las grandes ciudades castellanas (León, Burgos, Toledo) contratan artistas extranjeros a los que encargan la construcción de sus catedrales.

Las primeras innovaciones del gótico en la España Atlántica se encuentran en la catedral de Santiago de Compostela y en la de Pamplona (Santa María).

Pintura

La pintura produce polípticos y retablos que llegan a medir más de 15 m de altura. Los “primitivos”, que suelen pintar sobre un fondo dorado, muestran influencias italiana (suavidad del modelado), francesa y flamenca (ricos tejidos con abundantes pliegues y realismo minucioso). No obstante, sus obras muestran un naturalismo expresivo y unos detalles anecdóticos que son típicamente españoles. Al tiempo que en los estados de la corona de Aragón, sobre todo en Cataluña, se desarrolla una intensa actividad artística, en la catedral de Pamplona se realiza una interesante decoración mural, en Navarra el pintor Pedro Diaz de Oviedo es autor de una importante producción, y Cantabria se rinde a flamencos como Roger Van der Weyden, que trabaja en Laredo.

Escultura

Al igual que la arquitectura, la escultura se estiliza. Los relieves son mayores que en el arte románico, las posturas tienen un aspecto más natural, los detalles son más minuciosos y la decoración se complica a lo largo del s. XV; los rostros se individualizan hasta el punto de que las figuras yacentes llegan a ser auténticos retratos. Todas las esculturas presentan doseletes calados sobre los personajes y frisos de complejo follaje alrededor de las puertas, en las cornisas y en los capiteles. La influencia francesa, evidente durante los ss. XIII y XIV, y la de los flamencos, que domina el s. XV, enriquecen este arte que, con el estilo isabelino, desembocará en una creación puramente española que tiene uno de sus máximos exponentes en la portada occidental de la iglesia de Santa María (Olite, Navarra).

Los primeros sepulcros son sarcófagos decorados con escudos de armas, a veces rematadas con una figura yacente convencional (con las manos juntas y rostro que refleja la serenidad del último sueño). Los retablos presentan un banco o predela, situado en la parte inferior, sobre el que se alzan los distintos paneles con doseles calados. Finalmente, la sillería del coro está decorada con escenas bíblicas e históricas o con delicadas tracerías.

Estilo isabelino

A finales del s. XV, durante el reinado de Isabel la Católica (1474-1504), la política de prestigio de la pareja real y de los grandes señores favorece la eclosión de un nuevo y exuberante estilo que va a cubrir las fachadas de los edificios civiles y religiosos con arcos de formas libres y flexibles, con encajes, con motivos heráldicos y con todas las fantasías nacidas de una imaginación fértil. Los monarcas construyen grandes hospitales en varias ciudades; uno de ellos, el de los Reyes Católicos de Santiago de Compostela, destinado a los pereginos del Camino, es hoy un parador.


Renacimiento (s. XVI)

En el s. XVI, durante los primeros años del Siglo de Oro, surge una fuerte corriente nacional que crea un estilo en el que la influencia italiana es objeto de una reinterpretación genuinamente española. El desarrollo económico va acompañado de una importante riqueza decorativa que se acenturará en el siglo siguiente, durante la época barroca.

Gracias a las riquezas procedentes del Nuevo Mundo, el XVI es un siglo de grandes construcciones. Los edificios renacentistas se caracterizan por la armonía y la simetría de sus distintos cuerpos, así como por la importancia de sus portadas labrados. Este estilo se utiliza por primera vez en 1526, en la capilla y la universidad del Espíritu Santo de Oñati, en Guipúzcoa. La iglesia de Elorrio es un excelente ejemplo de templo con planta de salón y tres naves de la misma altura que crean un espacio unificado de inspiración nórdica. Debido a la influencia castellana, en ocasiones la decoración labrada de las portadas es de estilo plateresco, que imita el trabajo de los orfebres.

