Venecia
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El refinado arte de la Serenísima
El refinado arte de la Serenísima
- Construir en Venecia
- Arquitectura y escultura: el placer del arte
- El estilo véneto-bizantino
- El gótico florido
- El Renacimiento
- Sobriedad y majestuosidad del barroco veneciano
- El neoclasicismo
- Del eclecticismo hasta nuestros días
- La pintura veneciana: luz y color
- Los primitivos
- La serenidad del Renacimiento
- Los grandes maestros a partir del s. XVI
- El resurgimiento del s. XVIII
- La época moderna y contemporánea
Construir en Venecia
La construcción sobre pilotes – La cuidad está construida, no a ras del agua, sino en el agua. Algunos de los numerosos bancos de arena de la laguna emergen dando lugar a islas, mientras que otros quedan más o menos a la altura de la superficie del agua ofreciendo una base para la construcción. En ambos casos, los cimientos son tributarios del terreno arenoso, más o menos fangoso y, por tanto, inestable, que forma el fondo de la laguna. La técnica consiste en clavar estacas de alerce o de roble hasta alcanzar la capa de arcilla sólida más profunda. Estos pilotes, con una longitud de 2 a 4 m, se disponen en círculos concéntricos o en espiral, partiendo del contorno del edificio hasta llegar al centro. Estos pilotes, espaciados entre sí por 60 u 80 cm, ofrecen la base sobre la que se colocan las vigas reticulares. Por encima, los bloques de piedra de Istria sirven de asiento a un basamento de ladrillo y argamasa sobre el que se construye el edificio. El número de pilotes necesarios puede ser exorbitante: 1.106.657 en la iglesia de la Salute, y 10.000 en el puente de Rialto.
Materiales de construcción – Como prácticamente no existen en la laguna, estos materiales vienen de lejos. La madera se trae de los bosques de Cadore (Alpes) y de los Balcanes. Se utiliza para los pilotes de los cimientos, las vigas del armazón y los techos de las casas; a veces se incorporan a los muros para dar una relativa elasticidad a la estructura, lo que ayuda a compensar la inestabilidad del subsuelo.
El mármol, utilizado para el revestimiento de las fachadas, procede de las colinas Eugáneas (al sur de Padua) o de Grecia. La caliza de Istria, dura, blanca como el mármol y, sobre todo, resistente a la sal marina, se emplea mucho en Venecia como elemento de acabado: ornamentos de los puentes, revestimiento de fachadas, de campaniles, etc.
En Venecia sólo se pueden fabricar ladrillos usando la arcilla de la zona: muy utilizados en la época gótica, los ladrillos son la base de esta encantadora “Venecia de ladrillos rosas”, de la que los barrios de los Frari (deformación de frati, hermanos) y de Santa Maria Formosa constituyen el mejor ejemplo.
Las características objetivas de la arquitectura veneciana – Las casas, palacios e iglesias se construyeron sobre un terreno consolidado o desecado y, por tanto, ganado al agua durante el curso de los siglos. De esta omnipresencia del agua nace el deseo de aliarse con ella y de no tenerla como un duro enemigo. El agua produce niebla, modifica la luz, desdobla las perspectivas en suntuosos reflejos, se adorna con variados centelleos, enriquece la ciudad confiriéndola un aire festivo o la irreal melancolía del sueño. Las orlas de piedra, los adornos almenados de los tejados, las logias y otras arquerías se han multiplicado en el agua para jugar con los reflejos de la luz y el espesor del aire.
El coste y la dificultad para transportar los materiales desde zonas lejanas hacen que los proyectos sean comedidos. A partir del s. XVI, las técnicas de transporte permiten relativizar el problema económico, pero muchos palacios privados e iglesias mantienen un tamaño moderado o utilizan el material local, el ladrillo.
Además, la inestabilidad del terreno obliga a que las casas no tengan más de dos o tres pisos, excepto en la judería donde la altura se reduce para que la construcción pese menos. Esta inestabilidad del suelo se manifiesta en la inclinación de algunos palacios (Palacio Dario) y campaniles (Santo Stefano, San Barnaba), y en el hundimiento de los puertos (Riva degli Schiavoni) y de la plaza de San Marcos, que el agua invade cada vez con mayor facilidad.
El “campo” – Es la plaza en la que convergen calles y callejuelas una, el centro de la vida comunitaria donde las mujeres salen a charlar o a tender la ropa y lugar de juego para los niños. Hay que diferenciar el campo de la corte, patio público con un único acceso, y del cortile, patio interior de una vivienda. Bordeando la periferia del campo se sitúan palacios góticos o renacentistas, casi siempre una iglesia, y en el centro algún que otro árbol para proporcionar sombra. En el centro, el pozo ocupa un lugar privilegiado: como la ciudad no disponía de agua potable había que recoger el agua de lluvia, sanearla y almacenarla en estos recipientes que no son perforaciones en el suelo, sino cisternas cuya profundidad puede alcanzar 5 ó 6 m. Construidas con ladrillos, estas cisternas se presentan como una caja llena de arena de río que filtra el agua que cae al interior desde 2 ó 4 bocas colocadas en el campo. El brocal del pozo, llamado vera da pozzo, a veces es una auténtica obra de arte. Los más antiguos (en el Museo Correr) eran simples toneles o capiteles de columnas romanas vacíos en el centro. Han sido construidos en todas las épocas, de todas las formas y de todos los estilos.
Palacios y casas – Exceptuando en el Gran Canal, por toda Venecia palacios y casas más modestas conviven en armonía. Las casas, de ladrillo rosa o piedra, son algo más altas y pueden tener una escalera exterior, dos fachadas y dos entradas, una por la calle y otra por el canal. El patio recuerda el atrio de la domus romana. En el primer piso (piano nobile) encontramos el portego, salón alargado que atravesaba el edificio de un lado a otro, abriéndose a la vez sobre el canal, con una bella logia calada, y sobre el patio interior.
La altana, típica azotea veneciana, corona en muchas casas el tejado de tejas en el que se levantan las altas y típicas chimeneas invertidas llamadas fumaioli, tal y como las inmortaliza Carpaccio en sus cuadros. La escasez del terreno está al origen de estas pequeñas azoteas.
Las fachadas se adornan con balcones floridos, páteras, molduras y puertas monumentales.
No hay muchos jardines debido a la escasez de espacio. Estos suelen ser de modestas dimensiones –pero encantadores– y cuentan con un solo árbol y algunas macetas.
Arquitectura y escultura: el placer del arte
La arquitectura veneciana representa un conjunto complejo moldeado por diversas influencias y adaptado al medio lagunar. Tras unos inicios marcados por la influencia bizantina, Venecia supo integrar con éxito todos los elementos característicos de los estilos renacentista, clásico y barroco. Todos los artistas que han participado en la construcción de esta ciudad tenían un mismo objetivo: hacerla aún más hermosa.
El estilo véneto-bizantino
En la isla de Torcello se conservan los monumentos más antiguos de la laguna veneciana: la catedral de Santa Maria Assunta y la iglesia de Santa Fosca, en cuya arquitectura podemos notar las estrechas relaciones que mantenía Venecia con el heredero de Bizancio, Rávena.
Por sus conquistas y por el comercio con Oriente, Venecia mantuvo relaciones con Grecia y Constantinopla durante varios siglos. Así, la basílica de San Marcos, construida en el s. XI, es la copia de los Santos Apóstoles de Constantinopla (monumento del s. VI, destruido en el s. XIII y convertido en el prototipo de las iglesias bizantinas; posteriormente, su arquitecto realizó la suntuosa e inmensa Santa Sofía basándose en el mismo modelo). Así que tanto por su estructura como por sus volúmenes y su arquitectura, San Marcos es una iglesia constantinopolitana, mientras que su decoración con mosaicos es obra de artistas griegos.
Este aporte del Oriente cristiano permite que desde la alta Edad Media se desarrolle un arte original llamado “véneto-bizantino”. Este arte marcado por Bizancio integra formas pertenecientes al Islam (vocabulario decorativo, tipos de arquerías), elementos paleocristianos (transennas, capiteles) y materiales romanos de recuperación (mármol, columnas, ladrillos planos) que proceden de las ciudades romanas del litoral adriático, destruidas en las invasiones bárbaras de los ss. V y VI.
Las iglesias – Las iglesias de estilo bizantino (Santa Fosca y la basílica de Torcello, S. Maria e Donato de Murano y San Marcos) ofrecen los mejores ejemplos de esta influencia bizantina que se manifiesta en la planta de cruz griega o en la planta basilical de tres naves, típica de las primeras iglesias cristianas al igual que el nártex (porche cubierto que posteriormente se convierte en pórtico con arcadas) y el baptisterio en el exterior de la iglesia (fórmula adoptada en Torcello).
