Francia
Francia : qué ver, qué hacer
Francia : organiza tu estancia
Francia :
¿Dónde ir?
¿Dónde dormir?
Mejores planes hoteles Francia
-
RELAIS DU SILENCE Le Domaine de Bel Air desde65 €
Reservar -
RELAIS DU SILENCE Domaine le Martinet desde75 €
Reservar -
RELAIS DU SILENCE L'AUBERGE DU CHOUCAS desde
Reservar
Paisajes y regiones
Paisajes y regiones
La historia geológica ha engendrado una gran diversidad de paisajes que, junto a factores como las características del suelo, la acción de los elementos o el escalonamiento natural de la vegetación, proporcionan un placer intenso y constantemente renovado a todo aquel que recorre Francia con ánimos de observar.
- París, veinte siglos de urbanismo
- Isla de Francia, un cinturón de bosques y ríos
- El País del Loira o el jardín de Francia
- Bretaña, la llamada del mar
- La verde Normandía
- Flandes, Artois, Picardía
- Champaña, Ardenas
- Alsacia, Lorena, los Vosgos
- Bosques, aguas y miradores del Jura
- Borgoña y el bosque del Morvan
- Berry, Lemosín
- Poitou, Vendée, Charente
- Périgord, Quercy
- La barrera de los Pirineos
- Aquitania
- Languedoc, Cévennes y gargantas del Tarn
- Los volcanes de Auvernia
- El valle del Ródano, una vía de comunicación de primer orden
- Los valles alpinos
- Delta del Ródano y estribaciones de Provenza
- La evocadora Costa Azul
- Córcega, una montaña anclada en el Mediterráneo
París, veinte siglos de urbanismo
El origen de París hay que buscarlo en las islas que facilitaban el paso del Sena por el gran eje norte-sur, que son hoy las rue St-Martin y rue St-Jacques, cruzando la ruta fluvial; la Lutecia gala se limitaba a la isla de la Cité. Su papel político lo debe a los Capetos, que la eligieron para establecer su capital; y su expansión la debe al talento de escritores, compositores, artistas, al trabajo de prohombres de toda índole, a la obra de los estadistas y administradores que en ella ejercieron. El urbanismo renacentista y neoclásico le da un encanto particular al Marais, barrio que vio nacer el característico hôtel particulier (palacete) francés.
Gracias al fomento del barón Haussmann, el centro de la ciudad y los pueblos que la rodeaban se vieron inmersos en una importante remodelación a mediados del s. XIX. Las zonas residenciales, de trabajo, de ocio y de comercio se dispusieron siguiendo un orden racional basado en criterios económicos y de armonía. Se crearon nuevos barrios y grandes arterias al tiempo que las diferentes actividades se repartían por sectores.
El Segundo Imperio y la III República han dejado su impronta en la Vía triunfal (Campos Elíseos). Desde 1945 y bajo la influencia de personajes como Le Corbusier, la estética arquitectónica vive un nuevo auge: Unesco (1957), Palacio de la Défense (CNIT) (1958), Casa de la Radio y de la Televisión (1963), torre de Montparnasse (1973), Palacio de Congresos (1974). Durante los años siguientes se confirma esta tendencia con la construcción, en pleno centro de París, de algunos monumentos emblemáticos realizados por los mejores arquitectos del momento: Palacio de deportes de Bercy (1984), Ciudad de la Ciencia y la Industria y la Géode de la Villette (1986), Ópera de la Bastilla (1989), Arco de la Défense (1989), Pirámide del Louvre (1989), Ministerio de Hacienda de Bercy (1990), ala Richelieu (1994) del “Grand Louvre” (1981-98), Ciudad de la Música de la Villette (1995), Biblioteca de Francia (1996).
Isla de Francia, un cinturón de bosques y ríos
Grandes macizos boscosos (Fontainebleau, Rambouillet, que se encuentran entre los bosques más hermosos de Francia) y bonitos ríos que serpentean entre verdes valles (el plácido Oise, el caprichoso Marne, el majestuoso Sena) constituyen el marco de los alrededores de París (la denominada “cuenca parisina”), un rico territorio agrícola. Dos cifras para señalar el peso industrial de la región: en sólo el 2,2% del territorio trabaja el 22% de la población activa del país vecino.
