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Compositores en Venecia

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Compositores en Venecia


Desde los inicios hasta Vivaldi

Mientras que en pleno Renacimiento la escuela polifónica de Roma desarrolla el género sacro, gracias a Giovani Pierluigi da Palestrina, Venecia se consagra al género profano.

El flamenco Andriaan Willaert (1490?-1562), maestro de capilla de San Marcos, es el responsable de la eclosión de la inspiración musical en Venecia. A este compositor le siguieron su discípulo Andrea Gabrieli y el sobrino de este último, Giovanni.

Andrea Gabrieli (1510?-1586) fue organista de la basílica de San Marcos, así como compositor y pedagogo en la escuela veneciana. En esta época se crea el género “concertante” (música vocal acompañada de instrumentos), basado en los contrastes y las disonancias, y en el que normalmente aparecen varios coros. En este campo, Andrea es un auténtico innovador y el primero en utilizar, en la historia de la música, el término concerto (desde 1587) en el título de una composición: su obra maestra, compuesta con su sobrino Giovanni, se llama Concerto per voci e strumenti musicali. También hay que resaltar su contribución a la musical vocal sacra (motetes de cuatro a doce voces, misas a seis voces, Salmos a seis voces) y profana (madrigales de tres a doce voces).

Giovanni Gabrieli (1557?-1612) sucede a su tío Andrea como organista de San Marcos y contribuye a que la escuela veneciana se conozca más allá de las fronteras de la Serenísima, especialmente en el Sacro Imperio germánico (entre sus émulos encontramos a Hans Leo Hassler y a Heinrich Schütz).

Entre sus composiciones, que abarcan el género sacro, el profano y el instrumental, hay que recordar los motetes para coros e instrumentos de las Symphonae Sacrae. Músico moderno, es casi un precursor con sus Sonatas para violín, que se encuentran entre las primeras del género.

Este instrumento era el que mejor se adaptaba al estilo monódico, estilo que entusiasmó en aquella época. También en aquella época aparece el bajo continuo, que consiste en repetir los sonidos básicos del acorde con largas notas sostenidas y que sirve como trama al desarrollo de la línea melódica.

Giovanni Gabrieli fue también un iniciador de la sonata a tres, para dos instrumentos –normalmente violines– y un bajo continuo, interpretada con violonchelo o clavecín.

Durante el s. XVIII, Venecia destaca en el género de la ópera bufa, a pesar de ser un género típicamente napolitano. Baldassarre Galuppi, junto con Giovanni Platti (1700-1763), fue uno de los precursores de la sonata para teclado (que serviría como base a la sonata clásica, sustituta de la sonata barroca), con la introducción de una fórmula bitemática en el primero de los tres tiempos. El clavecín alcanza su apogeo. En ese momento, Bartolomeo Cristofori (1655-1732) sustituye los macillos que puntean las cuerdas del clavecín por unos martillos que golpean las cuerdas del “piano” inventando así el pianoforte, antepasado de nuestro piano.

Entre los músicos venecianos de clavecín que han pasado a la posteridad se encuentra, además de Galuppi y Platti, Benedetto Marcello (1686-1739), a quien debemos composiciones de carácter sacro así como conciertos para cinco instrumentos. Su hermano Alessandro Marcello (1684-1750) es el autor de sonatas para violín y bajo continuo y de conciertos para oboe y cuerdas, que antiguamente se atribuyeron a Benedetto.

En esta misma época, Tomaso Albinoni (1671-1750) también trabaja en Venecia. Sus composiciones musicales, que recuerdan a las de su amigo Vivaldi, se mantienen en la tradición barroca alemana.


Vivaldi en Venecia

Antonio Vivaldi (1678-1741) es el autor que mejor encarna la música veneciana en todo el mundo. El mismo Bach se inspiró en las partituras del llamado “Cura pelirrojo”, cuyo genio musical realmente fue redescubierto a mediados del s. XX tras haber permanecido en el más completo de los olvidos durante decenios. Compositor particularmente fértil, es autor de numerosos conciertos que se desarrollan según un esquema tripartito allegro-adagio-allegro y que toman la forma de una música temática compuesta por la sucesión de pasajes descriptivos como por ejemplo La notte (La noche: concierto para violín), El Jilguero (concierto para flauta y cuerda) y las célebres Cuatro Estaciones. Vivaldi también compuso conciertos para violín, viola, violonchelo, mandolina, flauta, oboe, fagot, trompeta, trompa y orquesta de cuerda. Entre sus obras más famosas citaremos los conciertos para violín de Estro armonico (Inspiración armónica) y, dentro del repertorio sacro, los Credo, Gloria y Magnificat.