Bizancio también transmite el gusto por las cúpulas, las columnas de mármol precioso coronadas con capiteles de formas variadas (en enjambre, en pirámide invertida) y de su decoración esculpida (hojas, palmetas, animales afrontados, etc.) trabajada en relieve, calada, nielada (grabados profundos y ennegrecidos), el revestimiento de mosaicos sobre fondo de oro que cubren muros interiores y exteriores, realizados según la tradición de Rávena por especialistas en mosaicos venecianos de los ss. XII y XIII con temas del Antiguo y del Nuevo Testamento. La composición de este decorado de inspiración bizantina se completa con transennas paleocristianas (losas de piedra caladas para tapar vanos), plúteos (piezas de mármol) y páteras decoradas con espirales, palmetas, hojas de parra y motivos paleocristianos (grifos, águilas, pavos reales y leones afrontados), ambones de mármol (púlpitos bizantinos situados ante el coro) e iconostasio (especie de biombo que separa, en las iglesias griegas, el santuario de la nave).
El estilo románico, que aparece en Venecia durante los ss. XI y XII, también está estrechamente relacionado con el arte bizantino. En efecto, combina la doble influencia romana (de estilo lombardo) y bizantina (de tradición de Rávena). El estilo románico veneciano se caracteriza por altos muros, anchos y sobrios, perforados por minúsculas ventanas, con contrafuertes unidos por arquerías ciegas (bandas lombardas) y, en el interior, la planta basilical de tres naves con la nave central elevada (planta sacada del crisol paleocristiano).
Así pues, las iglesias de los ss. XI y XII presentan un estilo compuesto llamado “románico-bizantino”. En la misma Venecia, las iglesias más antiguas datan de esa época: San Giacometto di Rialto, San Nicolò dei Mendicoli, San Zan Degolà, San Giacomo dall’Orio, Sant’Eufemia alla Giudecca. A pesar de haber sido modificadas a lo largo de los siglos, normalmente conservan su campanario original, de ladrillo, macizo, de sección cuadrada, con una logia en la cúspide en la que se encuentran las campanas y una decoración de pilastras y arquerías ciegas. Sólo difiere el coronamiento, añadido posteriormente, que presenta una forma hexagonal, piramidal o cónica. Algunas iglesias reconstruidas han mantenido su campanario románico, como San Zaccariay San Samuel. El único vestigio del monasterio de Sant’Apollonia, su claustro del s. XII, es un raro ejemplar de la arquitectura románica.
Los palacios – El palacio véneto-bizantino representa, sin lugar a dudas, el elemento más original de la arquitectura veneciana de los ss. XI-XIII. Llamado “casa-fondaco” (del árabe “foundouk”: almacén), es una casa-almacén, que sirve a la vez como depósito de las mercancías, oficina y vivienda familiar. Los que mejor se conservan son los Fondaco dei Turchi y las Ca’ Farsetti, Loredan, Da Mosto (“Ca’” es la abreviación de casa). Estas casas testimonian la prodigiosa ascensión de la aristocracia comerciante de la ciudad, enriquecida por el comercio marítimo y maravillada por las creaciones orientales bizantinas y musulmanes.
Como estos edificios no tienen que presentar una estructura defensiva y, por tanto, fortificada como el primer Palacio Ducal, desde el s. XI se abren ampliamente al exterior mediante fachadas caladas. Su esquema arquitectural se mantiene durante los siglos siguientes mientras que la decoración sigue la evolución del estilo: en el primer piso (a la altura del canal) encontramos un pórtico que alberga el almacén con su “puerta de agua”, y en la planta noble, una galería continua (la “loggia”) abierta entre dos torres con muros macizos, con almenas decoradas. Durante los siglos siguientes se aumentó la altura de estos palacios.
Las arquerías véneto-bizantinas presentan varias formas: arcos de medio punto peraltados (arcos estrechos sobrealzados respecto a su caída sobre los capiteles), arcos de herradura, arcos ondulados de influencia morisca, arcos peraltados de cortina (o conopiales agudos). Estos arcos siempre se apoyan en columnas de mármoles preciosos con capiteles bizantinos con motivos vegetales o de animales afrontados; normalmente, están coronados con una decoración de páteras bizantinas (pequeños bajorrelieves) con animales reales o mitológicos (grifos, pavos, etc). La mayoría de las fachadas se enriquecían con medallones de mármol de colores, cruces o motivos historiados (madonas, águilas, etc).
El gótico florido
El gótico, soberano de Venecia, da a la cuidad su aspecto más típico y su unidad arquitectural. Está presente en todos los campi y en las orillas de los rii, con sus arcadas agudas y sus logias caladas como un encaje. Este gótico penetra tardíamente en Venecia, a finales del s. XIII, y se prolonga hasta finales del XVI, debido al desfase cronológico entre Venecia y el resto de Europa en cuestiones artísticas.
Las iglesias – Las grandes iglesias de los conventos venecianos son de este estilo: la basílica de los Frari, San Zanipolo (San Giovanni y Paolo), cuyos muros se han ido cubriendo de monumentos funerarios de la aristocracia con el paso de los siglos, la Madonna dell’Orto, Santo Stefano, etc. En efecto, anteriormente Venecia estuvo bajo la influencia de las corrientes difundidas por las órdenes mendicantes durante el s. XIII por toda la Italia Septentrional y que aconsejaban la pobreza evangélica. Este movimiento religioso provocó el desarrollo de los conventos y de las scuole, instituciones típicamente venecianas de caridad y de ayuda (recordemos que es la época de las grandes epidemias de peste). Así pues, hacia 1245 y con el beneplácito del dux Jacobo Tiepolo, los dominicos y los franciscanos construyen las iglesias más bonitas de la ciudad.
Exterior – A partir del s. XIV, los edificios religiosos góticos asocian en la fachada elementos curvos y lineales tal y como podemos apreciar en San Giovanni in Bragora, en los Frari y en la Scuola Vecchia della Misericordia. Más que en la estructura, que se mantiene sobria, el gótico aparece en puertas y ventanas. Las fachadas, austeras y de ladrillo, presentan una división tripartita con una parte central elevada respecto a las naves laterales; unos decorativos edículos de piedra blanca encuadran las portadas y coronan el edificio; una cornisa sujeta por pequeñas arquerías ciegas agudas rodean la fachada y los flancos. Las portadas de mármol o piedra blanca de Istria son las únicas que están decoradas: rematadas con un arco agudo con flores de acanto, rodeados de estatuillas o edículos, presentan un bello encuadre esculpido con cuerdas, lacerías y hojas. Los presbiterios suelen ser alargados e imponentes (Frari, Zanipolo); los campaniles de ladrillo son altos, de sección cuadrada y con una logia en la cúspide donde se encuentran las campanas (San Marcos, Frari, Madonna dell’Orto).
Interior – Con una disposición en T, la iglesia gótica presenta una larga nave flanqueada por dos naves laterales, un amplio crucero y un presbiterio con capillas absidiales (Frari, Zanipolo); a veces conserva un bonito armazón de madera de carena invertida (Santo Stefano, San Giacomo dall’Orio), unas arcadas resaltadas con una banda pintada de hojas de acanto y unos tirantes de madera esculpidos que unen las arcadas entre sí y éstas con los muros de la nave.
Los palacios – Se encuentran en todos los campi y a lo largo de los canales secundarios, pero los más bonitos son los que jalonan las orillas del Gran Canal que, a partir de la época gótica, comienza a adquirir su fisionomía de “vía de agua triunfal”.
La original fantasía de las fachadas – El palacio gótico, emblema de la ciudad, constituye el modelo del palacio veneciano. Su esquema arquitectural procede del tipo bizantino con tres importantes líneas horizontales: el pórtico, la logia y los merlones ornamentales que coronan el edificio; los motivos decorativos sobrevivieron al paso de los siguientes siglos. Pero, al contrario de la simplicidad de la época véneto-bizantina (pórtico y logia continuos), la fachada principal del palacio gótico –de ladrillo visto o revocado– que siempre mira hacia el canal, presenta en el primer piso (planta noble) una gran logia central con arcos agudos que pueden estar resaltados por un encuadre de ladrillos y, por ambos lados, ventanas separadas, sencillas, destacándose en los muros y encuadrando y realzando el motivo calado central.
