MICHELIN Viajes descubra el mundo con LaGuíaVerde
Inicio > Mundo > Europa > Francia > Guía de Viaje Costa Azul y Monaco > Historia y cultura > El Arte en la Costa Azul Costa Azul y Monaco

Costa Azul y Monaco

Costa Azul y Monaco : qué ver, qué hacer

Costa Azul y Monaco : organiza tu estancia

¿Dónde dormir?

Ver los 982 Hoteles Costa Azul y Monaco

El Arte en la Costa Azul

Aumentar el mapa

El Arte en la Costa Azul

En comparación con la Provenza occidental, rica en monumentos de todo tipo, la Costa Azul tiene mucho menos que ofrecer. Sin embargo, a lo largo del litoral se suceden las manifestaciones artísticas más antiguas junto a las más modernas. Hasta el s. XIX el arte local se caracterizó por su espíritu profundamente conservador, de modo que mientras el románico y el gótico triunfaban en todo el territorio francés, esta zona de la costa se mantuvo al margen de la evolución.


Arquitectura

Antigüedad galorromana – Durante la época romana, Provenza, y en particular la Costa Azul, fue un área de intensa actividad. Desgraciadamente, el legado de aquella época de esplendor es bastante escaso porque los sucesivos pobladores de la zona expoliaron los edificios romanos para construir nuevas obras con sus materiales.

A pesar de todo, en las comarcas de Fayence, Fréjus y St-Raphaël todavía se utilizan las antiguas canalizaciones de agua; Cimiez (ver Niza) conserva importantes ruinas romanas mientras que Fréjus posee un anfiteatro y numerosos vestigios del antiguo puerto. El llamado Trofeo de los Alpes, que Augusto erigió en La Turbie, reviste gran interés puesto que es uno de los pocos monumentos de este tipo que han llegado hasta nosotros.

De los periodos merovingio y carolingio subsisten varios edificios, como el baptisterio de Fréjus, la capilla de Notre-Dame-de-Pépiole y la Trinité de St-Honorat de Lérins.

Época románica – Durante el s. XII Provenza vivió un periodo de esplendor arquitectónico que se tradujo en la construcción de numerosas iglesias. El románico de esta región, mucho más ecléctico que innovador, produjo edificios de menor tamaño que los de Borgoña. Sin embargo, a pesar de su modestia, todas ellas presentan un bonito aparejo de piedra regulares, talladas y unidas entre sí mediante una delgada capa de argamasa.

En el exterior la sobriedad es la nota dominante y las fachadas suelen ser pobres. Sólo robustos contrafuertes rompen la monotonía de los muros laterales. Los campanarios de base cuadrada y las cabeceras de las iglesias aparecen decorados a base de arquerías ciegas, conocidas como bandas lombardas, que atestiguan la influencia del N de Italia.

El interior, que sorprende por su sencillez y austeridad, consta generalmente de una sola nave y de un crucero de brazos cortos. Cuando hay naves laterales, el ábside termina en un semicírculo enmarcado por dos absidiolos.

En el interesante monasterio cisterciense de Le Thoronet, la iglesia destaca por su ancho crucero y la ausencia de decoración, características propias de los edificios benedictinos. Por el contrario, la bóveda de cañón ligeramente apuntada y el ábside semicircular denotan influencias locales.

Del gótico al barroco – La presencia del arte gótico en la región es más bien escasa. El gótico provenzal es un estilo de transición que permanece profundamente ligado a las tradiciones del románico, como muestran las bóvedas de robustas ojivas de Fréjus (magnífico claustro) y Grasse.

A finales del s. XV el rey René contrató a numerosos artistas italianos para trabajar en Provenza. Curiosamente, al contrario de lo que ocurrió con la pintura provenzal, el Renacimiento apenas influyó en la arquitectura.

La situación cambió durante los ss. XVII y XVIII, época en la que se construyeron muchos monumentos neoclásicos. La arquitectura perdió sus características originales y se hizo más severa y majestuosa. En las ciudades los nobles y los ricos se construyeron grandes mansiones. El arte barroco se puede ver en muchos edificios religiosos del condado de Niza: Sospel, Menton, Mónaco, La Turbie y Niza. En todos ellos las fachadas aparecen decoradas con frontones, nichos y estatuas. En el interior destaca la profusión de elementos decorativos, como retablos, artesonados y baldaquinos de gran belleza.

Época moderna: el triunfo del eclecticismo – En el s. XIX el barroco sigue presente, tanto en los edificios de nueva planta como en los antiguos que se restauran. En 1835 lord Brougham, un promotor que impulsó el desarrollo turístico de Cannes, puso de moda el eclecticismo exótico con la construcción del Château Éléonore. La iglesia de Notre-Dame-de-la-Victoire-de-Lépante, en St-Raphaël, es de estilo románico-bizantino; la fachada occidental de la iglesia de Cimiez es neogótica, mientras que la catedral de Mónaco es neorrománica. Algo posteriores, el Casino de Montecarlo y el Hotel Negresco de Niza se caracterizan por su estilo ostentoso que adoptaría el nombre de Belle Époque.

