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Los londinenses
Los londinenses
Al igual que la arquitectura londinense, su población es también un caleidoscopio. No espere cruzarse con una inglesa ataviada con una pamela de flores o a un banquero con paraguas y bombín. Estos estereotipos ya son historia. Londres es, sin lugar a dudas, la ciudad que más se mueve de Europa y son sus habitantes quienes le confieren este carácter dinámico y vibrante.
De los 7.517.700 habitantes (estimación de 2005), muchos son nuevos residentes. La inmigración no deja de aumentar y la ciudad cuenta con relativamente pocos habitantes originarios, ya que en su mayoría proceden de provincias o del extranjero, el 27% (frente al 18% de París).
- Una ciudad de inmigrantes
- Patchwork cosmopolita
- El “cockney”
- Un retrato lleno de contrastes
- Todo empieza en el colegio
Una ciudad de inmigrantes
La primera gran oleada de inmigrantes fue la de los hugonotes protestantes expulsados del continente durante las guerras de religión del s. XVI. Se instalaron alrededor de Spitalfields y con ellos trajeron la cría del gusano de seda y una industria muy rentable. Pero la gran inmigración extranjera data realmente del s. XIX. Los irlandeses, que huían de la pobreza, y los judíos polacos y rusos, expulsados por las persecuciones, se fueron mezclando con asiáticos, indios y chinos, llegados al puerto de Londres por cuestiones comerciales. A partir de 1930 se produjo la llegada de una nueva oleada de judíos procedentes de Europa central que huían de los nazis. En los años cincuenta se recurrió a los jamaicanos como mano de obra para llevar a cabo la reconstrucción. Una década después, les seguirían otros inmigrantes llegados de todos los rincones de la Commonwealth: indios, pakistaníes y bengalíes. La década de los setenta marcó el comienzo de la inmigración africana y vietnamita que, en los noventa, dejó paso a los extranjeros procedentes de Europa del Este y los Balcanes. Los refugiados de los países musulmanes y los europeos del este constituyen el grueso de la inmigración. En la actualidad estamos asistiendo a la llegada de un flujo nada despreciable de jóvenes titulados bien cualificados debido a las facilidades que supone la libre circulación de trabajadores por Europa.
En un principio, los recién llegados hacían su entrada en la ciudad por el estuario y el puerto y se instalaban en el East End. Los judíos de Europa central y del este se asentaron en Whitechapel, mientras que otros barrios, por lo general míseros, proliferaban detrás de los muelles, a lo largo del Támesis, para albergar a la mano de obra barata procedente de las colonias. Los chinos se concentraron, primero, en Limehouse, mientras que los indios lo harían alrededor de West India Dock. A diferencia de los barrios burgueses y nobles del West End, los del este de la capital siguieron superpoblados e insalubres durante mucho tiempo. Charles Dickens los describió fielmente a finales del s. XIX. Su mala rehabilitación durante la posguerra los convirtió en el escenario de graves problemas sociales, llegando incluso a producirse revueltas, como las de 1981 y 1985 en Brixton, o la de 1986 en Broadwater Farm.
Patchwork cosmopolita
En la capital se pueden escuchar más de 300 lenguas diferentes y las minorías étnicas representan el 29% de la población londinense (el 45% de las minorías raciales del país). Forman un conjunto de población muy joven, pues de hecho la mitad tiene menos de 25 años. Las comunidades más importantes son la india (6%), la de los africanos negros (5%) y la jamaicana (5%).
Hay que destacar que la manera de abordar los problemas de la multirracialidad en Inglaterra difiere de la que se tiene en España o en Francia, por ejemplo. Aquí, siempre se ha hablado de comunitarismo y la integración pasa por la comunitarización, en barrios y en microsociedades y no por la absorción del inmigrante por parte de la colectividad ya existente. En la actualidad, a las diferentes nacionalidades se las designa como “minorías étnicas”, aunque durante mucho tiempo se habló de Blacks, sin distinguir entre indios, africanos o jamaicanos. Los problemas subsisten en función de la realidad colonial y la existencia de la Commonwealth ha permitido que el modelo siga manteniéndose, aunque no sea más que de una manera simbólica. En este sentido, no deja de ser significativo que a estos inmigrantes, descendientes de los autóctonos de las colonias, se los conozca como originarios de la New Commonwealth, en oposición a la Old Commonwealth (Canadá, Australia, Nueva Zelanda), habitada por ingleses blancos que emigraron a estos territorios.