Además, la proximidad del poder político ha dado a Isla de Francia admirables monumentos, muchos de los cuales han llegado hasta nosotros, obras maestras del Renacimiento y del neoclásico. La construcción de grandes palacios propició la transformación artística de la naturaleza que ha dado lugar a los parques y jardines realizados por los grandes maestros del paisajismo, quienes ejercieron magistralmente su talento en Vaux-le-Vicomte, Versalles y Chantilly.
El País del Loira o el jardín de Francia
El apacible valle del Loira está considerado como la región más representativa de Francia. Los viveros y rosaledas de la zona de Orleans, las breñas de Sologne –codiciado lugar de caza desde tiempos inmemorables–, las viviendas troglodíticas de Turena, la pizarra fina y un paisaje voluptuoso se van sucediendo a lo largo de este tranquilo río. Tranquilo desde que en el s. XIX el tren viniera a arruinar la actividad de la vía fluvial.
Durante cinco siglos el Loira dio vida al país en su papel de gran vía de comunicación, ampliada en 1642 con la construcción del canal de Briare. Por todo el curso del río las ciudades siguen conservando las marcas de esta actividad: Gien, reconstruida tras los bombardeos de la II Guerra Mundial; Orleans, principal depósito de mercancías y puerto de viajeros durante la edad de oro del transporte fluvial; y, río arriba, Blois, Tours, Langeais y Saumur.
Bretaña, la llamada del mar
La recortada costa bretona –que los galos bautizaron Armor– es increíblemente variada: un rosario de farallones, bahías inmensas y estrechas ensenadas, paisajes de “fin del mundo”, olas ciclópeas, el ciclo de las mareas que regula la vida de los pescadores en los estuarios.
El interior o Argoat (tierra de la madera) es unta tierra de leyendas y de fe. Los montes de Arrée y las Montañas Negras constituyen los límites naturales de la comarca del lago Guerlédan y de la cuenca de Châteaulin. A los primeros corresponden el Ménez (monte) Bré y los parajes boscosos de Huelgoat, la montaña St-Michel y la peña de Trévezel; a las segundas están vinculados el Ménez Hom que domina la bahía de Douarnenez y la meseta del Finisterre francés.
El granito es omnipresente en todos los monumentos de la región: menhires, dólmenes, castillos, catedrales, cascos antiguos, granjas, calvarios, fuentes.
Desde la desembocadura del Loira hasta el valle del Aulne, el país de Nantes, la Grande Brière, las salinas y la península de Guérande, así como Cornouaille componen el interior de un litoral, la costa del Atlántico, cuyas señas de identidad son los puertos, las playas, pueblecitos llenos de encanto y los parques marítimos (golfo de Morbihan, península de Crozon).
De Fougères y la cuenca de Rennes al gran puerto de Brest y la isla de Ouessant, en la costa de la Mancha, el particularismo bretón se refleja en las tierras de Guildo, Penthièvre, Trégor y en el país de Léon con su sucesión de ciudades históricas (Morlaix, Tréguier), elegantes localidades costeras y cornisas marinas. Mientras las olas rompen en majestuosos cabos y promontorios (cabo Fréhel, punta de St-Mathieu), y el valle del Rance y los profundos estuarios (abers) quedan cubiertos por el mar durante la marea alta.
La verde Normandía
El típico paisaje normando se caracteriza por las colinas frondosas y los numerosos valles donde la silueta de un castillo o una granja pone una nota de opulencia y de orden. El florecimiento arquitectónico de las épocas románica y gótica ha quedado plasmado en ilustres abadías y admirables catedrales.
En la Baja Normandía, la península de Cotentin recuerda a la de Bretaña por la austeridad de los paisajes graníticos, la animación de los puertos y la amplitud de las mareas en la bahía del Mont-St-Michel. El típico “bocage” se caracteriza por los senderos, los campos parcelados, los prados limitados por setos meticulosamente podados y los pomares, que durante la época de floración (abril-mayo) proporcionan un magnífico espectáculo. Los grandes macizos boscosos constituyen el aderezo vegetal de la provincia. ¡Cómo han cambiado las modas y los juegos desde que Marcel Proust contemplara a Albertina mientras jugaba con su diábolo!; eso sí, las playas siguen atrayendo a numerosos veraneantes.