Disposición interior – El palacio siempre presenta una planta en U: dos alas encerrando un cortile, que suele conservar su escalera al aire libre sujeta por arcadas agudas, un pórtico con columnas y arquitrabes de madera, y un pozo con brocal (Palacio Centani). En el 1er piso, el gran salón de recepciones, el portego, atraviesa toda la casa de un lado a otro, abriéndose a la vez sobre la calle y, majestuosamente, sobre el canal por la logia central.
Una belleza extrovertida – A diferencia de la fachada florentina, orgullosamente sobria, la fachada veneciana sonríe al mundo y muestra sus riquezas. También los vanos (de cualquier tipo) que abren el palacio hacia el exterior, son el punto central de la decoración.
El gótico veneciano, aún impregnado del Oriente cristiano y musulmán, se caracteriza también por esas piedras caladas que son las logias, en las que se encuentra el espíritu de las transennas paleocristianas; la influencia morisca se manifiesta en los encuadres de las ventanas y en el dibujo de los arcos agudos; en las fachadas se mantiene el rasgo bizantino de las páteras esculpidas.
Las ventanas y sus arquerías determinan, pues, las diferentes épocas del gótico veneciano: arcos ondulados del s. XIV de inspiración morisca, reposando a veces sobre columnas (Corte de Milion), arcos agudos conopiales y trilobulados de principios del s. XV, cuya punta puede estar coronada con un florón (Palacio Duodo); las arquerías de estilo “gótico florido” de la segunda mitad del s. XV constituyen la realización más original del gótico veneciano: este arte, que corresponde al “gótico flamígero” y del que el Palacio Ducal constituye un buen ejemplo, se caracteriza por una o varias filas de óculos cuadrilobulados, con lacerías de piedra levantando los arcos trilobulados de las logias. La Ca’ d’Oro, en la que Marco d’Amadio y posteriormente la familia Bon trabajaron durante 20 años a partir de 1421, es la cumbre de esta alegre y teatral exuberancia.
La escultura gótica – De esta época datan las primeras obras célebres de la escultura veneciana. Con Pier Paolo y Jacobello dalle Masegne (muertos en 1403 y 1409 respectivamente), se desarrolla un arte que parte de la tradición bizantina, pero que se adorna con elementos góticos explorados por la escuela pisana. Sus obras (el iconostasio de la basílica de San Marcos, el balcón central del Palacio Ducal, las tumbas de los dux en los Frari y en San Zanipolo) presentan arquitecturas delicadas a la vez que complicadas, que albergan múltiples estatuas.
La escuela veneciana de escultura no posee aún un auténtico impulso creador y motriz dentro de la comunidad artística de la ciudad. Por ello, la Serenísima acude a artistas extranjeros o aprovecha su paso para encargarles las obras. Tras los primeros ejemplos ofrecidos en Pisa, república marítima rival de Venecia, la influencia toscana se confirma gracias a la llegada de artistas florentinos como Niccolò Lamberti y sieneses como Jacopo della Quercia. Marco Cozzi, famoso escultor de madera originario de Vicenza, realiza el espléndido coro de los Frari, único ejemplo de coro de madera que se conserva en Venecia.
Monumentos funerarios – Las primeras tumbas se remontan al s. XIV y se componen de un simple sarcófago con la estatua del difunto yacente y adornada, en la parte anterior, con la figura de la Virgen con el Niño, y en los ángulos con santos. El sarcófago se remata con un arco agudo que define un tímpano que puede estar esculpido. Más tarde aparece el motivo gótico del baldaquín sujeto en lo alto y separado por dos personajes (ángeles, guerreros, etc). Los hermanos delle Masegne se unieron a esta corriente a finales del s. XIV y principios del XV.
Pórticos – Casi todos los pórticos de las iglesias venecianas del s. XV pueden atribuirse a Bartolomeo Bon (o Buon): Santo Stefano, San Zanipolo, Madonna dell’Orto, los Frari. Estos pórticos siempre incluyen un encuadre de piedra o de mármol, que destaca sobre los muros de ladrillo, compuesto por motivos de cuerdas, molduras con resalte y con hojas; los pórticos se rematan con un arco agudo con hojas de acanto y estatuas y a ambos lados se flanquean con dos pequeños edículos. Su obra maestra es la puerta de la Carta, de estilo gótico flamígero, que sirve de entrada al Palacio Ducal.
El Renacimiento
Aunque el éxito del gótico florido retrasó la eclosión del Renacimiento en Venecia, éste fue brillante y con una riqueza decorativa que parece corresponder al boato oriental. En el s. XV, bajo el mandato del dux Francesco Foscari, la civilización veneciana toma un nuevo rumbo. Se multiplican los contactos con los artistas florentinos (que trabajan en la basílica de San Marcos y en el Palacio Ducal) y lombardos, y pronto se produce el final de la tradición bizantina coincidiendo con la toma de Constantinopla en 1453. A partir de entonces, el humanismo en Venecia se inspira en la cultura helénica: la ciudad acoge a sabios griegos en busca de una ciudad que les ilumine; en 1495, el impresor Aldo Manucio empieza a editar textos griegos. En esta época, las grandes Scuole se dividen en Grandes y Menores.
La segunda mitad del s. XV también ve cómo cae la influencia florentina. Es cierto que el nuevo estilo, nacido en Toscana, había ido haciendo escuela en Italia gracias al trasiego de los artistas y empezaba a diversificarse en adaptaciones locales. Las ciudades de Padua y Vicenza, bajo la hegemonía veneciana, se habían sumado antes que la ciudad de la laguna a las formas que admiraban el pasado. Inmersa en este ambiente, a Venecia sólo le quedaba forjar su propia interpretación del nuevo estilo.
Los inicios – La primera etapa del Renacimiento aparece no en la concepción de conjunto del edificio, sino en los pórticos. El pórtico de entrada al Arsenal (1460) representa la primera obra del Renacimiento en Venecia; en él está muy marcado el gusto por lo antiguo como indican sus leones, estatuas mitológicas y columnas griegas de mármol. Otros encuadres de puerta pertenecen a los ensayos que se realizaron en los inicios: la portada de San Giobbe, la de los Gesuati en las Zattere y el arco Foscari en el Palacio Ducal.
En el campo de la escultura, los florentinos Donatello y Verrocchio sólo dejan en la ciudad dos obras, pero de una gran calidad: la primera es la estatua de madera policroma de San Juan Bautista (1438) de la que hay que resaltar su expresión (en los Frari), y la segunda es la gran estatua ecuestre de bronce del condotiero de Bérgamo Bartolomeo Colleoni (1488), que se encuentra en el campo San Zanipolo.
La familia Lombardo – A finales del s. XV e inicios del XVI, la renovación de la escultura y de la arquitectura de Venecia es obra de los Lombardo (o Lombardi), procedentes de Lombardía como su propio nombre indica: Pietro (1435-1515) y sus hijos Antonio y Tullio.
Promotores de una auténtica recomposición arquitectural en función del nuevo vocabulario, los Lombardo realizaron la fachada de la Scuola di San Marco con sus sorprendentes efectos de perspectiva, la maravillosa iglesia de Santa Maria dei Miracoli y el bello palacio Dario en la orilla del Gran Canal. Estas obras resumen el espíritu de esta arquitectura que se llama “a la lombarda” y que sigue la línea de la cartuja de Pavia o de la capilla Colleoni de Bérgamo, caracterizada por la riqueza en la decoración (medallones de pórfido o rosetones de mármol), el refinamiento de las líneas y el equilibrio de las proporciones.
La piedra o el mármol reemplazan el ladrillo de la época gótica. Las fachadas pueden ser asimétricas. La decoración se completa con cornisas, bustos, estatuas, pilastras acanaladas o adornadas con pequeños relieves planos y frisos esculpidos con calados, animales o putti (amorcillos).
En el campo de la escultura, Pietro construye en San Zanipolo imponentes y refinadas tumbas de dux utilizando piedra de Istria (las de Pietro Mocenigo, Pasquale Malipiero y Niccolò Marcello) y realiza la espléndida decoración de la iglesia de San Giobbe. Tullio, que trabajó mucho con su padre, es el autor de los grandes bajorrelieves en perspectiva de la Scuola di San Marco y de varias tumbas de dux, elegantes y equilibradas, en los Frari y en San Zanipolo (monumentos de los dux Andrea Vendramin y Giovanni Mocenigo).
La influencia lombarda se manifiesta en la estructura del monumento funerario, con un pórtico triunfal con varios pisos en los que los nichos superpuestos que albergan las Virtudes encuadran el sarcófago, mientras que la influencia toscana se observa en las estatuas, de una gracia y finura exquisitas.
