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Sólo se encuentran en Venecia...
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El universo de la laguna, cuna inhóspita en la que casi por arte de magia ha nacido Venecia, ha exigido de sus habitantes una gran capacidad de adaptación y un extraordinario espíritu de iniciativa.
Para no quedar sumergidos en las aguas, una veces altas y otras veces bajas, y encontrar puntos de referencia en medio de la infinidad de islas que salpican la laguna, los venecianos han inventado la góndola, han construido cientos de puentes y han plantado un auténtico bosque de pilotes.
La góndola
No se puede fechar con exactitud la aparición de la embarcación más célebre de la Serenísima. Sea cuando sea, el término de gundula ya se menciona en un decreto del dux Vitale Falier en 1094, a pesar de que aquella embarcación, de aspecto macizo y provista de toda una tripulación de remeros, no debía tener mucho en común con la elegancia de la góndola actual.
En el s. XV, encontramos pequeñas barcas cubiertas en su parte central con una tela extendida y adornadas con decoraciones metálicas en la proa y en la popa. A finales de ese siglo, el casco se alarga y se aligera, la proa y la popa se levantan y se añade la felze (especie de cabina fija que servía para proteger a los pasajeros en caso de mal tiempo). Algunas góndolas se adornaban con proas doradas, otras se pintaban de vivos colores y se tapizaban con sedas y terciopelos, y resplandecían bajo los reflejos de los ornamentos de latón. La popa y la proa también llevaban el escudo de la familia propietaria de la góndola.
A partir del s. XVII, se impone una estética más austera que se mantiene al extenderse el uso del color negro. Algunos quieren interpretarlo como una señal de luto, pero esta idea no es correcta pues en Venecia el color de luto era el rojo.
En la actualidad, las góndolas miden casi 11 m de largo, 1,42 m de ancho y están compuestas por 280 piezas de madera diferentes.
La construcción de una góndola – El taller en el que se construyen y reparan las góndolas en Venecia se denomina squero. Antiguamente, la mayoría de los squeri pertenecían a familias procedentes de la región de Cadore en los Dolomitas, como evidencian sus viviendas de madera, rodeadas por un corredor similar al de los chalets de las montañas.
El ferro (hierro), que antiguamente adornaba tanto la parte anterior como la posterior, es sin lugar a dudas la parte más típica y original de la góndola. En sus principios se creó para proteger la embarcación de los golpes, pero en la actualidad el hierro de proa sirve como contrapeso del gondolero y como referencia para pasar más fácilmente por los pasos muy estrechos. Se piensa que la parte encorvada representaría el bonete ducal (corno), mientras que los seis dientes evocarían los seis sestieri (barrios) que forman Venecia... quedando la isla de la Giudeccala simbolizada por el séptimo diente, que mira hacia la góndola.
La forcola (escálamo) es una escultura realizada en la veta del nogal; su forma confiere una gran movilidad al remo que se apoya sobre ella. Éste está fabricado en una sola pieza de madera de haya muy seca y respetando siempre la dirección de la fibra de madera. Las personas detallistas descubrirán los dos caballitos de mar de latón en los que se atan las correas de los asientos.
Pilotes de balizaje y amarre
Para poder pasar por los canales navegables sin riesgo de embarrancarse, ya sea en góndola, en vaporetto o en cualquier otro tipo de pequeña embarcación, es necesario respetar los límites de navegación marcados con los bricole o postes de amarre (grupos formados por una decena de estacas atadas en un haz). Estos bricole llevan unas marcas blancas en la parte superior, pero sólo por el lado de la vía navegable, y unos números pintados que sirven para ubicarlos en los mapas y para su identificación por los servicios de mantenimiento, puesto que el movimiento de las mareas daña la madera de los pilotes y hace que su renovación sea necesaria cada 20 años.
Los dame señalan la entrada de un canal o la aproximación de un cruce. Son también pilotes atados entre sí formando un haz, pero de menor tamaño que los anteriores, puesto que están formados por pilotes más finos y en menor cantidad (normalmente tres o cuatro).
Los paline son unos delgados pilotes de amarraje formado por un único elemento de madera. En ellos se atan las embarcaciones privadas. Los más bonitos están pintados con bandas de vivos colores en forma de espiral y se yerguen orgullosamente delante de los principales palacios del Gran Canal. Reservados antiguamente a la nobleza, los colores de los paline eran los de las familias a las que pertenecían los amarres.
Los puentes
Los aproximadamente 400 puentes venecianos, que hoy surcan alegremente las embarcaciones durante la carrera Su e zo per i ponti, no disponían de parapeto, como el ponte Chiodo. Esto propiciaba las llamadas “guerras de puños” en las que se veían envueltas los bandos rivales de los Castellani y de los Nicolotti.
Los proyectos de puentes de tres arcos nunca tuvieron excesivo éxito. Casi todos los puentes de Venecia son pues de arco único. Su construcción se realiza según un riguroso esquema: primero se vacía el canal, seguidamente se construyen los diques de contención, se colocan las cerchas y se erigen la imposta y la fábrica. El “toque final” viene dado por los escalones y pretiles.
Puede que en este proceso no haya nada de extraordinario, pero un puente veneciano no es como los demás, al menos para los venecianos, acostumbrados a expresar las distancias dentro de su ciudad en campi, calli y ponti y que hasta para entrar en sus casas tienen que utilizar a menudo un pequeño puente privado (pontezèlo).
Los venecianos se han ido acostumbrando a convivir con los 400 puentes actuales y a sus 10.000 escalones: hasta el s. XIX, sólo un puente atravesaba el Canal Grande. Cuando nació siete siglos antes, era un humilde puente de barcas. Las piedras y los ladrillos actuales reemplazan la madera de antaño, de una época en la que casi no se oía hablar del ocio del ponte, es decir, el arco de medio punto, puesto que la mayoría de los puentes eran llanos para facilitar el paso a los caballos. El puente de Rialto, por ejemplo, no siempre ha tenido el aspecto que presenta en la actualidad: a finales del s. XV era de madera y en su parte central tenía dos partes móviles, tal y como se puede apreciar en la obra Milagro de la reliquia de la Vera Cruz de Carpaccio.
Aunque el puente de los Suspiros sigue provocando en los visitantes la misma emoción que antiguamente se supone que suscitaba a los prisioneros que lo atravesaban, provocando tanto en éstos como en aquéllos un romántico suspiro, la importancia de un puente actualmente se mide en otros términos, por ejemplo, por el número de arcos. En este caso, el récord lo ostenta sin lugar a dudas el puente ferroviario que, además de poseer 222 arcos, constituye desde 1841 el camino de entrada a un pasado de leyenda.

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