España atlántica
España atlántica : qué ver, qué hacer
España atlántica : organiza tu estancia
España atlántica :
¿Dónde ir?
¿Dónde dormir?
Mejores planes hoteles España atlántica
-
RELAIS DU SILENCE SAIAZ GETARIA desde88.00 €
Reservar -
RELAIS DU SILENCE IRIARTE JAUREGIA desde85.00 €
Reservar -
Hostería Miguel Angel desde30 €
Reservar
Geografía
Geografía
El noroeste de España presenta innumerables atractivos naturales: un litoral escarpado y playas rocosas, calas escondidas y acantilados abruptos; un relieve accidentado con altas cumbres de más de 2.500 m y magníficos valles. En este territorio montañoso, sometido a diversas influencias climáticas y donde el mar siempre está cerca, los hombres se instalaron hace muchos milenios y modelaron su entorno hasta convertirlo en un fantástico mosaico de ecosistemas.
La España Atlántica
Esta región, que también recibe el nombre de España Verde, está constituida por las comunidades costeras (País Vasco, Cantabria, Asturias y Galicia), que se extienden desde los Pirineos hasta el extremo más occidental, y por comunidades situadas en la otra vertiente de la Cordillera Cantábrica: Navarra, La Rioja y el norte de Castilla y León.
Una zona bisagra
Azotados por las olas del Atlántico y atravesados por una serie de macizos montañosos (eje cántabro-pirenaico), Navarra y el País Vasco constituyen una auténtica bisagra entre la Europa continental y la Península Ibérica. Las cordilleras orientadas en sentido este-oeste dividen las aguas a lo largo del eje Gorbea-Irati. La vertiente norte (Vizcaya, norte de Álava, Guipúzcoa y norte de Navarra), cuyas aguas desembocan en el Atlántico, se caracteriza por su clima oceánico, suave y lluvioso: es la llamada vertiente atlántica, húmeda y muy verde. En el lado opuesto los ríos desembocan en el Mediterráneo a través del curso majestuoso del Ebro. En esta vertiente sur, seca y de color ocre en verano, reina el clima mediterráneo. En sólo 150 km se pasa de los paisajes de alta montaña a extensiones subdesérticas.
Un viñedo famoso
La Rioja, la Comunidad Autónoma de menor tamaño, forma parte de la cuenca del Ebro y prolonga los paisajes de la ribera navarra con sus ricas tierras de cultivo. Es famosa por sus célebres viñedos de La Rioja Alta, en torno a Haro, que producen unos vinos de gran calidad conocidos en todo el mundo.
La Suiza marítima
Las regiones de Cantabria y Asturias recuerdan la Suiza marítima. La cadena montañosa, que surgió en el terciario y que constituye un factor de homogeneidad entre estas provincias costeras, bordea el norte de la Meseta. La Cordillera Cantábrica forma una imponente barrera que ha hecho que la provincia de Cantabria también sea conocida como “La Montaña”. En los Picos de Europa, a menos de 50 km del mar, dicha barrera supera los 2.500 m.
Una costa recortada
Desde el País Vasco hasta Asturias las montañas se sumergen directamente en el océano. En general presentan el aspecto de acantilados que se alzan sobre las aguas como seculares testigos de la violencia de los elementos cuando surgieron las montañas. Están sometidos a los ataques incesantes del mar y a espectaculares fenómenos de erosión. Los estuarios fueron las primeras zonas habitadas por el hombre.
En Galicia, las famosas rías, brazos de mar que se adentran en el continente, han esculpido el litoral de diversas maneras. En su origen algunas se vieron favorecidas por la existencia de una intensa red de fracturas que facilitó la penetración del mar, como en el caso de las Rías Bajas; otras son la parte inferior de antiguos valles fluviales inundados, como Ortigueira, Ribadeo, Foz y El Ferrol, en las Rías Altas; finalmente, otras como la ría de Arousa (Rías Bajas), son antiguas fosas tectónicas. Todas ofrecen paisajes muy diversos. El granito y las rocas de esquistos adquieren unas tonalidades muy especiales en las rías.
La huella del hombre
Actualmente el noroeste es una región de montañas interrumpidas por valles agrícolas más o menos anchos, con ciudades y complejos industriales encajados en las zonas bajas. Las primeras huellas de la presencia humana se remontan a tiempos muy lejanos, aunque los paísajes actuales son el resultado de la actuación de una civilización de agricultores y ganaderos que se establecieron aquí en el neolítico, es decir hace unos 4.000 años. Las cumbres de las montañas están desnudas como consecuencia de la acción del fuego y de las necesidades de los rebaños.
La industria minera y metalúrgica, muy antigua (más de 2.000 años) como atestiguan las minas de Aiako Harriak (Guipúzcoa), provocó una intensa deforestación debido a la fabricación del carbón. A principios del s. XIX, la explotación masiva del mineral de Vizcaya, Cantabria y Asturias activó el proceso de industrialización y dejó su huella indeleble en algunas rías, como la de Bilbao.