Estilo plateresco

Este primer estilo renacentista recibió el nombre de platerescopor su decoración delicada y muy densa, que recuerda las obras de los plateros. Aunque muy parecido al estilo isabelino por la abundancia de esculturas, que cubren toda la fachada, toma de Italia el arco de medio punto y el repertorio ornamental (grutescos, follaje, pilastras, medallones y cornisas). El estilo renacentista de inspiración italiana adopta diversas formas del arte clásico (arcos de medio punto, columnas, entablamentos y frontones); la perfección arquitectónica es menos importante que la ornamentación.

Escultura

En el s. XVI se siguen haciendo muchos coros con sillería, mausoleos y retablos de alabastro o madera. Estos últimos se pintan con la técnica del estofado, es decir aplicando pan de oro antes que el color y rayando luego éste para crear reflejos dorados; los paneles esculpidos se enmarcan mediante arquitrabes y pilastras corintias.


Barroco (ss. XVII y XVIII)

El arte español alcanzó su apogeo a mediados del s. XVII. El barroco alcanzó un gran éxito y se extendió por todo el país, durante los ss. XVI al XVIII, como reacción frente a la austeridad de la Reforma.

Arquitectura

La remodelación arquitectónica de la catedral de Santiago fue realizada por Domingo de Andrade. A él debemos la torre del Reloj, cuya decoración a base de guirnaldas, frutas y trofeos militares es típicamente barroca. El triunfo ornamental de la catedral influirá en otros constructores y el barroco como arte popular se desarrolla en las demás regiones con distintas particularidades. En Galicia, como la dureza del granito no permite la realización de esculturas delicadas, el espíritu barroco se traduce en líneas muy acusadas y molduras; una vez más, el mejor ejemplo es Santiago, concretamente la fachada del Obradoiro (1750), obra maestra de Fernando de Casas y Novoa.

En otras zonas este estilo es más sobrio pero imponente, como en la iglesia de Segura (Guipúzcoa), o con una ornamentación esculpida muy abundante (como la antigua catedral de Santa María, en San Sebastián). El barroco dejó una obra grandiosa en Guipúzcoa: el santuario de Loyola en honor de san Ignacio, fundador de la Compañía de Jesús. En este proyecto del italiano Carlo Fontana (1634-1714), discípulo de Bernini, la influencia romana se pone de manifiesto en la espectacular cúpula de 65 m de altura y en el majestuoso pórtico de acceso.

Los retablos, que aparecen en los últimos años de la época gótica (retablo flamenco de Lekeitio, en Vizcaya), adquieren una importancia considerable a partir de la Contrarreforma porque representan elementos didácticos y de exaltación de la fe católica. Reafirman los dogmas de la Trinidad, la Encarnación y la Resurrección y veneran a la Virgen y los santos en torno al tabernáculo eucarístico. Así, los retablos llenos de dorados se convierten en símbolos de la riqueza de una parroquia o de una ciudad mientras los escultores rivalizan en ingenio para crear distintas alturas o registros, múltiples hojas, naves y altares laterales. Además de los documentos escritos, el estudio de los estilos de las figuras, los detalles de la vestimenta, la presencia o ausencia de elementos profanos, permiten fechar estas obras y reconocer la marca de un escultor o de una dinastía de escultores.

En todas las provincias del noroeste, casi todas las iglesias poseen magníficos retablos, algunos del s. XVI como en Oñati (Guipúzcoa), la mayor parte del s. XVII y del s. XVIII.


Neogótico y neoclásico (s. XIX)

La admiración por la Edad Media, así como la recuperación y el redescubrimiento de las grandes catedrales, influyen en las nuevas construcciones religiosas porque el estilo gótico se presenta como el más adecuado para la expresión de la fe, de acuerdo con la corriente artística en boga.

Hablando de edificios neogóticos hay que citar las ciudades de San Sebastián y Vitoria-Gasteiz, donde se construyen nuevas catedrales de este estilo.