Con todo, resulta esperanzador comprobar que la población negra y asiática más joven es cada vez más ambiciosa, mucho más que la clase que forman los jóvenes blancos. Por ejemplo, están a la última en nuevas tecnologías, sobre todo si se compara a los asiáticos con la población blanca. En cambio, la juventud inglesa autóctona no parece tan optimista: la cuarta parte de los jóvenes titulados querrían irse al extranjero, sobre todo para huir del elevado coste de vida, de las dificultades para encontrar alojamiento y de la calidad irrisoria de los servicios públicos. El saldo migratorio es, pese a todo, positivo gracias, principalmente, a la inmigración masiva llegada de los países del antiguo bloque del este.
Barrios exóticos
Por lo general, la población que no es blanca vive en barrios bien delimitados, que, a veces, parecen auténticos guetos. La repartición geográfica es bastante regular: los negros africanos viven fundamentalmente en los barrios populares del norte de la capital, y en las bolsas de pobreza que todavía subsisten en el centro de la ciudad. La población negra del Caribe se concentra también en el centro y en los barrios pobres de la orilla sur, como, por ejemplo, Brixton. Por su parte, la bangladesí reside, casi exclusivamente en el East End; de hecho, se diría que Brick Lane es un Bangladés en miniatura. Por último, los chinos han invadido las calles del Soho, donde bazares, restaurantes y farolillos ofrecen un escenario completamente diferente, a un paso de los cines y teatros del West End.
Cuando se celebran algunos de los festejos que animan estos barrios, como el famoso Carnaval de Notting Hill, con sus alegres y coloristas desfiles que recuerdan a los de Jamaica, uno tiene la sensación de no encontrarse en la capital británica.
El problema de Londonistán
Desde hace mucho tiempo hay comunidades musulmanas en Londres, puesto que el Islam es la religión de pakistaníes, bangladesíes, muchos inmigrantes del sudeste asiático, turcos y refugiados bosnios y afganos. Durante mucho tiempo su integración no supuso ningún problema, pero la radicalización de algunos grupúsculos ha ocasionado un cambio inquietante tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Ésta es la razón por la que se acuñó el término “Londonistan” para designar a una red integrista islámica, que se agrupa principalmente alrededor del barrio de Finsbury Park. La mezquita sirvió de tribuna para los discursos más enardecidos, que hacían apología de los atentados, siguiendo la línea del imán Abu Hamza Al Masri, que, en 2006, fue condenado por incitar al odio racial y alentar el asesinato. El principio británico de libertad de expresión y de opinión autorizó durante largo tiempo los sermones más violentos y rencorosos. Gran parte de los musulmanes europeos que se entrenaron en los campos de la yihad afgana pasaron antes por la mezquita de Finsbury Park, y las diatribas de algunos de sus fieles han hecho sospechar que se haya producido cierto contagio entre la población musulmana. Los terribles atentados de Londres de julio de 2005 han obligado a las autoridades a revisar su postura, estimada demasiado permisiva, y a permitir el procesamiento de los activistas más virulentos. Pero durante el proceso contra Abu Hamza, mientras dos tercios de la comunidad musulmana condenaba su postura, otros dos tercios, el sector entre 18 y 24 años, la aprobaba...
Sin embargo, la visión general que tienen los ingleses autóctonos de los musulmanes sigue siendo abierta y tolerante, incluso aunque haya una preocupación, cada vez más importante, de que se produzca un cambio en parte de esta comunidad. A pesar de todo y, como viene siendo habitual, el humor se impone y en una de las camisetas más vendidas en los mercados se puede leer un lema tan provocador como Don’t panic, I am Islamic (No se asuste, soy islámico)...
El “cockney”
Considerado como el símbolo o, incluso, el sinónimo del londinense de los barrios populares, el cockney, en teoría, nació en un radio de tres millas alrededor de la iglesia de St Mary-le-Bow, en Cheapside. En la práctica, el término engloba a los habitantes del East Side, especialmente de la City, pero sobre todo de los barrios populares de Spitalfields, Bethnal Green, Stepney, Shoreditch, Whitechapel, Finsbury, Hackney, así como de Stepney, Wapping, Limehouse, Poplar, Millwall, Bow y Mile End... Su buena convivencia, su sentido de la solidaridad, de la camaradería, de las relaciones de vecindad, del humor y de la fiesta le han valido el reconocimiento de todo el mundo. Los barrios vibran alrededor de los pubs locales, donde se dan cita los hombres al salir del trabajo. La sempiterna serie televisiva East Enders ensalza a esta pintoresca comunidad, que vive unida alrededor de grandes familias matriarcales. Estuvieron estigmatizados por su marcado acento, que hizo que los que pronunciaban el inglés de la BBC les miraran por encima del hombro; pero su socarronería y sus expresiones tan peculiares les proporcionan cierto encanto (¡aunque a veces resulte difícil entenderlos!).