Mauro Codussi (1440-1504) – La concepción ornamental de la arquitectura se encuentra en este arquitecto procedente de Bérgamo, contemporáneo de los Lombardo, pero que también integra elementos toscanos. Aunque Codussi utiliza el vocabulario formal de Alberti (disposición de planos y elevaciones basándose en el cuadrado y el círculo, superposición del orden clásico, uso de almohadillas, cornisas, frisos, conchas, etc), no emplea tanto las combinaciones estéticas. Por el contrario, este escultor crea alrededor de los principios básicos un estilo que se puede observar en la gran escalera de la Scuola di San Giovanni Evangelista y que se caracteriza por los remates curvilíneos de las fachadas de las iglesias o de la Scuola di San Marco (que terminó) y, en los palacios, por las almohadillas de la planta baja, las columnas, las cornisas que separan los pisos y los vanos de medio punto que acogen un ojo de buey y los dos arcos geminados tan característicos.
En sus primeras obras –las Viejas Procuradurías, la Torre del Reloj, la iglesia de San Giovanni Crisostomo– aún mantiene la tradición bizantina (pórtico, decoración, planta de cruz griega); por el contrario, los suntuosos palacios Corner-Spinelli y Vendramin-Calergi en el Gran Canal, pertenecen al nuevo estilo al igual que las iglesias de San Zaccaria y San Michele in Isola, obras de arte de la arquitectura, con revestimiento de mármol o piedra de Istria, división tripartita tanto horizontal como vertical, naves elevadas, remates curvilíneos, cornisas con molduras, decoración con conchas y medallones de pórfido. También provienen de Mauro Codussi la fachada lateral junto al río de Santa María Formosa y el bello campanil de piedra de Istria de San Pietro di Castello.
Antonio Rizzo (1430-1499) – Cerrando este primer periodo, Antonio Rizzo se une como arquitecto a la línea de Codussi. Es el autor de la gran fachada renacentista del patio del Palacio Ducal y del proyecto de la espléndida escalera de los Gigantes, revestida de mármol. Como escultor, realizó las espléndidas estatuas de Adán y Eva, de mármol, que inicialmente se encontraban en el arco Foscari. Renueva el modelo de tumba parietal construyendo en los Frari, a partir de 1473, un monumento funerario del dux Niccolò Tron que cuenta con cinco pisos, cubierto con un frontón semicircular y adornado con numerosos nichos y estatuas de gran fuerza.
Apogeo del Renacimiento o del estilo clásico – El estilo clásico no se impone hasta el s. XVI y constituye la segunda etapa del Renacimiento veneciano. Roma, que había sustituido a Florencia como capital de las Artes, queda muy afectada tras el saqueo al que es sometida por las tropas imperiales de Carlos V en 1527. Venecia se convierte entonces, a partir de 1530, en la ciudad artística de la península. Un nuevo clasicismo alcanza su plenitud poco antes de sucumbir a las complicaciones manieristas.
En los pórticos aparecen las grandes arcadas de medio punto y de órdenes superpuestos. Desde entonces imponentes, las fachadas de los palacios con sus líneas rigurosas presentan una planta baja con almohadillas y, a lo largo, grandes vanos cimbrados decorados con mascarones o ventanas rectangulares verticalmente, que en su parte superior presentan pequeños tímpanos triangulares o curvos; las fachadas están rodeadas de columnas acanaladas o geminadas, marcadas con robustos balcones de piedra de bulto; bajo la cornisa superior existen a menudo una serie de vanos ovales.
Sansovino, el maestro de las formas clásicas – El florentino Jacopo Tatti, llamado Sansovino (1486-1570), hábil escultor y arquitecto de talento, introduce el clasicismo en Venecia haciendo triunfar el Renacimiento clásico. En 1527 se refugia en la ciudad de la laguna tras huir de Roma, donde había sido alumno de Bramante y Rafael, recibiendo el título de proto (arquitecto jefe) al suceder a Bartolomeo Bon en San Marcos; así pues, se encarga de la reconstrucción y embellecimiento de la ciudad, especialmente de la plaza de San Marcos. Suya es la Libreria Vecchia, donde utiliza el tema de los pórticos a la manera antigua, las Fabbriche Nuove del Rialto, el palacio Corner della Ca’ Grande en el Gran Canal y la elegante logia del campanil de San Marcos, donde realiza las estatuas de bronce y los bajorrelieves. También es el autor del palacio de la Zecca, de influencia toscana y con sus magníficas almohadillas, de la imponente pero inacabada Scuola Nuova della Misericordia y de la escalera de Oro. Muy riguroso, por no decir solemne, en sus primeras obras (como la Ca’ Grande) se adapta rápidamente a la atmósfera veneciana (monumentos alrededor de la plaza de San Marcos y de la Piazzetta) dando a la arquitectura clásica una majestuosa dimensión decorativa: los huecos de los pórticos, los vanos y los nichos animan armoniosamente las superficies, mientras que las estatuas, los bajorrelieves y los frisos aportan un toque de fantasía y de graciosa amplitud.
Como escultor, Sansovino realiza las dos estatuas colosales de Marte y Neptuno situadas en la escalera de los Gigantes y el espléndido San Juan Bautista en los Frari con su expresión resplandeciente.
El florecimiento de los grandiosos palacios – En esta época el Gran Canal se embellece y se convierte en esa inmensa avenida en la que las fachadas de los palacios componen un grandioso decorado.
El veronés Sanmicheli (1484-1559), más conocido como arquitecto militar (fuerte de Sant’Andrea en el Lido), es el creador del gran palacio Corner-Mocenigo en San Polo y del majestuoso palacio Grimaldi en el Gran Canal.
Nacido en Vicenza, Vicenzo Scamozzi (1552-1616) –alumno de Palladio– continua la obra de Sansovino en la plaza de San Marcos construyendo las Nuevas Procuradurías (1586) basándose en el modelo clásico de la cercana Libreria Vecchia, pero añadiendo elementos decorativos de un gusto un tanto barroco; es el autor del palacio Contarini degli Scrigni en el Gran Canal.
Scarpagnino termina la célebre Scuola di San Rocco (que comenzó B. Bon), cuyo estilo recuerda al de Codussi (por ejemplo, en los vanos de la planta baja) pero que aquí se acentúa por el movimiento de las columnas en saledizo, así como el Fondaco dei Tedeschi y reconstruye el palacio de los Diez Sabios y las Fabbriche Vecchie de Rialto.
Spavento es el creador de la bella fachada clásica del pequeño patio de los Senadores del Palacio Ducal; Guglielmo dei Grigi, más conocido por el seudónimo de Bergamasco, construye el palacio Papadopoli y el palacio de los Camerlenghi en el Gran Canal.
Andrea Palladio (1508-1580) – A finales del s. XVI, un ilustre arquitecto vino a trabajar a la ciudad: era Palladio, originario de Padua, y célebre por las villas con las que sembró las orillas del Brenta y la campiña veneciana. Con un equilibrio supremo, sintetizó las enseñanzas antiguas y las preocupaciones modernas (principalmente en materia de vivienda). Animado por el humanista Trissino, viajó varias veces a Roma, estudió a Vitruvio (arquitecto romano del s. I a.C.) y en 1570 publicó el fruto de sus investigaciones en el tratado Los cuatro libros de la arquitectura que dio a conocer su obra por toda Europa.
Su estilo se caracteriza por el rigor de los planos, en los que dominan las formas simples y simétricas, y por la armonía musical de las fachadas que combinan el frontón con el pórtico (como en San Giorgio Maggiore). Trabajó para la rica clientela veneciana que quería construirse viviendas en tierra firme (por ejemplo, la villa de la Malcontenta en el Brenta). Al orden rítmico del plano y a la nobleza del diseño hay que añadir, en los casos de construcciones aisladas, que este arquitecto domina la ciencia de la decoración y de la implantación, y utiliza el zócalo para que las villas surjan como nuevos templos.
En las islas de Venecia construye las monumentales iglesias de San Giorgio Maggiore, del Redentor, de las Zitelle y de San Francesco della Vigna, magníficos ejemplos de rigor y equilibrio, expresándose en las altas columnas entregadas con capiteles corintios, el frontón triangular que forma un pórtico imitando a los templos griegos, las anchas cúpulas que se enfrentan a las formas geométricas de la fachada, y los interiores amplios y diáfanos.
Vincenzo Scamozzi, discípulo de Palladio, finalizó varias obras de su maestro y mantuvo su estilo.