Sus padres – Giovanni Battista Vivaldi, padre de Antonio, era peluquero de profesión y (por mucho que nos sorprenda) músico a la vez: en aquella época era moneda corriente entre los que ejercían esa profesión. En la Venecia del s. XVII, este profesional del peine y de las tijeras, apodado “el pelirrojo” –un rasgo de familia–, era un virtuoso del violín y ejercía su arte en la parroquia de San Martino. La iglesia albergaba una cofradía o scuola, llamada Sovvegno di Santa Cecilia, auténtico punto de encuentro y lugar de referencia para los músicos de la ciudad. Santa Cecilia, protectora de los músicos, era su santa patrona. Camilla Calicchio, esposa de Giovanni Battista, vivía cerca de San Giovanni in Bràgora. En esta iglesia el joven Antonio aceptó por segunda vez el bautismo, sacramento que ya había recibido en su domicilio poco después de nacer el 4 marzo de 1678, cuando se temió por la vida del niño.

Las moradas venecianas del “cura pelirrojo” – Aunque consagró su vida prácticamente a la música, Antonio Vivaldi fue ordenado sacerdote en la iglesia de San Giovanni Novo. Fue por tanto un cura secular, un abad, durante toda su vida. Vivió en la Fondamenta del Dose, cerca del puente del Paradiso, pero acabó marchándose del barrio de Castello para establecerse en el de San Marcos, donde se instaló en la Riva del Carbon. Esta fue su última residencia veneciana antes de su marcha definitiva a Viena en 1740, donde al año siguiente murió en la indigencia y el olvido.

Sus “auditorios” – La actividad musical de Vivaldi está principalmente relacionada con la iglesia de la Pietà y con el teatro de Sant’Angelo. La Pietà era uno de los grandes hospitales (en su origen, instituciones de asistencia pública) que, entre los ss. XVII y XVIII, en Venecia equivalían a nuestros conservatorios de música, puesto que cada uno de ellos tenía una iglesia en la que se celebraban conciertos.

Los ospedali eran instituciones de caridad y hospicios para las jovencitas. Estas jóvenes (llamadas ospitaliere) recibían una educación y, si demostraban talento, una formación musical que las permitía entrar en el coro y en la orquesta, orgullo de cada una de estas instituciones.

Gracias a Vivaldi, la Pietà posiblemente sea la iglesia más conocida por su ospedali. La silueta de este edificio sobre la Riva degli Schiavoni no pasa desapercibida, pero hay que decir que la iglesia que actualmente se ve no es la original. En efecto, Vivaldi ejerció su talento de compositor y fue maestro de violín y de viola en una iglesia que se levantaba un poco a la derecha de la iglesia actual, en el lugar que ocupa ahora el hotel Metropole.

En el teatro de Sant’Angelo, que ya no existe pero que estaba cerca de la Riva del Carbon, Vivaldi ejerció la triple función de director musical, empresario y compositor, a la vez que actuaba como un violinista virtuoso.


Después de Vivaldi

La fama musical de Venecia, que no dejó de brillar durante tres siglos y que se perpetúa hasta nuestros días, inició su decadencia con su representante más célebre.

Sin embargo, y más próximo a nosotros, podemos citar a Ermanno Wolf-Ferrari (1876-1948) que supo armonizar las tradiciones venecianas y las germánicas. Fascinado por las óperas de Mozart y atraído por la ópera cómica de actualidad, estuvo bajo la influencia del teatro de Goldoni tal y como muestran los títulos de sus óperas: Le donne curiose, I quattro rusteghi, Il campiello.

Estos últimos años, Venecia no ha defraudado a su reputación de centro artístico, dinámico e innovador. Entre los músicos que han profundizado en el campo experimental citaremos a Bruno Maderna (1920-1973) y a Luigi Nono (1924-1990).

En Venecia ha nacido el director de orquesta Guiseppe Sinopoli (1946-2001), gran conocedor del repertorio mahleriano.