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Nacimiento de una dinastía: los Orange-Nassau

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Nacimiento de una dinastía: los Orange-Nassau


Los países bajos a mediadio del siglo XVI

Carlos V y la unidad territorial – Después de heredar los Países Bajos en 1515, Carlos V llevó a cabo una fructuosa política de unidad territorial: 1523, anexión de Frisia; 1527, obtención del obispado de Utrecht; 1528, toma de Overijssel; 1536, incorporación de Groninga y Drenthe. Al año siguiente, una pragmática rige el conjunto de las 17 provincias de los Países Bajos.

Por otra parte, el emperador instaló su corte en la capital del Brabante, apareciendo Bruselas como la capital de los Países Bajos pero también del imperio de los Habsburgo. Deseoso de no herir susceptibilidades, el monarca concedió hábilmente a Amsterdam el monopolio del comercio danés en 1544. Sin embargo, el dominio imperial de Carlos V era demasiado extenso: por todas partes la administración de los Estados se hacía problemática, la autoridad se debilitaba, y ello a pesar de la capacidad de María de Hungría, regente de los Países Bajos y propia hermana de Carlos.

La política católica de Felipe II – Al abdicar en 1555, el emperador Carlos V cedió sus posesiones austríacas a su hermano Fernando I y sus posesiones españolas y los Países Bajos a su hijo Felipe II. Este último, “en cuyo imperio no se ponía el sol”, a diferencia de su padre, soberano cosmopolita y viajero, nació en España, se educó en el país y no salió de él más que en ocasiones excepcionales hasta su muerte en 1598. Políticamente, este rey, al que más de una vez se ha descrito como soberbio y melancólico, tuvo un objetivo capital: defender el catolicismo, tanto en España como en sus otros territorios.

La herejía hundía sus raíces en la miseria de las clases populares y se desarrollaba al amparo de la Reforma. En España, la Inquisición mantuvo, bajo el mando de Felipe II, una guerra implacable contra los reformados, hasta tal punto que en 1571 el rey pudo considerar legítimamente que la unidad de la fe era un hecho.

A pesar de sus diferencias, las 17 provincias de los Países Bajos compartían un mismo ideal de libertad. Las ciudades de Flandes gozaban de antiguos privilegios, cada provincia tenía sus diputados y los Estados Generales se reunían en Bruselas. Además, Carlos V había sido más bien respetuoso con el particularismo de los Países Bajos, cuyo destino iba a cambiar por completo debido a la cuestión religiosa.


El príncipe de Orange

El “Santo Oficio” del rey de España – Ante la penetración del calvinismo y el anabaptismo en los Países Bajos, Felipe II decidió someter el país al mismo régimen que España. Hija de Carlos V, Margarita de Parma fue nombrada gobernadora de los Países Bajos españoles y, poco antes de 1560, recibió de su hermano el encargo de aplicar sus medidas, un ejemplo de las cuales fue la creación de 14 nuevos obispados para controlar la persecución.

Poco a poco se organizó una resistencia que se concretó en 1566 en el “Compromiso de Breda” por el que los nobles pedían la abolición de la Inquisición. El mismo año estalló el movimiento iconoclasta llamado Beeldenstorm (la rebelión), que devastó los monasterios de Flandes y Holanda. En 1567, Felipe II respondió a la rebelión enviando a Álvarez de Toledo, duque de Alba, que comandaba los temibles Tercios de su infantería. Desde su llegada a Bruselas, el duque creó un Consejo de disturbios, al que pronto se denominó “Consejo de la sangre” a causa de los pillajes y las numerosas ejecuciones que decretaba.

Guillermo el Taciturno – Incluso antes de que comenzara lo que más tarde se denominaría la Guerra de los Ochenta Años, se alzaron en contra de la política tiránica de Felipe II algunos nobles como los condes de Egmont y de Hornes (v. árbol genealógico) y Guillermo de Nassau, señor de Breda, marqués de Amberes, príncipe de Orange.