La escultura en pleno Renacimiento – Exceptuando a Palladio, la única figura que marca esta época, junto con Sansovino, es el escultor Alessandro Vittoria (1525-1608) que da una interpretación veneciana a los conocimientos obtenidos con Miguel Ángel. Autor de bellos retratos de una severa elegancia, realizó dos San Jerónimo que se conservan en San Zanipolo y en los Frari, en los que se observa el talento del autor en el firme modelado y en la fuerza expresiva. Realizó los estucos del techo abovedado de la Libreria Vecchia y los espléndidos artesones dorados de la bóveda de la escalera de Oro del Palacio Ducal. También son suyas las dos estatuas que representan a la ciudad como a la Justicia, situadas encima de los dos balcones centrales del Palacio Ducal.
En el s. XVI, Lorenzo Bregno realizó numerosos monumentos funerarios en los Frari (tumba de Benedetto Pesaro) y altares (altar mayor de los Frari), Girolamo Campagna (estatuas de bronce en los Frari y en el Museo Correr), Tizano Aspetti (pequeños bronces en el Museo Correr, estatuas de Hércules y de Atlas en la escalera de Oro) y Andrea Riccio (bronces en el Museo Correr).
Sobriedad y majestuosidad del barroco veneciano
En el s. XVII, se mantiene la tendencia clásica unida a la tradición paladiana, por lo que en Venecia el barroco es más moderado que en otros lugares, y siempre teñido de clasicismo.
Baldassarre Longhena (1598-1682) – Este arquitecto y escultor introdujo el barroco en Venecia y fue su más famoso representante en la cuidad de los dux. Al igual que Sansovino y Palladio, su huella está muy presente. Consigue imponer en la ciudad el gusto por la piedra y por una arquitectura solemne a la vez que impregnada de fantasía, sacada de la arquitectura clásica pero enriquecida con gran cantidad de adornos. Reedifica o restaura los edificios antiguos.
Su obra maestra es la iglesia de la Salute, esa grandiosa “máquina flotante” que armoniza muy bien con el plano del agua en movimiento del Gran Canal; es el mejor ejemplo del “barroco veneciano”, que se caracteriza por el gusto por lo triunfal: color blanco, majestuosa escalera, gran pórtico de entrada imitando un arco triunfal, cúpula colosal y sentido del decorado y del movimiento: ménsulas con volutas, levantadas por ángeles y profetas.
Longhena también realiza los palacios barrocos más bellos del Gran Canal, inspirados en el clasicismo de Sansovino: Ca’ Rezzonico, Ca’ Pesaro, palacio Bellon-Battagia, etc., que se caracterizan por la puerta monumental, una planta baja elevada con almohadillas, dos pisos con altas ventanas, con arcos de bóveda adornados con mascarones encuadradas por gruesas columnas; un primer piso o planta noble a la que se da mayor importancia y está mucho más decorada, y la abundancia de elementos arquitecturales decorativos como cornisas, balcones, frontones cortados y armarios esculpidos.
Como escultor, realizó numerosos altares mayores y monumentos funerarios barrocos, siendo el más exuberante el monumento al dux Giovanni Pesaro (Frari) compuesto por gigantescos moros, un rico baldaquino y estatuas alegóricas.
Tras los pasos de Longhena – Antonio Gaspari (Ca’ Pesaro) y Giorgio Massari (Ca’ Rezzonico) continuaron la obra del maestro del barroco veneciano.
Respecto a las iglesias, las fachadas más interesantes por la profusión ornamental (guirnaldas y frutas en altorrelieve, nichos con estatuas, cornisas, frontones, columnas acanaladas y anilladas, remates con estatuas) son la del Ospedaletto (de Longhena) con sus poderosos atlantes, la de Santa Maria del Giglio con planos de fortalezas y escenas de combates navales, las de los Scalzi y San Salvador (estas tres últimas son obra de Sardi, colaborador de Longhena), la de San Moisés (de Tremignon, 1668) –la más exuberante de Venecia– y la de San Stae. Los campaniles barrocos más representativos son los de Santa Maria Formosa, con una apariencia gesticulante, y los de los Santi Apostoli. Domenico Rossi es el arquitecto de la gran iglesia de los Jesuitas (s. XVIII) que se caracteriza por la fastuosa decoración barroca de su interior (una inmensa tapicería de mármol blanco y verde).
A la decoración interior, elegante y caprichosa, de estilo rococó pertenecen los techos de Tiepolo; en el campo de la escultura, el flamenco Juste Le Court a partir de 1650 renueva las creaciones barrocas con sus altares, estatuas alegóricas y bajorrelieves adornando las fachadas de iglesias como la de Santa Maria del Giglio.
El neoclasicismo
En el s. XVIII, Venecia se embellece con nuevas construcciones y renueva las fachadas de sus edificios. Reaccionando contra el barroco, la patria de adopción de Palladio se reconcilia antes que otras ciudades con las formas clásicas para crear un estilo que se difundirá ampliamente por toda Europa. Este estilo, llamado neoclásico, es la aplicación de las ideas racionalistas del Siglo de las Luces, y encontrará a su teórico en la figura de un franciscano de Venecia, Carlo Lodoli, que afirma: “En arquitectura, sólo tiene derecho a existir aquello que tiene una función definida y emana de una estricta necesidad”; se vuelve a los modelos de la Antigüedad clásica. Están de moda las arcadas, las cúpulas, los característicos pronaos, los salientes con frontones triangulares sujetos por columnas que dan un carácter majestuoso a la entrada de los monumentos. Los palacios muestran mayor rigor en sus líneas, más sobriedad en la decoración, inspirándose tanto en el estilo paladiano como en el estilo barroco de los palacios Pesaro y Rezzonico. Los mejores ejemplos de este estilo son el elegante e imponente palacio Grassi, de Massari, en el Gran Canal, y el ala napoleónica con pórtico que cierra la plaza de San Marcos.
Los arquitectos Andrea Tirali (1660-1737), Scalfarotto, Visentini y Temanza tienden hacia un purismo neoclásico caracterizado por la simplicidad de las formas y por la influencia de Palladio (el pronaos) y de Piranesi (1702-1778), gran estudioso de la antigüedad romana y autor de los famosos grabados Cárceles imaginarias.
La gran figura artística de la época es Giorgio Massari (1686-1766), autor de grandiosas obras como la iglesia de los Gesuati con su fachada paladiana, la iglesia de la Pietà y la entrada de la Academia (1760). Además, Andrea Tirali aplica los principios neoclásicos en la fachada de las iglesia dei Tolentini con un gran pronaos con columnas corintias.
Otros monumentos neoclásicos importantes son la iglesia de San Simeone Piccolo, construida en 1720 por Scalfarotto sobre una planta circular, con un gigantesco pronaos copiado del de los Tolentini al cual llega una solemne escalera desgraciadamente menoscabada por una cúpula verde; y la iglesia de la Maddalena, obra de Temanza, de planta circular, con pronaos aplanado y coronada con una cúpula.
Antonio Canova (1757-1822) – Último gran personaje del arte veneciano, Canova fue en cierto modo el mascarón de proa de la escultura neoclásica de su época, al igual que el francés David lo fue de la pintura. Muy apreciado por Napoleón y su familia, trabajó para ellos en París y Roma.
La gran pureza de su estilo sugiere una profunda sensibilidad. El pulido aterciopelado de sus mármoles blancos –su material preferido– así como la fluidez de los volúmenes, más trabajada respecto a la línea que al modelado, dan muestra de una delicada sensibilidad. En Venecia se enuentra una serie de bajorrelieves y el grupo de Dédalo e Ícaro en el Museo Correr. Hay que señalar su grandioso mausoleo en los Frari, realizado por sus discípulos pero dibujado por el propio artista en honor a Tiziano.
Del eclecticismo hasta nuestros días
El final del s. XIX es testigo del auge del eclecticismo académico en arquitectura: neobizantino (Hotel Excelsior del Lido, 1898-1908), neorrománico y sobre todo neogótico con la Pescheria de Rupolo (1907), el palacio Cavalli-Franchetti de Camillo Boito (1895) o el curioso Mulino Stucky en la Giudecca (1883), de un gótico nórdico exhibiendo altos y dignos muros, y su torre angular coronada con una pequeña flecha.
Desde entonces en Venecia no se ha vuelto a imponer ninguna escuela: sólo algunas personalidades aisladas construyeron edificios que hoy día pertenecen al paisaje urbano, como el barrio de residencias de Santa Elena en los años 20, la estación de trenes en 1945 o la Caja de Ahorros de Nervi y Scattolin en el campo Manin (1968). Grandes arquitectos concibieron proyectos interesantes que no se han llegado a realizar, como el estadounidense Franck Lloyd Wright para una residencia de estudiantes en el Gran Canal (1953) o Le Corbusier para el hospital de la ciudad (1964).