A principios del s. XIX la arquitectura urbana se desmarca completamente de la arquitectura rural. Los edificios municipales importantes se construyen en estilo neoclásico, el estilo oficial que se pone de moda en los años 1800-1840. Pórticos, frontones, columnatas y arquerías abundan en las grandes ciudades: en Vizcaya, la Casa de Juntas de Guernica y los ayuntamientos de Bilbao y Orduña; en Vitoria, el palacio de la Diputación.

En Vitoria y en Bilbao, las plazas nuevas son majestuosos cuadriláteros casi cerrados. En San Sebastián, la plaza de la Constitución está enmarcada por una red de calles en forma de retícula porque la ciudad se reconstruyó después de las destrucciones de principios del s. XIX. Asimismo, los ensanches de Pamplona, Vitoria y San Sebastián también son de planta reticular.


El arte en el s. XX

La parálisis general que experimentaron las artes españolas a finales del s. XIX finalizó gracias a un amplio movimiento cultural, el modernismo, que tuvo mucho éxito en el campo de la arquitectura. En el norte destacan algunas realizaciones, encargos del marqués de Comillas, que regaló a esta pequeña ciudad costera varias obras de las que hoy se siente orgullosa. Otros éxitos modernistas del País Vasco son el Club Náutico de San Sebastián (Aizpurúa, 1929) y las construcciones de Victor Eusa en Pamplona.

El arte español de la primera mitad del s. XX refleja una paradoja sorprendente, ya que los artistas liberales que no quieren verse paralizados, apartados de los grandes circuitos culturales y sometidos a los dictados de la dictadura, no tienen más remedio que emigrar. La pintura de este periodo es fecunda y variada, pero muchos artistas como Picasso, el cántabro Francisco Iturrino y la santanderina María Blanchard viven en París. Todos los artistas emigrados durante esta época desempeñarán un destacado papel en la modernización artística de la península.

El arte de la posguerra

La Guerra Civil afecta al arte español por dos razones fundamentales; por una parte el exilio de varios artistas representa una pérdida cultural; por otra, a nivel oficial se produce un movimiento caracterizado por la monumentalidad.

La arquitectura ilustra claramente este hecho puesto que opta por el gigantismo para exaltar el espíritu de la victoria. Como ejemplo de la monumentalidad franquista podemos citar la Universidad Laboral de Gijón (1946-1956), uno de los edificios más ambiciosos de la época. Se multiplican los encargos oficiales para decorar plazas y monumentos (bustos, estatuas ecuestres del Caudillo, aparición de esculturas alegóricas y relieves dedicados a la victoria, al trabajo y al nuevo ideal de belleza).

Sin embargo en los años 1950 surgen dos grupos artísticos de características diferentes pero con un objetivo común, la innovación artística. Se trata de “El Paso”, creado en Madrid por Antonio Saura, Manuel Millares, Rafael Canogar, Luis Feito, Manuel Viola y Martín Chirino, representantes de la llamada pintura de acción, y del “Equipo 57” fundado en Cuenca por Duart, el vasco Ibarrola, Serrano y Duarte, artistas más interesados por el dibujo. En este movimiento informal se inscriben los escultores Eduardo Chillida, que despoja de elementos figurativos sus obras de hierro o madera, Jorge Oteiza y Andreu Alfaro.