Nacido en 1533, en el Castillo de Dillenburg (en el Hesse actual), Guillermo, todavía niño, heredó en 1544 las posesiones de su primo Renato de Chalon, a saber, tierras en los Países Bajos y Borgoña, así como el principado soberano de Orange –el título principesco había sido concedido a Beltrán I de Provenza por el emperador Federico I en 1181– en el condado del mismo nombre. La condición que impuso Carlos V a esta herencia de repercusión político-militar capital fue que este niño alemán y protestante (luterano) de nacimiento fuera educado en la corte de María de Hungría y se convirtiera al catolicismo. Así fue como Guillermo vivió en Breda y se convirtió en un caballero neerlandés muy apreciado por el emperador, del que recibió importantes atribuciones en 1552.

Antes de volver a España en 1559, Felipe II nombró a Guillermo caballero del Toisón de Oro en 1556 y lo designó miembro del Consejo de Estado de Bruselas en 1558. Un año más tarde lo nombró incluso estatúder de Holanda, Zelanda y Utrecht, título que, antes que él, ya habían recibido dos condes de Nassau: Enrique III y Renato de Chalon. En este puesto, Guillermo no tardó en dar pruebas de su compromiso a favor de la tolerancia, manteniéndose lo más apartado posible de la represión que su figura encarnaba. Protestante de nacimiento, católico de educación, este príncipe se encontró rápidamente frente al dilema de qué postura adoptar. Además, ¿qué sentido oculto tenían sus diversas alianzas, tanto matrimoniales como políticas? ¿Era rebelde o aliado del rey, su señor? Precisamente este carácter indefinido con el que supo encubrir su personalidad es lo que impulsó a sus enemigos a darle el sobrenombre de Guillermo “el Taciturno”.


La hora de la rebelión

Guillermo toma las armas – Llegamos a 1568. En esta fecha, Guillermo ya no cree en una reconciliación entre el rey y sus súbditos neerlandeses. Tras el Beeldenstorm y la derrota de los calvinistas en Amberes por las tropas de Margarita de Parma, se dirige a Dillenburg en la primavera de 1567 al sentirse amenazado. Además, la terrible represión ejercida por el duque de Alba ya se ha convertido en una verdadera tragedia para los Países Bajos (1.000 ejecuciones de las 1.200 condenas). Desde ese momento, el príncipe católico vuelve a ser abiertamente luterano y pide ayuda a los príncipes alemanes. Vuelve a los Países Bajos, pero a la cabeza de un poderoso ejército al que tiene que pagar. La resistencia ya no es sólo ideológica; comienza la Guerra de los Ochenta Años.

Durante cuatro años, Guillermo lanza campañas desesperadas: por una parte, la población, aterrorizada no lo sigue, por otra, el duque de Alba, hombre de guerra, no tiene ninguna dificultad en rechazar sus ataques. Inteligente y tenaz, Guillermo no tardará en conocer el sabor, a la vez embriagador y amargo, de la victoria.

Toma de Brielle por los Gueux y asesinato de Guillermo – El 1 de abril de 1572, los “pordioseros del mar” (los Gueux), piratas sublevados contra el dominio español, defensores del Príncipe de Orange y amparados por exiliados, se apoderan de Brielle, en Holanda Meridional, después de haber sido expulsados de Inglaterra. Este éxito, al que Guillermo no había aspirado directamente, tiene efectos considerables porque coincide con una subida de los impuestos que la economía de las provincias no puede sufragar. Desde entonces, los insurrectos reconocen a Guillermo como su jefe, quien no tardará en convertirse al calvinismo. Por desgracia, la ayuda francesa con la que cuenta cesa la Noche de San Bartolomé, el 24 de agosto, en la que se asesina a los principales jefes protestantes franceses. Mientras tanto, el duque de Alba responde sin piedad como demuestran el espantoso saqueo de Naarden y la capitulación de Haarlem.

Para debilitar a su adversario, Felipe II ordena el rapto del primogénito del príncipe y pone precio a la cabeza de Guillermo, que se confirma como diplomático sin par y gran hombre de estado. Así, en 1576, por la “Pacificación de Gante”, los Estados Generales designan a este último estatúder de las 17 provincias. En este momento piensa que puede lograr la unidad mediante la tolerancia religiosa, pero desgraciadamente, don Juan de Austria y posteriormente Alejandro Farnesio van a echar por tierra todas sus esperanzas antes de que Baltasar Gerardo lo asesine el 10 de julio de 1584 en el Prinsenhof de Delft.