Para finalizar, el barrio de la Bienal fue un terreno de experimentación para la arquitectura contemporánea, a pesar de que geográficamente queda al margen de la ciudad. Sin embargo, hay que recordar el pabellón austriaco de Hoffman (1933), el del venezolano Carlo Scarpa (1954) y el del finlandés Alvar Aalto (1956).
En el campo de la escultura moderna, hay que citar al veneciano Arturo Martini (1889-1947), creador de obras de gran estilización (palacio Pesaro).
La pintura veneciana: luz y color
La escuela veneciana se caracteriza por una cierta sensualidad, por la primacía del color y por una luz que consigue que los paisajes se bañen en poesía. Es un arte que refleja la condición lagunar de la ciudad, un mundo acuático en cuya superficie móvil se refleja la luz; no hay contornos definidos ni superficies lisas; una ligera niebla formada por la incesante evaporación del agua envuelve las formas produciendo unas siluetas borrosas y azulando la lontananza; esta luz tan especial, gris azulada, irisada y velada, es la que supieron captar perfectamente los artistas del s. XVIII.
Muchos de los cuadros con motivos religiosos, bíblicos o mitológicos, encargados para decorar palacios, iglesias y scuole, siguen estando en su lugar original.
Los mosaicos – Este arte, transmitido por los romanos, apareció en la laguna mucho antes que la pintura. Venecia hereda el arte de Rávena y, durante los ss. XII y XIII, se realizan los espléndidos mosaicos murales de Torcello (El Juicio final), de Murano y de la basílica de San Marcos.
La toma de Constantinopla en 1204 por los cruzados provocó la llegada a Venecia de numerosos decoradores y mosaiquistas griegos que buscaban un lugar donde ejercer su arte: a estos artistas les debemos la Pala d’Oro y los mosaicos tornasolados de San Marcos. Con ellos perdura una iconografía bíblica oriental en la que un Cristo en majestad ocupa el lugar central (ábside del presbiterio) y, a partir de ese punto, se establece una jerarquía de los temas perfectamente definida.
La técnica del mosaico se utilizará durante toda la historia de la ciudad –pero sin poder competir con la pintura– hasta llegar a las últimas obras, apagadas o grandilocuentes, de los pórticos de San Marcos realizadas entre los ss. XVI y XIX. Hay que indicar que la calidad de los mosaicos antiguos reside en la aparente mala colocación de las teselas: la luz es la encargada de dar el toque mágico a la disposición y colorido de cada pieza. Cuando las siguientes generaciones alinearon las teselas vidriadas sobre un mismo plano, no hicieron más que empobrecer la técnica.
Los primitivos
A partir del s. XIII, en Venecia aparecen artistas que realizan pinturas al fresco, proceso en el que los colores se aplican sobre una capa de cal húmeda en el momento del secado. En la actualidad se conservan pocos de estos frescos. En pintura, los artistas venecianos permanecen mucho tiempo bajo la influencia bizantina, inspirándose en temas de iconos propios de la iglesia oriental en los que la Virgen con el Niño constituyen la figura central.
Paolo Veneziano – Es el primer gran nombre de la pintura veneciana; su actividad se desarrolló entre 1333 y 1358. En sus obras, que lenta y progresivamente se liberan de los cánones bizantinos (fondos dorados, rostros mates, actitudes estereotipadas), aparecen un refinamiento decorativo y una preciosidad del grafismo que marcan una nueva iconografía, cuyas temas se tomarán prestados de Occidente (Coronación de la Virgen). La influencia gótica se empieza a notar en la elegancia de los personajes y de las formas y en una mayor plasticidad de las figuras.
En Lorenzo Veneziano (activo entre 1356 y 1379), rival de Paolo (no eran parientes), se confirma esta influencia; este pintor se caracteriza por una mayor naturalidad, por la estilización y elegancia de sus cánones, y por la delicadeza de sus colores.
El “gótico internacional” en Venecia – A principios del s. XV llegan a la ciudad los toscanos Gentile da Fabriano y Pisanello y el paduano Guariento, que decoraron el Palacio Ducal con grandes frescos murales (destruidos en los incendios del s. XVI). Con estos artistas se acentúa la importancia del “gótico internacional” de la ciudad: es un gótico precioso influido por el aporte de los toscanos en Padua (antigua decoración esculpida y, especialmente, ciclo de frescos de Giotto en la capilla de los Scrovegni) y por el arte cortesano de Ferrare (retrato).
Bajo esta doble influencia, el estilo veneciano adopta un cierto naturalismo con un elegante grafismo curvilíneo y una decoración extremadamente refinada (trajes realzados con oro) que lo acercan al estilo gótico internacional de Siena, Praga y Aviñón.
Hay que citar a Nicolò di Pietro (activo entre 1394 y 1430) y, entre los discípulos de Gentile da Fabriano, al delicado Jacobello del Fiore (activo entre 1394 y 1439) y especialmente a Michele Giambono (activo entre 1420 y 1462) de un lujo exquisito aún perfumado por sutiles efluvios orientales (San Crisógono en San Trovaso, San Miguel en la Accademia).
Los albores de un nuevo arte pictórico – A mediados del s. XV aparecen los primeros ensayos de perspectivas en las representaciones de enlosados y techos, y los segundos planos compuestos por paisajes o construcciones.
Los Vivarini de Murano introducen en Venecia un estilo que anuncia el Renacimiento, aunque el espíritu y la rica materia de sus obras evocan todavía la orfebrería gótica y las imágenes bizantinas: Antonio, el padre (activo entre 1441 y 1450), trabaja en colaboración con Giovanni d’Alemagna (Tríptico de la Virgen con el Niño entre Santos en la Accademia, polípticos en San Zaccaria); Bartolomeo, el hermano (Tríptico de San Marcos en los Frari); Alvise (1445?-1505), el hijo, que ya pertenece al Renacimiento (San Antonio de Padua en el Museo Correr, Triunfo de San Ambrosio en los Frari, Cristo llevando la cruz en San Zanipolo). Alumno de este último, Marco Basaiti (1470-1530) sigue asociado a las tradiciones del s. XV: paisajes delicados y bellos coloridos (Vocación de los hijos de Zebedeo en la Accademia).
La serenidad del Renacimiento
Con un cierto retraso respecto de la Toscana donde el Renacimiento ve la luz a principios del s. XV, en Venecia hay que esperar hasta la segunda mitad de ese siglo para que nazca y se desarrolle la fiel representación de la realidad en sus volúmenes, sus perspectivas y sus paisajes, abandonando definitivamente los abstractos fondos dorados, el academicismo bizantino y las alegrías del gótico.
Los Bellini – Esta familia, compuesta por el padre Jacopo (muerto en 1470) y sus dos hijos, Gentile (el mayor) y Giovanni, es la verdadera iniciadora de la separación de la pintura veneciana del bizantinismo y del gótico. En realidad, el fundador de la escuela veneciana es Giovanni Bellini (1430-1516, llamado Giambellini), admirador tanto de la pintura florentina, por sus formas puras e idealizadas, como de la pintura flamenca, por la luz y el realismo del dibujo. Sobre este pintor ejerció una gran influencia su maestro y cuñado, el paduano Andrea Mantegna (1431-1506), que vino a trabajar a Venecia. Apasionado por las antigüedades romanas, cuyo comercio florecía en Padua, Mantegna se forjó un estilo duro, riguroso hasta llegar a la frialdad, obsesionado por las perspectivas y preocupado por el detalle arqueológico (San Sebastián en la Ca’ d’Oro). Su estilo se atenuó bajo la influencia de Antonello da Messina que llegó a Venecia hacia 1475-1476 (Pietà en el Museo Correr) tras haber aprendido la pintura al óleo en Flandes.
Giovanni adopta también esta técnica y crea un estilo lleno de sentimientos que se caracteriza por los juegos de luces, los colores delicados, las formas elegantes y el dibujo realista procedente de Mantegna. El paisaje juega un importante papel en sus pinturas: lo integra en segundo plano con un cielo inmenso atravesado por nubes, que contribuyen a que la escena que se desarrolla en primer término sea grave, tierna o iluminada.
Giovanni Bellini es tanto el pintor de numerosas madonas llenas de gracia que miran tiernamente a un Niño rollizo y expresivo, ya dormido ya bendiciendo (Virgen de los Arbustos en la Accademia), como el autor del Cristo muerto y de las Conversaciones Sagradas (“Sacra Conversazione”) entre santos como el Políptico de San Vicente Ferrer en San Zanipolo.
