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En Italia del norte se encuentran algunos de los teatros más famosos del mundo: la Scala de Milán (p. 90 y 240), el Teatro Regio de Turín, la Fenice de Venecia, el Teatro Carlo Felice de Génova, el Teatro Olímpico de Vicenza o la Arena de Verona.

En el s. XVI nació en Cremona Claudio Monteverdi (1567-1643), uno de los grandes nombres de la música en Italia del norte. Este veneciano de adopción es considerado como el precursor de la ópera “moderna”. Antonio Vivaldi (1678-1741), otro vene­ciano, continúa siendo el maestro indiscutible del concierto barroco (de los que compuso 478). En el s. XIX, dos grandes figuras de la ópera marcaron el paisaje musical. Giuseppe Verdi (1813-1901), apodado “el cisne de Busseto” por el pueblo de la provincia de Parma donde nació, no fue admitido en el conservatorio de Milán que hoy lleva su nombre. Ese fracaso inicial no le impidió componer varias decenas de obras (entre ellas La Traviata, El trobador o Nabucco) y triunfar en los grandes teatros de la península, Viena y París. Gaetano Donizetti (1797-1848), natural de Bérgamo, compuso célebres melodramas como Lucia di Lammermoor y El elixir de amor. Pasó sus últimos años en París, reanudando así un hilo transalpino que unía Francia e Italia desde Jachet de Mantua, compositor bretón del Renacimiento que terminó sus días como maestro de capilla en la corte de los Gonzaga.

Ese hilo ininterrumpido nos conduce hasta Luciano Berio (1925-2003), que trabajó en el Ircam de París. Figura de vanguardia, fue uno de los primeros compositores italianos que se adentró en la música electrónica.

Desde Niccolò Paganini (1782-1840), natural de Génova, Italia del norte ha visto nacer a grandes intérpretes de música clásica: Arturo Benedetti Michelangeli (1920-1995), nacido en Brescia, virtuoso pianista (el Festival Internacional de Bérgamo y Brescia lleva su nombre); el milanés Maurizio Pollini (1942), laureado del concurso Chopin en 1960; o el violinista prodigio Uto Ughi, nacido en 1944 en la provincia de Varese. Sin olvidar a los directores de orquesta: el parmesano Arturo Toscanini (1867-1957) y el milanés Claudio Abbado (n. 1933).

En los escenarios españoles no suele faltar la presencia de cantantes de Italia del norte, como el abogado y músico Paolo Conte (n. 1937) o su émulo Gianmaria Testa (n. 1958).

Aunque la música ligera ha encontrado intérpretes como los lombardos Enzo Jannacci (n. 1935) o Giorgio Gaber (1939-2003), figura del “café cantante”, Adriano Celentano (n. 1938), cantante y show man que ha vendido más de 70 millones de discos, Vasco Rossi (1952), el rockero de Módena o incluso Mina Mazzini (1940), la “tigresa de Cremona”, prima donna de las variedades italianas de las décadas de 1960 y 1970, es en Liguria donde realmente existe una verdadera escuela de la música popular; no en vano en San Remo se celebra desde 1950 el popular Festival della Canzone Italiana. De esa escuela genovesa han salido Fabrizio De André (1940-1999), el “Brassens italiano”, el intimista Gino Paoli (n. 1934) o Luigi Tenco (1938 -1967), cantante comprometido.

Citemos igualmente a dos cantautores originarios de la Emilia-Romaña: Francesco Guccini (n. 1940) quien desde hace treinta años termina todos sus conciertos con el magnífico y poético himno anarquista La locomotora, y Lucio Dalla (n. 1943), autor de Caruso, considerada una de las más bellas canciones italianas y escrita como homenaje al tenor Luciano Pavarotti.