El valle del Sena es el gran eje comercial de la Alta Normandía, que tiene como capital la histórica Ruán. El país de Auge, bocage exuberante, es conocido por su sidra, su calvados, sus afamados quesos y la elegancia de sus casas de campo. Al norte del río se extiende el fértil país de Caux, cuyas granjas constituyen verdaderos oasis y que se asoma al mar desde los acantilados de la Côte d’Albâtre (Costa de Alabastro).
Flandes, Artois, Picardía
Las llanuras del Norte constituyen una verde región agrícola e industrial que se caracteriza por las típicas casas de ladrillo de las comarcas de Thiérache, Hainaut, Avesnois y Soissonnais. En las grandes mesetas de Picardía, salpicadas de estanques y valles divididos por álamos, se cultivan la remolacha y los cereales. Al sur, el país de Bray se sitúa, a modo de ojal, en la creta de la cuenca parisina. La región del Boulonnais posee playas inmensas. En los llanos paisajes de Flandes, surcados por canales y constelado de molinos, los altos hornos y los escoriales del “país negro” contrastan con el bocage del Avesnois y los pastos de Thiérache donde se alzan curiosas iglesias fortificadas.
A las puertas de Compiègne se extiende un amplio y magnífico bosque, vestigio del inmenso bosque galo que cubría desde Isla de Francia hasta las Ardenas y que también nos ha dejado los macizos de Saint-Gobain y Retz.
Champaña, Ardenas
Por las lindes de Isla de Francia, particularmente en torno a la montaña de Reims, crecen los viñedos de los que se extrae el vino espumoso más famoso del mundo, el champán o champaña. El solitario y boscoso monte Aimé es un claro testimonio de la evolución del relieve en una zona de capas sedimentarias poco inclinadas.
La Champaña caliza, utilizada antaño sólo como campo de maniobras militares, es hoy una de las zonas agrícolas más productivas de Francia (remolacha, cereales, industrias agroalimentarias).
La Champaña húmeda es la gran depresión que rodea por el este a la Champaña caliza. Al sur del macizo boscoso del Argonne se extienden las comarcas de Perthois, Vallage y Der. Los grandes lagos artificiales del bosque de Orient (1966) y del Temple (1991), que sirven para regular el curso del Sena, y de Der-Chantecoq (1974), que cumple la misma función para el Marne, se han convertido en centros de ocio.
Al este y al sur el paisaje se vuelve más accidentado. Se distinguen las costa de los Bars con las localidades de Bar-le-Duc, Bar-sur-Aube, Bar-sur-Seine y la amplia y agreste meseta de Langres, donde los relieves que delimitan la frontera borgoñona se pierden bajo los sedimentos de la cuenca parisina.
Las Ardenas francesas, recorridas por los meandros del Mosa, son un antiguo macizo primario transformado por el plegamiento herciniano. Esta región, que se vio envuelta en numerosas contiendas, sigue manteniendo su tradición metalúrgica.
Alsacia, Lorena, los Vosgos
Entre el Rin y el macizo de los Vosgos se sitúa Alsacia, una inmensa y fértil llanura que presenta diferentes facetas dependiendo de la variedad del suelo. Sobre los materiales aluviales que han ido dejando el Rin y sus afluentes se extienden hoy grandes bosques; el bosque de Hagueneau cubre cerca de 14.000 ha, dos terceras partes compuestas de pinos silvestres y el resto de carpes, hayas y robles. A los pies de las laderas de los Vosgos, salpicadas de torres y ruinas de castillos, serpentea la ruta del Vino, un interesante e instructivo recorrido, especialmente durante la vendimia.
Lorena se caracteriza por sus mesetas que se inclinan hacia la cuenca parisina y están delimitadas por el original relieve de las “côtes”: las cumbres de Montfaucon y Monsec, la colina de los Épargnes (llanura de Woëvre), la “Colline inspirée” (côtes del Mosa), la cumbre de Mousson (côtes del Mosela).