Su hermano Gentile (1429-1507) fue el primer pintor oficial de Venecia, donde desarrolló una brillante carrera. Excelente retratista de los dux (Giovanni Mocenigo) también fue el creador de las “vistas” de Venecia, género que se recuperará con gran éxito en el s. XVIII. En lo sucesivo, la pintura representará escenas y personajes precisos. Así, la Procesión de las reliquias de la Santa Cruz por la plaza de San Marcos (en la Accademia) es un auténtico documento de la Venecia del s. XV: cronista riguroso, el pintor se recrea alineando las fachadas y ordenando las muchedumbres.
La madurez del primer Renacimiento – Influido por los Bellini y por Antonello da Messina, Vittore Carpaccio (1455?-1526) consigue integrar la enseñanza flamenca y su genio personal e innovador, tal y como demuestra en los grandes ciclos de pinturas que le encargaron las scuole: Milagro de la cruz en Rialto (para la Scuola di San Giovanni Evangelista), Leyenda de Santa Úrsula (Accademia) en la que el pintor representa una Bretaña fantástica en un decorado del Renacimiento veneciano, Historia de San Jorge y de San Jerónimo (Scuola di San Giorgio degli Schiavoni) en la que evoca un Oriente exótico. Heredero directo de Gentile Bellini, Carpaccio le supera por su sensibilidad y por su talento de narrador, tan ameno y lleno de imaginación como preciso. Incluso llega a armonizar su inclinación de miniaturista con su amor por las amplias perspectivas. En sus paisajes, que tienen gran importancia en el cuadro, aparecen plantas silvestres, florecillas y todo tipo de animales inesperados: perros, pájaros, conejos, pavos reales, loros o ciervos, así como construcciones del Renacimiento inspiradas en los lombardos, con sus mármoles y su exotismo turco (palmeras, turbantes moros). Su arte se caracteriza por la precisión de los trazos, la suavidad de la luz, los colores armónicos y melodiosos, el estudio de la composición, los efectos de las muchedumbres y la importancia de la documentación respecto a los trajes.
Cima da Conegliano (Giambattista Cima, 1459-1518), influido por Giovanni Bellini en el uso de la luz y por Carpaccio en la minuciosidad de los detalles, dibuja personajes benévolos en espléndidos paisajes con cielos luminosos (Virgen de la naranja en la Accademia, Adoración de los pastores en la iglesia dei Carmini). A finales del s. XV, la serenidad de las imágenes venecianas, como momentos de eternidad, alcanza su madurez.
La reforma de Giorgione – Giorgio di Castelfranco (1475-1510), llamado Giorgione revolucionó la pintura a principios del s. XVI y triunfó a pesar de su corta vida: murió a los 34 años. Considerado el primer artista moderno en la historia de la pintura, Giorgione fue un hombre del Renacimiento, un humanista cuyas obras son intelectuales y esotéricas, y frecuentemente sometidas a diferentes interpretaciones. En sus cuadros poéticos y soñadores siempre aparecen alusiones literarias, musicales o filosóficas: en La tempestad encontramos el sentido de lo efímero y de la fragilidad, mientras que en La vieja se representa el paso del tiempo (ambas obras en la Accademia). A este autor se le atribuyen pocas obras con total certeza. Su estilo es más sensual que clásico. El paisaje ocupa un lugar esencial mientras que el hombre deja de ser el centro del cuadro: la naturaleza se convierte en la auténtica protagonista mientras que lo humano se reduce a un simple elemento de la naturaleza (como en La tempestad).
Palma el Viejo (1480-1528) sigue sus pasos, aunque también estuvo influenciado por Tiziano en el juego de luces, la yuxtaposición de los colores y la composición asimétrica de los retablos. Es el autor de La Santa conversación y del retrato de Paolo Priuli (colección Querini-Stampalia). Su estilo no tiene el peso de sus maestros pero ofrece el atractivo de una pintura ricamente coloreada, opulenta y generosa.
Lorenzo Lotto (1480-1556), originario de Bérgamo, es otra gran figura del inicio del s. XVI. Con una estética muy personal, inquieta y extraña, este artista está influido por el realismo del detalle de Durero (que llega a Venecia hacia 1495) y es un amante de los efectos audaces (Retrato de un gentilhombre en la Accademia). Combate la vía sensual y coloreada del giorgionismo y de Tiziano para aliarse con los últimos representantes del estilo agudo y frío, debido a la precisión de los volúmenes, como Alvise Vivarini.
Los grandes maestros a partir del s. XVI
La pintura veneciana alcanza su esplendor durante el s. XVI: es la época de los grandes maestros de renombre europeo así como la de los pintores de talento que, sin revolucionar su arte pero compitiendo entre sí, dan amplitud y fuerza a la escuela veneciana.
Tiziano – Es el pintor más célebre y el más solicitado de su época. Tiziano Vecellio (1485?-1576) consiguió que la pintura veneciana alcanzara su plena madurez. Nació en Pieve di Cadore y falleció a la edad de 90 años en plena actividad. Fue discípulo de Giovanni Bellini y seguidamente fue influenciado de manera capital por Giorgione (de quien terminó algunas obras) y por Rafael. Autor de grandes retablos en iglesias (Frari) o en scuole (la Carità), da prioridad al color antes que a la forma, utiliza colores brillantes, anima sus obras con un dinamismo audaz y crea efectos de halo (Asunción en los Frari, El martirio de San Lorenzo en la iglesia de los Jesuitas). Su arte traspasa los límites de Venecia y Tiziano realiza retratos de los personajes más importantes de su época en Ferrara, Mantua, Florencia y Urbino, efectuando trabajos para el papa, Francisco I y Carlos V, que le nombra conde palatino en 1534.
Al inicio de su carrera mantiene un estilo asentado y clásico, pero entre 1535 y 1545 Tiziano sigue la tendencia manierista que recorre la península antes de recuperar la serenidad necesaria para alcanzar la monumentalidad. Al final de su vida, la atmósfera dramática de algunas de sus pinturas (Pietà en la Accademia) muestra el misticismo del artista al acercarse su muerte.
A este artista le debemos el haber renovado el concepto de retablo veneciano abandonando la simetría en la composición (Virgen de la familia Pesaro en los Frari), el haber jugado con el color sobre grandes masas sencillas, pero equilibradas, que no se funden en una única tonalidad y el haber llevado a la pintura hasta una grandiosidad suntuosa y triunfal.
Tintoretto – En esa misma época aparece el genio de Jacopo Robusti (1518-1594), llamado Tintoretto; fue el pintor más original y prolífico de Venecia. Hijo de un tintorero (de ahí su nombre), nunca salió de Venecia (excepto posiblemente un viaje a Roma) y no conoció el éxito. Trabajador empedernido y apasionado, asimiló las lecciones de Miguel Ángel y prefirió los personajes bíblicos a los temas sobre la Antigüedad (Scuola di San Rocco) y las presentaciones populares a los fastos de la nobleza. Fue un visionario que desarrolló un estilo violento, mezcla de precisión rápida y de suavidad, lírico, con una técnica poderosa en la que el movimiento se acentúa con el juego de personajes dispuestos en grupos y con las líneas divergentes de la composición (Crucifixión en la Scuola di San Rocco). El uso de claroscuros, de colores que contrastan entre sí, la estilización de los personajes, los sorprendentes acortamientos y la luz espectral que decolora los personajes o las arquitecturas contribuyen a reforzar la atmósfera dramática de sus obras, ya de por sí manieristas.
Sus mejores trabajos, realizados para iglesias, scuole y el Palacio Ducal, son Los milagros de San Marcos pintados para la Scuola di San Marcos (en la Accademia), Las bodas de Caná (iglesia de la Salute), El Paraíso (sala del Gran Consejo en el Palacio Ducal), el ciclo del Triunfo de Venecia (sala de las Quattro Porte en el Palacio Ducal), La Presentación de la Virgen en el templo (iglesia de la Madonna dell’Orto) y, sobre todo, las 50 pinturas de la Scuola di San Rocco, en las que trabajó durante 23 años y que constituyen el mayor ciclo de pinturas de Venecia. Su hijo, Domenico Tintoretto, colaboró con él.
El Veronés – Al contrario que su rival Tintoretto, Paolo Caliari (1528-1588), nacido en Verona (de ahí su apodo), pinta la fastuosa vida de los ricos e insaciables patricios del Renacimiento, utiliza colores luminosos (el famoso “verde Veronés”) y hace brillar los tejidos en una optimista teatralidad. Llena de alegría, de fantasía y de espontaneidad, su pintura, marcada por una luz primaveral, se vuelve más sombría y melancólica al final de su vida bajo la influencia de los claroscuros de Tintoretto y de los Bassano. El Veronés llena las paredes y los techos del Palacio Ducal de escenas mitológicas (Apoteosis de Venecia). Realiza una serie de grandiosas cenas en los refectorios de los conventos venecianos, entre los que se encuentra la famosa Cena en casa de Levi (Accademia), gigantesca tela realizada para el convento de los dominicos de San Zanipolo, cena totalmente profana, pretexto para una grandiosa puesta en escena. El Veronés también es el autor de la magistral decoración de la iglesia de San Sebastiano, donde fue enterrado a petición suya: la Historia de la reina Esther (en el techo) recuerda “una antigua carrera de carros”.