Arquitectura contemporánea

Con la llegada de la democracia se vive una explosión creadora y un deseo de cambio que inspiran una serie de edificios contemporáneos muy originales. Por ejemplo, en A Coruña, el Museo de Bellas Artes y el Museo de Arte Contemporáneo, construidos en 1986; en Gijón, la moderna Torre del Reloj, edificada en 1989 en el barrio histórico; en Santander, el Teatro de Festivales, de 1984, que destaca por su insolente modernidad. Vizcaya también es escenario de esta arquitectura ultramoderna, sobre todo porque desde los años 1980 el Gobierno Vasco está desarrollando una ambiciosa política urbanística y arquitectónica. El símbolo más conocido de esta apuesta por la renovación es el emblemático edificio del Museo Guggenheim de Bilbao. Desde 1997, esta obra del arquitecto Frank Gehry ha situado a Bilbao en los grandes circuitos turísticos internacionales. También en Bilbao, hay que citar el metro de Sir Norman Foster; el aeropuerto de Sondika, de Santiago Calatrava, y el Palacio Euskalduna, de Federico Soriano y Dolores Palacios, que evoca los antiguos astilleros. En Vitoria-Gasteiz, la capital política, se han construido el Palacio de Justicia, la sede del Gobierno y el Artium, un museo de arte moderno. En San Sebastián, los dos cubos de cristal translúcido del centro cultural del Kursaal, del arquitecto Rafael Moneo, y el nuevo paseo marítimo en el que se sitúan han transformado el antiguo ensanche de Gros. Tampoco podemos olvidar los proyectos urbanísticos del escultor Eduardo Chillida y el arquitecto Luis Peña Ganchegui (Peine de los Vientos en San Sebastián y plaza de los Fueros en Vitoria).

Por su parte, Navarra ha realizado varias construcciones o rehabilitaciones de gran audacia, como el Museo de Navarra, la Fundación Oteiza y las sedes de diversas empresas industriales.

En la prestigiosa Rioja alavesa los arquitectos Gehry, Calatrava y Philippe Mazières han proyectado otras tantas bodegas.


Arquitectura tradicional

La casa vasca

Caseríos

La casa del labriego aislada y que destaca sobre un fondo de vegetación es característica del País Vasco. Este tipo de vivienda, con tejado poco inclinado y mucho alero, puede construirse en piedra o con entramado de madera marrón o rojo.

Casas fortificadas

Entre las más típicas hay que citar las casas-torre. Son construcciones imponentes, que a menudo se alzan como centinelas en el centro de los valles. Datan de la época en que los habitantes de los valles se enfrentaban en luchas fratricidas (ss. XIII al XV) y servían de refugio. Muchas de ellas presentan un blasón en la fachada.

Los “palacios”

En el sur del País Vasco, los palacios se construyeron entre los ss. XV y XVIII, en muchas ocasiones sobre casas-torre anteriores. Los palacios perdieron progresivamente su aspecto militar hasta convertirse en agradables residencias que conceden mayor importancia a la decoración exterior. Las torres defensivas situadas en las esquinas de las construcciones militares pasaron a ser pináculos decorativos.

Hórreos asturianos y gallegos

El hórreo es un granero hecho de piedra o madera que se alza sobre pilares, los llamados pegollos, para evitar la entrada de roedores. En la práctica, además de grano se almacenaba todo tipo de alimentos.

Su origen se remonta a la época romana (horreum), pero son típicos del norte de España. Los hórreosgallegos son de planta rectangular, mientras que los deAsturias y Cantabria son de planta cuadrada.

En Asturias hay varios tipos de hórreos, que presentan diferentes materiales en la cubierta (madera, bálago, pizarra, etc.) o los pilares, así como distintos elementos decorativos. Los más antiguos de cuantos quedan en pie datan del s. XV y se calcula que en Asturias hay cerca de 18.000 hórreos en pie. Actualmente los hórreos forman parte del patrimonio turístico y rural de Asturias y Cantabria; en muchos de ellos se ven ristras de mazorcas como en el pasado. En Galicia, el hórreo de mayor tamaño es un auténtico monumento situado en el municipio de Carnota; su longitud es de 35 metros.

El pazo gallego

Los pazos son mansiones que salpican los paisajes de Galicia. La palabra pazo procede sin duda del término latino “palatium”, aunque este concepto no se acuña hasta los ss. XVIII y XIX. A pesar de todo, las primeras construcciones de este tipo se fechan en torno al año 1500.