El macizo de los Vosgos, más difícil de franquear por su anchura que por su altura, presenta en su vertiente norte cimas escarpadas de arenisca, mientras que las del sur son anchas, abombadas y redondeadas, por lo que reciben el nombre de “ballons”. En los valles quedan lagos de origen glaciar, las laderas están pobladas de árboles y en las alturas crecen los pastos fértiles de las “hautes chaumes”. La carretera de las Cimas (route des Crêtes) es la ruta turística que atraviesa el macizo de norte a sur. En sentido transversal, a ambos lados del puerto de Saverne, se suceden las localidades de Saverne (en la llanura alsaciana) y Phalsbourg (en la llanura lorenesa), esta última fundada en el s. XVI, fortificada por Vauban y desmantelada por los alemanes en 1871.
Bosques, aguas y miradores del Jura
El verde oscuro de los abetales (bosques de la Joux y del Massacre) y el verde claro de los inmensos pastos de altura crean un paisaje excepcional. El agua es omnipresente: torrentes, cascadas (del Hérisson, del salto del Doubs), innumerables manantiales, aguas resurgentes (nacimiento de los ríos Loue y Lison), la densa red formada por el Ródano, el Doubs, el Ain y sus afluentes (Valserine, Loue, Bienne, Albarine). Este continuo borbotar contrasta con las tranquilas aguas de más de 70 lagos (Bonlieu, Nantua, St-Point) o con los embalses formados por las presas (Vouglans), que transforman el valle del Ain en un gigantesco espejo acuoso.
Los numerosos miradores (Grand Colombier, Colomby de Gex, Mont-Rond) proporcionan un magnífico espectáculo a la vista: valles paralelos separados por montes y luego reunidos por los estrechos pasos llamados “cluses”, grandes anfiteatros y circos naturales (circo de Baume) cuyas características geológicas han dado el término “jurásico” para designar un determinado tipo de formaciones sedimentarias de la era secundaria.
Borgoña y el bosque del Morvan
Delimitada por las cuencas del Sena y del Saona y las comarcas vecinas de Auxois, Bresse y Charolais, Borgoña debe su unidad territorial en buena medida a la habilidad diplomática de sus Grandes Duques durante el s. XV. Sus 23.500 ha de viña han convertido a esta región en una zona próspera y reconocida internacionalmente.
Mención aparte merecen las tierras de Morvan, durante mucho tiempo aisladas de la provincia y del resto del mundo debido a la escasez de comunicaciones. El bosque ocupa un tercio de la superficie; las partes bajas de las laderas sirven de pasto. La dispersión de las aldeas es el ejemplo más patente de la diseminación a la que se ve obligada la población para poder aprovechar los recursos naturales.
Berry, Lemosín
Estas dos regiones, poco afectadas por la industrialización y el turismo, representan la quintaesencia de la Francia rural. En Bourges, capital de la región del Berry –que conserva una magnífica catedral– residió en tiempos la Corte francesa. La gran meseta calcárea que constituye el centro de la comarca está dedicada a la agricultura extensiva. Los valles de Boischaut están cubiertos de praderas, los viñedos crecen en las laderas del Sancerrois. Con sus lagos y marismas, Brenne encierra una reserva natural de primer orden en sus tierras oscuras, erizadas de cerros rojos en los que crecen los pinos y la retama.
Más al sur, las mesetas y la montaña del Lemosín se caracterizan por sus setos, lagunas y praderas sombrías. En sus pueblos, de robustas casas de granito cubiertas de pizarra, se sigue perpetuando la tradición de los mercados.
Situada alrededor de Guéret, la Marche es una comarca dedicada a la ganadería por cuyas verdes cumbres despuntan las ruinas de numerosos castillos. La meseta de Millevaches es la mejor atalaya para descubrir la zona. En un meandro del río Vézère surge, sobre un pitón rocoso, Uzerche y sus bonitas casas de granito.
Los aledaños de Tulle, localidad situada en el curso superior del río Corrèze, son un espectacular ejemplo de la erosión que sufre el terreno desde la Era Cuaternaria.
Poitou, Vendée, Charente
Entre los estuarios del Loira y del Gironda, la unidad del litoral, con inmensas playas y clima oceánico, contrasta con la variedad de las tierras del interior.