El manierismo en Venecia
Aunque Tintoretto estuvo influido tanto por Tiziano como por Miguel Ángel, al igual que Veronés lo estuvo por Bellini, Giorgione y Rafael, su creatividad, junto con la de Tiziano, fue muy poderosa e influyó tanto en sus contemporáneos como en las generaciones posteriores y dio lugar al nacimiento del manierismo veneciano.
Los seguidores de Tiziano fueron numerosos: Palma el Viejo (muerto en 1528) ya mostró su influencia y tras él vinieron el Pordenone (1483?-1539) que trabajó con éxito en Venecia entre 1535 y 1538, y Paris Bordone (1500-1571) que recalcó la arquitectura veneciana del Renacimiento (Entrega del anillo al dux en la Accademia, Martirio de San Teodoro en San Salvador), exagerando a veces los efectos y variando los colores. Palma el Joven (1548-1628), nieto de Palma el Viejo, es un pintor de ceremoniales bastante prolífico cuyas obras decoran casi todas las iglesias de la ciudad.
Dentro de la sensualidad y de los colores sedosos característicos de Giorgione y de Tiziano, Andrea Schiavone (1510?-1563) desarrolló un manierismo irrealista, longilíneo e inquieto, en el que también influye Parmigianino.
Impresionado por la pintura de Tintoretto, Jacopo Bassano (Jacopo da Ponte, 1512-1592) muestra un excesivo naturalismo (San Jerónimo en meditación, en la Accademia) y utiliza efectos de luz para crear una intensidad impresionante (Natividad en San Giorgio Maggiore). Sus hijos Leandro y Francesco mantienen también esa necesidad de naturaleza y de verdad, de mundo pastoral y rústico que invade a todos los personajes, religiosos y profanos.
En el s. XVII hay que mencionar a: Pietro Liberi$ por sus cuadros de costumbres, el retratista Sebastiano Bombelli$ (procuradores y senadores), Pellegrini$, Lazzarini$ por sus cuadros mitológicos, el pintor barroco Francesco Maffei y Andrea Vicentino por sus pinturas históricas.
El resurgimiento del s. XVIII
La pintura veneciana, que se había apagado un poco durante el s. XVII bajo la sombra de las grandes personalidades del siglo anterior o del barroco romano, encuentra un nuevo rayo de creatividad y de gloria en la época de las fiestas galantes y de las luces.
Los pintores del barroco – Siguiendo con cierto retraso el ejemplo de los grandes decoradores romanos y florentinos de los ss. XVI y XVII, Venecia se lanza tras las huellas ya lejanas del Veronés (en las villas paladianas de tierra firme) en lo referente a la decoración de paredes y techos de iglesias y palacios.
Sebastiano Ricci (1659-1734), pintor barroco, es el autor de muchos cuadros para iglesias. Su estilo lírico se caracteriza por la luminosidad de los colores y la inspiración de la composición (Madona con los santos en San Giorgio Maggiore). Con Giambattista Piazzetta (1682-1754), maestro de la pintura religiosa de su tiempo, nacen las grandes composiciones para los techos en las que los personajes, observados desde ángulos vertiginosos, se acercan a la luz divina apoyándose sobre nubes tormentosas (La gloria de Santo Domingo en San Zanipolo). Este artista, que también pinta temas populares, utiliza el claroscuro (La echadora de buenaventura en la Accademia).
Piazzetta influyó en el autor más grande del siglo: Giambattista Tiepolo (1696-1770), genial artista barroco de Venecia y creador de grandes composiciones llenas de virtuosismo, con colores suaves, bañadas por una luz dorada y con inmensos cielos vaporosos. Autor de amplios cuadros de altares y de grandes frescos en los techos (palacio Labia, Scuola del Carmini, iglesia de los Jesuitas, Ca’ Rezzonico, etc.), Tiepolo trata personajes mitológicos, religiosos (Virgen del Carmelo en los Carmini) y las grandes Virtudes presentadas en arquitecturas grandiosas.
Retratos y escenas de género – Cuando en el interior de las mansiones nobles (y de las burguesas) se empezó a valorar la intimidad, apareció una nueva clientela que solicitaba retratos, género en el que Rosalba Carriera (1675-1758), con sus delicados y vibrantes pasteles, tuvo un éxito internacional (Ca’ Rezzonico, Accademia); otro famoso retratista fue Alessandro Longhi.
Otra novedad referente a la vida privada y cotidiana que aparece en la Venecia del s. XVIII es el gusto por las pequeñas escenas íntimas de Pietro Longhi (1702-1785), por sus mascaradas (El Nuevo Mundo), sus bailes (la Fornale) y sus escenas de caza de patos en la laguna que muestran un agudo sentido de la observación (Ca’ Rezzonico, colección Querini-Stampalia).
Los “vedutistas” – Tras las escenas de género sin alusiones religiosas, alegóricas o mitológicas, la pintura descubre también la representación del paisaje por sí mismo. Hablamos de las “vistas” (vedute en italiano) de Venecia, con las que destaca Canaletto (Antonio Canal, 1697-1768). Este pintor describe minuciosamente la vida de la ciudad; la visión que nos presenta se asemeja a una fotografía, aunque exagera las perspectivas y a veces pinta las construcciones como si fuesen decorados de teatro. También es el pintor de las fiestas y de las regatas. En la ciudad se conservan pocos ejemplares de estas “vistas”: los visitantes extranjeros de paso por Venecia encargaban estas obras como “tarjetas postales” de recuerdo, por lo que se dispersaron por toda Europa.
Canaletto inspiró a numerosos pintores como Bernardo Bellotto (1720-1780), pariente y discípulo, así como a otros artistas que pintaron Venecia, sus fiestas, sus palacios y sus nobles en los últimos vestigios de una gloria que no era sino la de su arte.
Muy diferente de Canaletto, Francesco Guardi (1712-1793) es muy sensible al ambiente. Su visión ya no es fotográfica, sus dibujos están tratados con toques temblorosos y sabe captar las ondulaciones del agua y la vibración de la luz. Por ello, a veces se le considera el precursor de los impresionistas. Además de las vistas de la laguna, pintó junto con su hermano Gian Antonio, escenas de la vida diaria que recuerdan la obra de Pietro Longhi: el Locutorio de las religiosas, el Ridotto –famosa casa de juegos veneciana– (Ca’ Rezzonico), y, en un género totalmente distinto, escenas de la vida de Tobías que decoran la caja del órgano de la iglesia del Angelo Raffaele.
Alejándose del estilo de su padre, Giandomenico Tiepolo, además del Vía Crucis en la iglesia de San Polo, pinta con ironía y una gran libertad de expresión la sociedad veneciana del s. XVIII, de veraneo en la orilla del Brenta, representándola en forma de polichinelas (frescos realizados para la Villa Zianigo que hoy pueden visitarse en Ca’ Rezzonico).
La época moderna y contemporánea
Desde el s. XIX hasta inicios del XX, la pintura veneciana mantiene un estilo académico con paisajes y vistas de la ciudad de Caffi y de Ciardi, fieles a la tradición vedutista del s. XVIII, y excelentes retratos de Alessandro Milesi.
Bajo la influencia de las grandes corrientes artísticas europeas de principios del s. XX, algunos pintores realizan obras interesantes (expuestas en el Museo de Arte Moderno de la Ca’ Pesaro). Entre ellos se encuentra Zandomeneghi que pertenece al grupo toscano de los “Macchiaioli” (precursores de un cierto impresionismo, trasladan sus caballetes al exterior y optan por el color, la pincelada simplificadora y la inspiración naturalista), Boccioni que pinta con un estilo similar al de Signac (El Gran Canal), Fragiacomo, impresionista influido por Turner (Plaza de San Marcos) y Casaroti, pintor simbolista y retratista.
A los pintores de la escuela de Burano les gusta representar las islas de la laguna aplicando las enseñanzas de Van Gogh, Gauguin y Cézanne, y las de los post-impresionistas Bonnard y Vuillard: entre éstos citaremos a Moggioli, Gino Rossi, Sibellato, Semeghini, etc.

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