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El escudo de Amsterdam

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El escudo de Amsterdam


Sus Orígenes

Los blasones con bandas de cruces de San Andrés aparecen por primera vez en la región amsterdamesa en el s. XIII como representación simbólica de una familia de la ciudad. A partir del siglo siguiente, el sello de algunos regidores presenta el mismo motivo, cuyo origen exacto se desconoce. Sin embargo, es muy probable que estas cruces no hicieran referencia a Andrés, el hermano de San Pedro martirizado en una cruz en forma de aspa, sino que hubieran sido elegidas por la simplicidad de su simbolismo. En aquellos tiempos en los que la escritura no estaba al alcance de todos, era importante elegir una señal visual suficientemente unívoca para determinar inmediatamente el origen de las mercancías o de las personas.

No obstante, el más antiguo sello conservado de la ciudad, que data de 1347, no posee estas cruces, sino un barco –símbolo del comercio– y el león de los condes de Holanda, dueños desde 1317 de la región del Amstel.

Las tres cruces de San Andrés aparecen por primera vez en el sello de la ciudad hacia 1419, acompañadas de la coca medieval, barco que continuará adornando el sello amsterdamés hasta finales del s. XVIII.


El barco, una leyenda y una realidad

Según cuenta la leyenda, tras huir de su país, un príncipe noruego estuvo a la deriva días y días en compañía de un perro y un pescador frisón en una embarcación averiada, que finalmente encalló en las riberas del Ij. Al poner el pie en la orilla hacia el año 1200, el hombre habría fundado Amsterdam. Este episodio alegórico se evoca en el tímpano de la casa sita en el no 235 del Prinsengracht.

Más en serio, la ciudad tenía ya, a mediados del s. XIV, una importante actividad comercial con el Báltico. La coca, barco de un solo mástil y considerable anchura había reducido sensiblemente los costes de transporte al limitar los riesgos de naufragio. Otras ciudades comerciales como Lübeck, en el estuario del Trave en el mar Báltico, o Damme, cerca de Brujas, utilizaban sellos de mercancías que representaban este tipo de navío. Así pues, en homenaje a esta nave, las autoridades municipales de Amsterdam decidieron colocar un barco en su sello.


Un balsón con corona

Después de que Felipe el Bueno, duque de Borgoña, se apoderara de Holanda y Zelanda, Amsterdam se convirtió a mediados del s. XV en la capital económica de Holanda. Si bien no era miembro de la Hansa teutónica, Amsterdam era uno de los principales centros holandeses del comercio hanseático. La ciudad conoció así un auge que la convirtió en una urbe rica, rival de Hamburgo y Bremen.

En 1488, el emperador Maximiliano I de Austria, arruinado una vez más, hubo de hacer frente a las revueltas flamencas y particularmente a la revuelta de la ciudad de Gante. Aprovechando la ocasión, Amsterdam se ofreció a prestarle las 10.000 libras flamencas que necesitaba y él, a fin de agradecer a los habitantes su gesto y lealtad, les concedió, al año siguiente, el derecho a poner en el escudo de armas de su ciudad “la corona de su imperio”. La mención era importante pues en 1493, Maximiliano sucedió a Federico III como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y la población no tardó en plantearse una pregunta a propósito de esa corona a la que tenían derecho: ¿se trataba de la corona de los Habsburgo o de la corona romana? La indecisión, incluso la inquietud, se intensificó por las pretensiones de Francisco I a la santa corona y persistió así hasta la subida en 1519 de Carlos V al trono del Sacro Imperio. La corona de mitra azul empezó a aparecer a partir de ese momento sobre las tres cruces de San Andrés amsterdamesas: en 1555, en una vidriera de la Oude Kerk; en 1631, en la cúspide del campanario de la Westerkerk. Hasta hoy no se ha podido determinar con toda seguridad el origen de los colores rojo y negro presentes en el escudo de armas, pero los historiógrafos señalan que el león se duplicó a principios del s. XVI.


El escudo definitivo

El escudo de Amsterdam ha ido cambiando con el tiempo, principalmente cuando Luis Bonaparte, rey de Holanda, abdicó en 1810. Inmediatamente después de haberse incorporado el país al imperio francés, se intercalaron abejas napoleónicas entre las cruces de San Andrés y la corona.

Con tantas modificaciones, ya nadie sabía cuál era exactamente el diseño del escudo de la capital. A finales del s. XIX se encomendó al archivero de la ciudad la misión de recuperar el diploma original del blasón municipal, redactado en 1489 bajo Maximiliano I. Esas investigaciones permitieron saber que la corona de los Habsburgo había cambiado en 1806 cuando Francisco II renunció al trono del Sacro Imperio Romano Germánico. En 1898 se adoptó la heráldica definitiva: se escogió la corona del imperio austríaco y la mitra azul y los leones se volvieron dorados.

Por último, el 29 de marzo de 1947, a fin de agradecer la actitud de los amsterdameses durante la ocupación alemana, la reina Guillermina concedió a la ciudad el derecho a añadir a su escudo las palabras Heldhaftig, Vastberaden y Barmhartig, es decir “heroica, firme, caritativa”.


Un motivo urbano

Las tres cruces de San Andrés constituyen un motivo de formidable simplicidad que la ciudad no ha dejado de explotar como símbolo de Amsterdam. El visitante lo encuentra a menudo en los folletos de la Oficina de Turismo, en los miles de Amsterdammertjes (“amsterdamecitos”), esos postes que impiden aparcar los coches sobre las aceras, en los vehículos municipales, en las banderas del equipo de fútbol del Ajax, en numerosos zuecos vendidos a los turistas, en la forma de las farolas que se extienden a lo largo del Rokin, en los cajetines de distribución de electricidad, etcétera.