Desde el monte Mercure hasta el monte de las Alouettes, las cimas de los altos prados de Vendée, delimitados por setos, representan los últimos contrafuertes graníticos del Macizo Central.
Al oeste de Niort nos encontramos con las hermosas marismas de Poitou (Marais Poitevin) que desembocan en los pólderes y salinas de la ensenada del Aiguillon. El Gironda, estuario formado por el Garona y el Dordoña, arremete incansablemente contra el acantilado sobre el que se encuentra la iglesia románica de Talmont. Las hermosas playas que miran al Atlántico están muy concurridas.
Frente a la costa surgen cinco islas con personalidad propia. Noirmoutier está unida al continente por un istmo que desaparece con la marea alta. Yeu, más al sur, es rocosa y salvaje. La isla de Ré, con sus salinas y sus casas blancas, está unida a tierra firme por un puente de reciente construcción. En Aix, fortificada por Vauban, pasó Napoleón sus últimos días en suelo francés. Oléron, la mayor isla francesa después de Córcega, seduce por su vegetación y la suavidad de su clima.
Périgord, Quercy
Las mesetas boscosas de Périgord y las mesetas calizas de Quercy de espectaculares cañones están recortadas por valles frondosos en las primeras y secos y profundos en las segundas. Desde los miradores situados en los lugares más estratégicos se divisan, según los casos, hermosos campos o profundas soledades. Algunas cuevas y grutas horadadas por corrientes subterráneas de agua atraen a los aficionados a la espeleología. En ellas se han descubierto numerosos vestigios prehistóricos, desde herramientas y objetos domésticos hasta pinturas rupestres y bajorrelieves, así como piezas talladas en hueso, marfil y piedra.
La barrera de los Pirineos
Entre el océano Atlántico y el mar Mediterráneo, la cordillera de los Pirineos cierra el último istmo europeo con una barrera continua de 400 km de longitud.
Al oeste, en los Pirineos atlánticos y en los Pirineos centrales, los valles perpendiculares a la línea divisoria han dado origen a varias comarcas con características propias (País Vasco francés, Bearne, Bigorre). A terrenos ondulados sembrados de casas blancas suceden crestones recortados, cumbres nevadas, circos glaciares con cascadas, lagos de montaña, torrentes tumultuosos y cuencas cultivadas.
A pesar de su perfil abrupto, el Rosellón, situado en el sector más oriental de los Pirineos mediterráneos, es la unidad regional más desarrollada de toda la cordillera. Las altas mesetas interiores de la Cerdaña y el Capcir, la cima despejada del Canigó, los bosques y pastos del Vallespir, las terrazas de los Aspres, cubiertas de árboles frutales y de viñas, preceden al jardín del Rosellón propiamente dicho, con sus inmensas huertas y viñedos. La provincia se abre al Mediterráneo a lo largo de 70 km de playas de arena que contrastan con los acantilados de la Costa Bermeja y sus pequeños puertos marítimos (Collioure).
Aquitania
Aquitania, situada entre los Pirineos y el curso medio del Garona, es una cuenca sedimentaria formada por la colmatación de una fosa marina. La meseta de Lammezan y las riberas del Adour tienen identidad propia. Hacia el norte, la comarca de Agen, en el valle del Garona, destaca por el cultivo de viñedos y árboles frutales en las laderas.
Hasta el s. XIX los 14.000 km2 de las Landas no eran más que una inmensa llanura, desolada en la franja costera y altamente insalubre en el interior. Tras la fijación de las dunas y el saneamiento de las tierras pantanosas, esta pintoresca región se transformó en un inmenso bosque de pinos.
En la confluencia del Dordoña y el Garona, el Bordelais constituye el corazón de la antigua provincia inglesa de Guyena. Es una de las regiones francesas más conocidas por la calidad de los vinos que se producen en torno a su capital, Burdeos.
Con la única interrupción de la bahía de Arcachon, la Côte d’Argent (Costa de Plata) desciende en línea recta desde la desembocadura del Gironda hasta el puerto de Bayona, junto a la frontera española. Un elevado número de veraneantes acude cada año a sus privilegiadas playas.