Sus características nos remiten a varios modelos. Desde el punto de vista arquitectónico, el pazo es en cierto modo heredero de las villas romanas, así como de las fortalezas y los palacios urbanos de la época medieval. También posee elementos de las construcciones rurales y religiosas, de las mansiones renacentistas italianas y de los palacios barrocos. A pesar de su aspecto señorial, este tipo de arquitectura tradicional es muy diferente de la que presentan las mansiones urbanas, tanto por sus grandes dimensiones, adaptadas a la vida agrícola, como por la austeridad de sus materiales. La mayoría de los edificios cuentan con vivienda, capilla y diversas dependencias. La capilla suele estar muy decorada para mostrar la importancia de la religión en la vida de los propietarios. Las dependencias secundarias están destinadas a la cría de animales y al cultivo del campo. A principios del s. XVI, la relativa estabilidad política favoreció el desplazamiento de la nobleza de provincias a las ciudades. A partir de ese momento el pazo se convirtió en escenario de la vida señorial en el campo. En el s. XIX pasó a ser una casa de veraneo.

Las casonas indianas

En Asturias se da el nombre de “indianos” a los emigrantes que a finales del s. XIX y principios del XX partieron a hacer las Américas (Cuba, México y Chile principalmente) y regresaron inmensamente ricos. Ya en su tierra, construyeron mansiones en grandes propiedades.

El dinero de los nuevos ricos atrajo a los mejores arquitectos, como los santanderinos Casimiro Pérez de la Riva y Valentín Lavín Casalís o el francés Edouard Brudard. Los muebles, objetos y pinturas se importaban de París y de Londres.

El estilo indiano se caracteriza por su lujo y ostentación, como puede apreciarse en el Museo de la Emigración de Colombres (Asturias), instalado en la magnífica Quinta Guadalupe, construida en 1906 por Íñigo Noriega Laso, un habitante de la localidad que hizo fortuna en México. Cada uno de estos edificios reúne una increíble variedad de tendencias y gustos diferentes. Hasta finales del s. XIX, los indianos se limitaban a rehabilitar sus casas o a construir palacios de estilo neoclásico de tipo francés o inglés, pero poco a poco se introdujeron mezclas “gótico-exóticas” que crearon un estilo absolutamente original. El indiano no podía olvidar las grandes explotaciones coloniales en las que había trabajado y decidió emplear nuevos materiales (hierro, hormigón y estuco) y técnicas innovadoras. Así se construyeron extravagantes palacios barrocos decorados con torres, galerías y balcones.

Los que no abandonaron el continente imitaron estas construcciones pero con una serie de adaptaciones que dieron lugar al estilo regionalista cántabro; uno de sus máximos artífices fue Leonardo Rucabado, autor de la Biblioteca y Casa-Museo Menéndez Pelayo, de Santander. La Guerra Civil y la crisis económica pusieron fin a estas empresas arquitectónicas experimentales y grandilocuentes para dar paso a un estilo más discreto, moderno y funcional.


Léxico de arquitectura

Ábside: parte de la cabecera de una iglesia en la prolongación de su capilla mayor. Puede ser semicircular, poligonal o de herradura.

Absidiolos: pequeños ábsides que se abren de forma radial en la girola de una iglesia.

Aguja: chapitel apuntado que remata una torre; puede ser cónico o piramidal.

Alfarje: techumbre plana de madera tallada y decorada.

Almohadillado: muro con los sillares biselados o rehundidos.

Arabesco: decoración con complejos dibujos geométricos.

Arquivolta: cada una de las molduras concéntricas que forman la cara externa de un arco abocinado.

Artesonado: techo de madera en forma de artesa invertida y decorado con artesones o casetones.

Atalaya: torre de vigilancia.

Ataurique: decoración vegetal, característica del arte árabe, inspirada en las hojas de acanto; muy estilizada.

Barbacana: pequeña fortaleza adelantada para defender puentes o ciudades.

Bóveda estrellada: bóveda de crucería que, además de los arcos cruceros, está formada por otros terceletes.

Cabecera: la parte más noble del templo cristiano, en la que se encuentra la capilla mayor.

Camarín: capilla pequeña situada en el primer piso, detrás del altar en la que se venera generalmente una imagen de la Virgen lujosamente vestida.