“No necesito esperar para emprender, ni tener éxito para perseverar”. Incluso abatido, Guillermo sobrevive: las Provincias Unidas son una realidad y el nombre de su casa permanecerá en adelante asociado a la patria neerlandesa.


La independencia

Creación de la República de las Provincias Unidas – El 23 de enero de 1579, las siete provincias protestantes del norte se separan de las provincias valonas y católicas del sur. Aquellas ocupaban el mismo territorio que el actual reino de Holanda, a excepción de los territorios situados en el sur, antiguamente llamados “Estados Generales”. Éstas acaban de firmar la Unión de Arrás el 6 de enero, lo que incita inmediatamente a los diputados de Frisia, Groninga, Güeldres, Holanda, Overijssel, Utrecht y Zelanda a firmar la llamada Unión de Utrecht, documento que será el único fundamento jurídico de las Provincias Unidas hasta finales del s. XVIII.

La unión de las 17 provincias fracasa. Los dos gobernadores generales enviados por Felipe II consiguen socavar el gran proyecto de Guillermo de Orange: Don Juan de Austria, primero, fomentando las rivalidades entre el Sur y el Norte y Alejandro Farnesio, después, haciendo una política de moderación con vistas a prometer el perdón a los católicos del sur y el respeto de los privilegios locales.

En 1581, las siete provincias del norte se proclaman independientes y se federan. La República Holandesa de las Provincias Unidas, nuevo estado sin constitución, se emancipa desde entonces de la tutela española y decide establecer su sede en el Binnenhof de La Haya, donde sus Estados Generales tendrán la misión de administrar sus gastos comunes y decidir la política de defensa y de asuntos exteriores.

Mauricio de Nassau, defensor de la República – Desde su nacimiento, la nueva república parece muy débil, ya moribunda incluso, a causa de la desaparición de Guillermo. Su supervivencia le será asegurada un decenio después por Mauricio de Nassau (1567-1625), el segundo hijo del “padre de la patria”.

La derrota de la Armada Invencible en 1588 representa una etapa decisiva en la historia de la rebelión de las Provincias Unidas: Felipe II se interesará en adelante por Francia. El año siguiente, Mauricio constituye un ejército eficaz y se convierte en estatúder de Utrecht, Güeldres y Overijssel mientras que la joven república concierta tratados con Francia e Inglaterra. El gran proyecto de Guillermo de internacionalizar la cuestión de los Países Bajos se cumple por fin. Mauricio recupera territorios y garantiza fronteras seguras. Además, Johan van Oldenbarnevelt, Gran Pensionario de Holanda, sella en 1596 la alianza tripartita que rechaza aún más el peligro español. Cuando Felipe II fallece en 1598, deja los lastimosos Países Bajos meridionales a los archiduques Alberto e Isabel. Las Provincias Unidas pueden considerarse legítimamente como una nueva nación, aunque sólo sea porque Mauricio consiguió que el estatúder deje de ser el colaborador militar de los Estados Generales y se convierta en el máximo funcionario del Estado.


Las provincias unidas, gran potencia europea

Federico Enrique de Nassau, mano de hierro con guante de terciopelo – Mauricio fallece en 1625, después de la firma en Amberes de la Tregua de los Doce Años (1609), esencial para el comercio de la Compañía de las Indias Orientales, y la institución en 1619 del Gran Pensionario de Holanda, primer personaje civil de la República.

Renace la guerra entre la República y España, no como la prolongación de las antiguas rebeliones, sino como el choque entre dos grandes naciones. El tercer hijo del Taciturno, el capitán general Federico Enrique (1584-1647), inflige violentas derrotas a las tropas de Felipe V y reconquista algunas ciudades (Den Bosch, Maastricht, Breda). Nombrado de repente estatúder por ser Príncipe de Orange y dirigir un ejército de mercenarios, ve no obstante como los Estados Generales frenan sus ambiciones de victoria total. Los comerciantes holandeses que habían fundado Batavia en 1619 no adhieren en absoluto a sus aspiraciones de reanimar el “círculo de Borgoña” de Carlos V, creado en 1548 por la Dieta de Imperio (reunión de las 17 provincias de los Países Bajos y el Franco Condado), pues éstos piensan que no se puede tomar el riesgo de ver el puerto de Amberes renacer de sus cenizas.