Entre los mejores ejemplos de la arquitectura del s. XX se encuentran la iglesia de Ste-Jeanne-d’Arc de Niza, la iglesia parroquial de St-Martin-de-Peille y la capilla Matisse de Vence. En el campo de la arquitectura moderna destacan la Fundación Maeght de St-Paul, el Museo Marc-Chagall de Niza y los complejos turísticos de Marina-Baie des Anges (Villeneuve-Loubet) y de Port-Grimaud.


Pintura

Los primitivos – Desde mediados del s. XV hasta mediados del s. XVI, el condado de Niza contó con una floreciente escuela de pintura que fue puramente gótica en sus inicios y que, más tarde, se inspiró en el Renacimiento italiano. Entre sus miembros más destacados hay que citar a Louis Bréa y a Durandi. Louis Bréa, conocido como “el Fra Angelico provenzal”, sobresalió por la inocente sinceridad, la sobriedad y la humanidad que supo imprimir a sus figuras. Sin embargo hay que decir que su sencillez está muy alejada del misticismo de Fra Angelico y que sus colores, de tonalidades sombrías, carecen de la pureza que mostraron en sus obras los grandes maestros italianos. Los miembros de esta escuela pintaron sobre todo por encargo de las cofradías de penitentes, de modo que sus cuadros se encuentran diseminados por múltiples iglesias y ermitas. Se pueden ver en Niza (donde el hermano de Louis, Antoine, y su sobrino François tienen obra), Gréolières, Antibes, Fréjus, Grasse, Mónaco, etc.

En esta misma época, las humildes ermitas del condado de Niza se decoraron con pinturas murales de un vigor extraordinario. Se encuentran en Venanson, Lucéram, Coaraze, Saorge y sobre todo en Notre-Dame-des-Fontaines, donde los primitivos renacentistas Giovanni Canavesio y Jean Baleison dejaron una obra de excepcional calidad.

Neoclasicismo – Durante los ss. XVII y XVIII, pintores como Parrocel, Van Loo, Joseph Vernet, Hubert Robert y sobre todo Fragonard, orgullo de la región, realizaron obras pictóricas de gran belleza. Los temas más habituales eran las escenas libertinas, que Fragonard pintó con un estilo exquisito. Sus fiestas galantes tienen como telón de fondo paisajes con impresionantes efectos de luz y jardines llenos de flores inspirados en los alrededores de Grasse, su ciudad natal.

Pintura moderna – Desde finales del s. XIX, innumerables artistas, representantes de las corrientes más importantes de la pintura moderna, se sintieron fascinados por la luz del Midi.

Impresionismo – Los impresionistas representaron los sutiles efectos de la luz en los paisajes mediterráneos. Berthe Morisot se instaló en Niza, Monet en Antibes y Renoir pasó los últimos años de su vida en Cagnes, donde pintó incansablemente flores, frutas, paisajes y personajes meridionales.

El impresionismo dio origen a un nuevo estilo llamado puntillismo cuyo precursor fue Seurat. La técnica puntillista consiste en descomponer los colores en pequeñas manchas de color puro para aumentar la intensidad de la luz.

Paul Signac, discípulo de Seurat, se estableció en St-Tropez en 1898 y muchos de sus amigos, como Manguin, Bonnard y Matisse, siguieron su ejemplo poco después.

Fauvismo – La reacción al impresionismo llegó de la mano de Matisse y Dufy, dos pintores instalados en Niza que optaron por usar colores puros y violentos que, yuxtapuestos en formas y perspectivas sencillas, intentaban expresar no sólo las fugaces sensaciones que proporciona la contemplación de la naturaleza, sino también el sentimiento, la emoción y el propio pensamiento del artista.

Movimientos contemporáneos – La Costa Azul también sedujo a los precursores del cubismo, estilo caracterizado por la descomposición de los volúmenes. Picasso se instaló en Vallauris en 1946 y más tarde fijó su residencia en Cannes y Mougins. Braque pasó sus últimos años pintando en Le Cannet mientras que Fernand Léger optó por vivir en Biot.

Dunoyer de Segonzac pintó una y otra vez los paisajes de St-Tropez

Chagall halló en la luz y la vegetación de Vence la mejor inspiración para sus sueños multicolores. Kandinsky en La Napoule, Cocteau en Menton, Van Dongen en Cannes, Magnelli en Grasse, Nicolas de Staël en Antibes... son otros ejemplos de pintores que frecuentaron la región y que, aunque no pasaron en ella largas temporadas, dejaron una huella imborrable de su presencia.

Al mismo tiempo, en los años 60, un grupo de artistas entre los que se encontraban Arman, César, Dufrêne, Hains, Klein, Raysse, Rotella, Spoerri, Tinguely y Villeglé crearon un movimiento llamado nuevo realismo al que más tarde se incorporarían Niki de Saint-Phalle, Deschamps y Christo. Frente a la abstracción que había imperado en los años de la posguerra, estos artistas experimentaron con nuevos enfoques de la realidad utilizando objetos hallados en el moderno mundo industrial. Junto a estos innovadores hay que citar a los miembros de la escuela de Niza (Ben, Bernard Venet, Sacha Sosno), cada uno con su propia visión, así como a Bernard Pagès y Claude Viallat, cuyas teorías sobre el arte conceptual desembocaron en la creación del grupo Support Surface en los años 70 (para más información sobre los movimientos contemporáneos, vea en Nice el apartado dedicado al Musée d’Art Moderne et d’Art Contemporain).