Su sentido de la fiesta se manifiesta con motivo de la pintoresca celebración de los Pearly Kings and Queens, cuando desfilan ataviados con suntuosos trajes adornados con botones de nácar. Los ricos y complicados motivos, hechos a mano, tienen un significado particular y representan los valores de la familia. Un traje puede llevar miles de botones y llegar a pesar más de 30 kg. Cada barrio elige a su rey y a su reina (Pearlie King y Perlie Queen). Según la costumbre, los pearlies vestidos de gala desfilan durante los acontecimientos más importantes, especialmente durante el Pearlies Harvest Festival que tiene lugar en septiembre. A diario, los cockneys se dan cita en todos los barrios populares, como en el mercado de Petticoat Lane.
Un retrato lleno de contrastes
En el plano social, la realidad resulta muy contradictoria. No cabe duda de que la capital ofrece múltiples caras. Por un lado, está el Londres de las clases más acomodadas que trabaja en el centro y reside en los barrios del oeste o en las afueras chic. El barrio de los negocios de la City y los barrios institucionales de Whitehall y Westminster viven al ritmo de las idas y venidas de los hombres con traje y corbata y las mujeres con traje de chaqueta, que, según la hora, salen o entran del metro. Atareados y en grupo invaden los restaurantes al mediodía, consultando su Blueberry o su Palm, siempre pegados al móvil y sólo se detienen para hacer una breve parada en el pub, después de salir de la oficina; todo ello hace que, al anochecer, estas zonas se queden desiertas.
Debido al elevadísimo coste de vida, la clase media ya no tiene manera de vivir en el centro de la ciudad. Son muchos los londinenses que trabajan en la ciudad de Londres, pero que residen en las afueras, más cercanas o más alejadas, donde el precio de los alquileres es más asequible.
Por último, en el corazón de la capital (King’s Cross, Brixton, los barrios del East End), aún quedan auténticas bolsas de pobreza. El Londres de los paupérrimos, asolado por el paro, sobrevive como puede. Contrariamente a lo que pudiera pensarse, este sector no está compuesto exclusivamente por las minorías étnicas, también incluye a una clase obrera blanca, a la que el cambio que ha experimentado la capital ha ido dejando por el camino. La desindustrialización y el declive del puerto la ha condenado a vivir del subsidio o de otros tipos de ayudas y además no cuenta con el apoyo que puede proporcionarle una comunidad unida y fuerte, como ocurre con las minorías raciales que han creado una verdadera economía paralela.
Todo empieza en el colegio
Un pilar fundamental del sistema social británico es la educación, herencia de la época victoriana. Lo habitual es que cada escuela luzca el uniforme impuesto, cuyo fin es el de igualar las diferencias y estimular el espíritu de corporación. Hay que señalar que está aceptado llevar velo o turbante (en el caso de los sijs), siempre que sea del mismo color que el uniforme. En cambio, el traje que cubre totalmente el cuerpo ha sido prohibido por las autoridades.
El equivalente del preescolar es la nursery school, donde se entra con 4 años y se sale un año después. A continuación empieza la primary school o escuela primaria, hasta los 12 años. Los estudios continúan en la secondary school, el equivalente a nuestra secundaria.
En este punto, las élites se forman en las escuelas privadas, que paradójicamente se llaman public schools (escuelas públicas). Estas instituciones se encargan de inculcar a los alumnos los “valores” morales y cristianos, cierto conformismo político y social, así como el apego a las tradiciones de la monarquía y del país. Antaño, estaban reservadas exclusivamente a las clases acomodadas, pero hoy acogen a muchos alumnos que han recibido becas por méritos. Aun así, el coste resulta prohibitivo para bastantes familias (entre 4. 000 y 15. 000€ por año, según la edad y los cursos). El mejor ejemplo es Eton, la escuela de secundaria en la que se han educado los jóvenes príncipes.
El sistema público se divide en dos categorías. Las grammar schools ofrecen una enseñanza general de calidad, calcada sobre el modelo de las public schools. Es decir, que también son elitistas, sobre todo en cuanto a las prestaciones. De un nivel algo inferior, las comprehensive schools son también públicas, pero su falta de selección hace que sus prestaciones académicas sean aleatorias y dejen fuera del sistema a muchos adolescentes. Esto explica que en los últimos años se haya experimentado un retorno a las escuelas privadas, las únicas capaces de garantizar un buen nivel.
Esta misma división existe a nivel universitario, con una nítida supremacía de las viejas instituciones como, por ejemplo, Oxford, Cambridge, Londres, y las prestigiosas universidades escocesas. En la actualidad asistimos a la eclosión de las universidades politécnicas, mejor adaptadas a las necesidades del empleo actual y a las nuevas tecnologías y abiertas a todas las clases sociales.

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