Una verdadera pugna de intereses opone la oligarquía burguesa holandesa a Federico Enrique, quien declara: “El único enemigo importante que tengo es la ciudad de Amsterdam”. Pero el ahijado de Enrique IV posee el sentido de la dinastía, organiza su sucesión mientras que los regentes logran victorias comerciales y políticas. En 1629, promueve a su hijo Guillermo, a la sazón de 3 años de edad, al rango de general de caballería, antes de casarlo con la hija del rey Carlos I de Inglaterra, Enriqueta María Estuardo. Aparentemente vencido por su élite comerciante, Federico Enrique muere en 1647, prácticamente convencido de haber asegurado la longevidad de su Casa.

Guillermo II o el estatúder impetuoso – Fallecido Federico Enrique, el burgomaestre Andries Bicker –que vendía navíos a España durante el conflicto– permite la firma del Tratado de Münster en enero de 1648. España reconoce la República; ésta puede conservar todas sus conquistas en las Indias Orientales y Occidentales, y recibe la garantía de que el Escalda permanecerá cerrado. Los Países Bajos del Sur, en cambio, recaen bajo la autoridad directa de Madrid. Con esta victoria completa, las Provincias Unidas continúan confirmándose como una gran nación.

Casado regiamente, el nuevo estatúder –a pesar de que el cargo sea prácticamente hereditario, los Estados Generales esperan la firma del tratado para confirmar su nombramiento– Guillermo II (1626-1650) se enfrenta a la feroz oposición de los regentes. Aunque Amsterdam quiere reducir sus fuerzas armadas a 30.000 hombres, Guillermo se opone a ello, principalmente, porque quiere intervenir en la Guerra Civil inglesa. Voluntarioso y de carácter inquieto, orgulloso de la grandeza y excelencia de su rango, se apoya en el sentimiento antiholandés de las otras provincias y marcha sobre la capital para desmantelar “la pandilla de Bicker”. La ciudad resiste abriendo sus esclusas antes de que un compromiso permita evitar lo peor, pero las tensiones persisten. Súbitamente, una fiebre causada por un otoño riguroso hace que Guillermo, ya aquejado de viruelas, tenga que guardar cama. La indisposición se torna rápidamente en enfermedad y, poco después, el estatúder, de 24 años de edad, cae fulminado.


Acceso al trono tras un período de ausencia

Jan de Witt, Gran Pensionario de Holanda – Cuando expira Guillermo II, su sucesor todavía no ha nacido. Sin estatúder, la élite amsterdamesa impone a Jan de Witt (1625-1672), el yerno del burgomaestre Andries Bicker, como Gran Pensionario de su provincia. A los 25 años, el nuevo hombre fuerte impone un régimen completamente republicano. En 1654, demuestra toda su habilidad política haciendo que los Estados Generales adopten el Acta de exclusión, partidaria de las ideas de Cromwell, que aparta a los príncipes de Orange del estatuderato. De paso, este amigo de Spinoza confía la educación del joven Guillermo a los Estados de Holanda e instaura la “Verdadera Libertad” que se mantiene hasta 1672.

Aunque los regentes aspiran a una política de paz provechosa para sus intereses comerciales, en ese periodo estallan las dos guerras inglesas (1652-1654 y 1665-1667) y la guerra de Noruega (1660-1666). Además, a partir de 1660, Francia hostiga el territorio de la República. Ahora bien, De Witt ha desmantelado en parte el ejército, que consideraba demasiado orangista. Por su debilidad, la “Verdadera República” toca a su fin. Llega la hora de Guillermo III.