Cañoneras: en las murallas, huecos existentes entre los merlones destinados a la artillería.

Capilla mayor: capilla situada en el eje de la nave principal; en ella se encuentra el altar mayor.

Churrigueresco: estilo arquitectónico que toma el nombre de los Churriguera, familia de arquitectos del s. XVIII. Barroco muy recargado.

Clave de bóveda: pieza colocada en la intersección de varios arcos; suele estar decorada.

Columna salomónica: columna de desarrollo helicoidal.

Coracha: muro que une una barbacana o una torre con el recinto fortificado principal.

Coro: parte de la iglesia reservada al clero. En las catedrales españolas se sitúa generalmente en la parte central de la nave principal ; también puede situarse a los pies, en un piso superior.

Crismón: anagrama formado por las dos primeras letras de Cristo en griego (X y P).

Crucero: nave transversal que cruza la nave mayor; también espacio en el que se cruzan ambas naves.

Cuerda seca: técnica cerámica en la que los colores se presentan puros y yuxtapuestos, con un fino trazo de separación.

Enjutas: todo arco está inscrito en un rectángulo imaginario ; los dos triángulos con un lado curvo que quedan entre el arco y el rectángulo imaginario son las enjutas o albanegas.

Estípite: soporte con su base menor en la parte inferior (tronco de pirámide invertido).

Flamígero: estilo decorativo de la última época gótica (s. XV); es recargado, complejo y muy dinámico.

Follaje: motivo decorativo constituido por elementos vegetales; suele utilizarse en los frisos.

Geminados: vanos, ventanas o columnas unidos de dos en dos.

Girola: prolongación de las naves laterales de una iglesia rodeando la capilla mayor.

Grutesco: decoración típica del Renacimiento que combina elementos vegetales, seres fantásticos y animales enlazados formando un todo.

Hastial: parte superior triangular de la fachada de un edificio en la que descansan las dos vertientes de la cubierta.

Linterna: cuerpo que se alza en lo alto de una cúpula para que entre la luz del exterior.

Mainel: también llamado parteluz; elemento vertical que divide un vano o una ventana.

Matacán: parapeto en voladizo de un castillo, sostenido por ménsulas.

Misericordia: pequeña repisa que se ve cuando están levantados los asientos de la sillería de un coro, y que sirve para que los monjes puedan apoyarse pero den la imagen de que están de pie.

Modillón: pieza salediza destinada a sostener una cornisa, el arranque de un arco, etc.

Mozárabe: cristiano que vive en territorio musulmán antes de la Reconquista.

Mudéjar: musulmán que vive en territorio cristiano después de la Reconquista.

Pechina: cada uno de los triángulos curvilíneos sobre los que se sustenta una cúpula. Sirven para pasar de la planta cuadrada a la planta circular.

Presbiterio: espacio que circunda el altar mayor y que está separado de la nave por unas gradas o un cancel.

Retablo mayor: las iglesias barrocas suelen estar decoradas con un retablo monumental llamado “retablo mayor”, que suele alzarse hasta la bóveda. Está situado detrás del altar mayor.

Tambor: elemento arquitectónico cilíndrico o poligonal sobre el que se eleva una cúpula. Cada una de las piezas cilíndricas que forman el fuste de una columna (cuando no es monolítica).

Tímpano: superficie interior de un frontón. Espacio generalmente decorado, delimitado por las arquivoltas y el dintel en las portadas de las iglesias.

Trasaltar: cara del muro situado detrás del altar mayor en la girola.

Trascoro: separación situada entre el coro y la nave vista desde la nave.

Tríptico: obra pictórica o escultórica compuesta por tres paneles articulados que pueden cerrarse.

Trompas: bovedillas semicónicas con el vértice hacia abajo que sirven para transformar una planta cuadrada en octogonal y sustentar así una cúpula.

Venera: elemento decorativo en forma de concha; debe su nombre a su relación mitológica con Venus.

Yesería: decoración esculpida en yeso; característica de la arquitectura árabe.