Languedoc, Cévennes y gargantas del Tarn
En el extremo meridional del Macizo Central, los Grands Causses, mesetas áridas y pedregosas, ofrecen un espectáculo impresionante. Las carreteras que bordean las cornisas calcáreas constituyen excelentes miradores desde los que se divisan las gargantas y cañones excavados por el Tarn y sus afluentes (Point Sublime, circo de Navacelles). Bajo la superficie, las cuevas y simas, con formas sedimentarias de todo tipo (estalactitas, estalagmitas, columnas), son un auténtico paraíso para los espeleólogos.
En los Causses los paisajes son de una diversidad sorprendente. Las corrientes de lava solidificada de la zona de Aubrac han dado lugar a un paisaje abierto, en una de las zonas menos pobladas de Francia. La comarca de Cévennes, declarada parque nacional casi en su totalidad, está constituida por montañas de esquistos y granitos que presentan dos vertientes claramente diferenciadas; la mediterránea es abrupta y de crestones muy recortados; la atlántica, sin embargo, desciende lentamente desde las mesetas de las cumbres. A medida que se avanza hacia el sur el paisaje –dominado por el St-Loup– se transforma y se hace claramente mediterráneo; predomina la garriga y su manto de plantas aromáticas.
Los volcanes de Auvernia
Auvernia, situada en el corazón del Macizo Central, es una región única en Francia por la cantidad y variedad de sus volcanes. Algunos, como los montes Dôme, presentan el aspecto de conos recién apagados con coladas de lava apenas enfriadas; otros (Dore y sobre todo Cantal) están muy erosionados por el ataque de los elementos pero siguen conservando su forma original. En el Cézailler los torrentes de lava fluida aparecen superpuestos en torno a la cúpula plana del Luguet. En la Cheire d’Aydat están cristalizados; en Saint-Flour se extendieron hasta formar mesetas triangulares basálticas (planèzes). En otras zonas penetraron en los valles protegiéndolos de la erosión que padecieron las colinas circundantes y dando lugar a fenómenos de inversión del relieve (Polignac, Carlat, Gergovie). En Bort-les-Orgues y Le Puy la lava al enfriarse formó curiosas concreciones tubulares.
El valle del Ródano, una vía de comunicación de primer orden
Desde la Antigüedad, el valle del Ródano es una vía de comunicación de primer orden: ruta del estaño de Cornouaille, ruta del vino de Borgoña, transporte fluvial. Hoy día, autopistas, carreteras nacionales, canales que facilitan la navegación y alimentan las centrales hidroeléctricas, una línea de ferrocarril en cada orilla, y un oleoducto y un gasoducto generan un intenso tráfico de personas y mercancías. Aunque a lo largo de 250 km la fisonomía del Ródano cambia. Al norte, el Saona rodea el pequeño relieve calcáreo del Mont-d’Or lionés antes de adentrarse en Lyon.
Aunque puede parecer que el valle no es más que una simple división entre las viejas montañas del Macizo Central y las jóvenes alturas de los Alpes, lo cierto es que esta cuenca tiene una estructura geológica muy compleja. En Vienne el río ha excavado su cauce en una zona granítica, mientras que en Valence fluye encajonado entre una de las últimas terrazas del Delfinado y la cordillera calcárea de Crussol que se apoya en los granitos del Vivarais. Situados frente a frente, Tournon y Tain-l’Hermitage constituyen dos antiguos puertos gemelos, el primero en la base de las vertientes del Macizo Central y el segundo a los pies de un promontorio calcáreo donde se producen excelentes vinos.
Los valles alpinos
Los magníficos valles alpinos, cuyas aguas bravas atenúan poco a poco el carácter glaciar, constituyen las zonas más activas de la cordillera.
En los Alpes del Norte –saboyanos–, los valles se despliegan por pasillos industriales o de tránsito (Romanche, Maurienne), o bien se ensanchan formando cuencas dedicadas a la agricultura y la ganadería en las que se concentra la población de la zona. Grenoble, la gran ciudad de los Alpes franceses, se sitúa en un ensanchamiento en la confluencia de los ríos Drac e Isère.