La extracción de carbón en Asturias comenzó en 1828, al mismo tiempo que la extracción de hierro cerca de Santander. En el s. XIX algunas compañías extranjeras se interesaron por estos recursos, sobre todo cerca de puertos como Gijón y Santander. El trazado de carreteras hacia Castilla favoreció el desarrollo industrial a partir de 1753. Siglos de historia, de tierras cultivadas, de utilización de los recursos del mar y de la tierra, de construcción de aldeas, pueblos y ciudades en la franja marítima o a lo largo de los grandes ejes de comunicación modificaron progresivamente el paisaje.
Clima
Esta región presenta un clima claramente oceánico, suave y húmedo, donde la bruma se convierte con frecuencia en llovizna con temperaturas moderadas de escasa amplitud y lluvias abundantes. En toda la cornisa los veranos son más bien frescos y con lluvias relativamente frecuentes. Las temperaturas máximas permanecen en torno a los 22-23°C durante todo el verano y sólo en raras ocasiones alcanzan los 30°C. La temperatura del agua se sitúa alrededor de los 19-20°C en el mes de agosto. Las brisas del sector norte contribuyen a crear una sensación de frescor. Además, el verano es época de brumas. El principio del otoño sigue siendo suave pero las lluvias arrecian. Aunque en septiembre los termómetros llegan a los 20°C, las temperaturas no superan los 15°C durante los días más cálidos del mes de noviembre, que es el mes más seco en el Cantábrico. En invierno puede llover un día de cada dos. Por el contrario, las temperaturas son suaves (de 12 a 13°C de media) y las heladas, escasas. Las precipitaciones empiezan a reducirse en el mes de mayo.
Fauna y flora
En rocas, playas y acantilados
Las zonas batidas por las olas, en particular las rocas, albergan crustáceos (camarones, cangrejos, etc.) e invertebrados (lapas, erizos de mar, mejillones, estrellas de mar, etc.) y constituyen un ecosistema importante. Por su parte, en las playas de arenay en las zonas húmedas de los estuarios viven especies cavadoras como algunos anélidos (llamados normalmente “gusanos de lodo”) y bivalvos como berberechos, y coquinas. Debido a la abundancia de acantilados, hay pocas colonias de aves marinas, a pesar de que gozan de la tranquilidad necesaria para reproducirse. Hay pequeñas colonias de cormoranes moñudos y un gran número de gaviotas plateadas. Las islas Cíes, en Galicia, acogen la mayor colonia de gaviotas de la zona, con cerca de 22.000 parejas reproductoras.
En la parte superior de los acantilados, fuera del alcance de las olas, reinan las praderas y las landas de brezos en las que crecen algunos arbustos. En el País Vasco hay incluso algunas especies mediterráneas y tropicales como madroños, tamarindos y romerillos. Las dunas han desaparecido casi por completo debido a la excesiva urbanización de algunas costas, aunque todavía quedan algunos vestigos, sobre todo cerca de Santander, en Liencres,y en las islas atlánticas de Galicia, donde los pinos y los eucaliptos salpican los paisajes dominados por el tojo y la aliaga.
En las montañas
El Parque Nacional de los Picos de Europa es el más emblemático por su gran tamaño (64.660 ha) y la gran diversidad de sus hábitats. La fauna es muy abundante y cuenta con distintos ecosistemas: prados de altura, cimas rocosas, praderas, densos bosques, cuevas, lagos y gargantas. El señor de la alta montaña en las laderas cubiertas de pastizales es el rebeco cantábrico, un bóvido convertido en símbolo de la zona. Aunque llegó a estar en peligro de extinción, actualmente su población supera los 6.000 ejemplares. En la alta, media y baja montaña viven chovas piquigualdas y piquirrojas, cuervos y cornejas, además de merlos, acentores, alondras, arrendajos, autillos, chochines, currucas y estorninos. Entre las aves de gran tamaño hay que citar la espléndida águila real y los buitres leonados, especie protegida en la Foz de Arbayún (Navarra). Les acompañan los alimoches, las águilas culebreras e incluso algunos ejemplares de águilas perdiceras. El gran urogallo cantábrico se refugia en los bosques en compañía de pitos negros, perdices, corzos, ciervos, jabalíes, liebres, zorros, gatos salvajes y ginetas. Los osos, que hacen incursiones desde el sector oriental de la cordillera, y los lobos, último eslabón de la cadena alimentaria, también viven en el parque. Los huéspedes de los ríos son la nutria, el martín pescador de Europa, el salmón atlántico y la trucha.
Bosques y praderas
Entre el nivel del mar y los 2.500 metros de algunas cumbres viven más de 700 especies de plantas. En las cimas más altas no hay árboles. La flora aparece entre los 2.000 y los 1.600 metros. Las praderas están cubiertas de enebros enanos y las plantas de hojas suculentas luchan por sobrevivir en los huecos de las rocas. Más abajo, entre los 500 y los 1.500 metros, comienza la vegetación arbórea: abedules de pequeño tamaño, robles y castaños en los suelos ácidos (los más pobres). En los suelos más ricos las hayas dominan el paisaje, junto a nogales y alisos. Por debajo de los 500 metros aumenta la riqueza del suelo y el paisaje presenta un aspecto muy variado, con innumerables bosques y sotobosques húmedos poblados de helechos.

Français
English
Deutsch
Italiano