Guillermo III se hace con una corona real – Al llegar a la mayoría de edad, Guillermo III (1650-1702), nacido 8 días después de la muerte de su padre, accede a los Estados Generales de Zelanda, precisamente en el momento en que Jan de Witt descubre que su acción pacifista es un callejón sin salida frente al expansionismo de Luis XIV. En 1672, los franceses penetran en los Países Bajos y establecen sus acuartelamientos en Utrecht. Amsterdam se ve directamente amenazada. Este mismo año, se abroga el Acta de Exclusión y Jan de Witt es asesinado en La Haya por varios amotinados, probablemente orangistas. También en 1672, frente al peligro francés, Guillermo III es nombrado almirante y capitán general, y, posteriormente, promovido a estatúder. Inmediatamente, el Príncipe destituye a diez miembros del Consejo municipal y los sustituye por hombres de confianza antes de enderezar una situación militar desastrosa. La máquina de guerra francesa vacila en atacar la capital, Guillermo III hace abrir de nuevo las esclusas y saca provecho de ello para sellar una alianza con España, Lorena, Dinamarca y el Imperio de los Habsburgo. Otorga al conflicto una dimensión europea, invocando la razón de Estado en respuesta a sus detractores. Los franceses se retiran, Guillermo triunfa.

Durante seis años, Guillermo hace la guerra a Luis XIV –una necesidad absoluta para la República– demostrando un enorme sentido táctico frente a los grandes estrategas de la época. Fue indiscutiblemente el gran adversario de Francia, arrastrando en su estela el conjunto de las Provincias Unidas, escandalizadas por la revocación del Edicto de Nantes en 1685 y ansiosas de la sucesión en España.

Pero el destino de Guillermo es atravesar el Mar del Norte. Gran Bretaña está sacudida por la Revolución Gloriosa (1688/89), nacida de una conspiración de aristócratas y obispos. Estos apelan a Guillermo, yerno de Jacobo II, que desembarca el 7 de noviembre de 1688. Jacobo II escapa enseguida a Francia, lo que el Parlamento interpreta como una abdicación: Guillermo III y María II son proclamados rey y reina de Inglaterra en igualdad de poderes.


A modo de conclusión

Guillermo III no dejó heredero directo. El país conoció un segundo periodo sin estatúder, correspondiente a una grave crisis nacional entre 1672 y 1747. Durante estos años, la rama frisona de la Casa de Orange estableció su autoridad en las provincias de Frisia, Groninga, Güeldres y Drenthe.

La caída de la plaza fuerte de Bergen op Zoom en 1747 representó una humillación. En las calles resonaban gritos de Oranje boven! (¡los Orange al poder!) y se restableció el estatuderato: el heredero de la Casa, Guillermo IV (1711-1751), puso de nuevo la dinastía a la cabeza del Estado.

Guillermo I, rey de los Países Bajos – Su nieto, Guillermo VI (1772-1843) subió al trono el 16 de marzo de 1815 con el nombre de Guillermo I, rey de los Países Bajos. El Reino de Holanda se había creado en 1806, y las provincias del Sur acababan de unirse a las provincias del Norte en un reino único en 1814. Nacida en el Congreso de Viena de 1815, la Unión se consumó con la revolución belga de 1830. El ejército neerlandés invadió Bélgica en junio de 1831, pero bien pronto se topó con una contraofensiva francesa. El Tratado de Londres de 1839 puso oficialmente fin al conflicto, sepultando la idea de los grandes Países Bajos.

Una monarquía democráticaGuillermo III reinó cerca de 40 años durante los cuales se resistió contra toda lógica al régimen parlamentario, que no obstante terminó por aceptar. Símbolo de la unidad nacional, la familia real gozó y sigue gozando de la simpatía popular. Respetada, Guillermina demostró varias veces su preocupación por la unidad nacional, particularmente durante las dos guerras mundiales.

Después de la abdicación de su madre la reina Juliana, la “madre del pueblo”, Beatriz subió al trono el 30 de abril de 1980. Ella es por lo tanto el sexto soberano de la Casa de Orange, una reina cuya personalidad recuerda a la de su abuela Guillermina. Cuidadosa con la dignidad de su cargo, esta mujer risueña, aunque, al parecer, autoritaria, ejerce la plenitud de sus limitados poderes.