En las comarcas de Aravis, Beaufortin, Chartreuse, Oisans y Vercors, las aldeas exhiben orgullosas sus casas tradicionales que se integran perfectamente en un medio natural particularmente hostil (altitud, frío, nieve).
Los valles profundos están unidos lateralmente por importantes puertos de montaña (Lautaret, Galibier) y separan macizos de alta montaña (Écrins, Mont-Blanc).
A los pies de las húmedas y frondosas vertientes, recubiertas de magníficos bosques de hayas, abetos y piceas, descansas majestuosos lagos (Annecy, Bourget, Léman).
Los Alpes del Sur –provenzales–, más áridos y regados por el gran surco que deja el Durance, anuncian la proximidad del Mediterráneo: las gargantas de las estribaciones y mesetas interiores, el monte Ventoux, el gran cañón del Verdon que las aguas torrenciales han excavado en Alta Provenza atravesando los últimos contrafuertes de los Alpes.
Las actividades principales de la zona (St-Véran) son la cría del cordero, el cultivo del espliego y la explotación forestal del alerce.
Delta del Ródano y estribaciones de Provenza
Los 20 millones de metros cúbicos de arena, piedras y limo que transporta anualmente el Ródano crearon la Camarga a lo largo de los siglos. Este delta, cuyas tierras están impregnadas de sal, constituye un rico ecosistema tanto por su abundante flora como por interesante fauna. Antes de que cambiara su curso para desembocar en el Ródano, el Durance vertía directamente sus aguas en el mar a través del paso de Lamanon; el depósito de los materiales arrastrados formó la llanura de la Crau, un inmenso desierto de piedras y guijarros castigado por el sol en verano y el mistral en invierno. El luminoso clima provenzal se difunde por la árida meseta de Vaucluse, las pequeñas cordilleras de Alpilles, Luberon, L’Estaque, Ste-Baune, la montaña Ste-Victoire o la cadena de la Étoile con sus olivares, sus campos de espliego y sus tierras de cultivo protegidas del mistral con hileras de cipreses.
La evocadora Costa Azul
La Costa Azul se caracteriza por su variedad: las “calanques” (ensenadas), el macizo boscoso y la cornisa de los Maures, la abrupta montaña roja de Esterel bañada por el mar, las cornisas de la Riviera francesa.
Esta región es la ventana mediterránea de los Alpes, de hecho entre Niza y Menton la montaña se sumerge bruscamente en el mar. Debido a la cercanía del mar, los altos relieves de los Prealpes de Niza están surcados por profundos valles como los del Vésubie, del Bar y del Loup.
Desde antaño los pobladores de estos lares se refugian en pueblos colgados y fortificados (Peille, Èze, Gourdon, Saorge, St-Paul). Al oeste se distinguen el macizo del Esterel, de pórfido, que culmina a 618 m con el monte Vinaigre, el macizo esquistoso de los Maures pertenecientes al plegamiento herciniano y las estribaciones provenzales del monte Faron que dominan Tolón y son de origen pirenaico.
Los cordones litorales de la península de Giens, que unen una antigua isla al continente, las islas de Hyères, que se separaron del macizo de los Maures en época geológicamente reciente y las islas de Lérins dan aún más diversidad al paisaje.
Córcega, una montaña anclada en el Mediterráneo
A sólo 170 km del continente, los antiguos griegos llamaron Kallisté (la más bella) a esta isla de 1.000 km de costas rocosas y recortadas, inundadas de sol, con gargantas áridas y salvajes, inmensos bosques de pinos y castaños en las laderas y cumbres de más de 2.000 m de altura nevadas hasta la primavera. Córcega se distingue por sus pueblos colgados con casas de granito o de esquisto altas y robustas a la que se accede por estrechos caminos de montaña, y por sus espacios naturales bien diferenciados como la alegre Balagne, el rudo Cap Corse, la verde Castagniccia, los desérticos Agriates, el solitario Niolo formado por la cuenca superior del Golo y el cálido perfume del maquis. Se distingue igualmente por los cerrados valles del Asco, del Restonica o los impresionantes paisajes de las ensenadas (calanche) de Piana y el puerto de Bavella.

Français
English
Deutsch
Italiano
