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Pintura

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Pintura

En un principio muy inspirada en la pintura flamenca, y luego influida durante un tiempo por Italia, la pintura holandesa conoce su edad de oro en el s. XVII, con la emancipación política y económica de las Provincias Unidas. A partir de entonces, su progresión corre pareja a la de la sociedad burguesa a la que representa.


Los primitivos flamencos

El pintor más importante de los Países Bajos es indudablemente Hieronymus Bosch, El Bosco (1450?-1516), mas no forma parte de la producción holandesa al ser originario de Hertogenbosch, ciudad situada en el Brabante Septentrional (de hecho, el Rijksmuseum no expone ninguna obra suya).

Entre los artistas allegados a los primitivos flamencos, figuran Geertgen tot Sint Jans (1460/65-1488/93), Cornelis Engebrechtsz, colorista extraordinario, y Jan Mostaert (1475?-1556?) que produjo numerosas obras marcadas por la influencia del pintor oficial de la ciudad de Bruselas, Rogier van der Weyden.


El renacimiento

Marcado por una corriente italianizante, el s. XVI ve como Jan van Scorel (1495-1562) introduce, a su regreso de Roma en 1524, el Renacimiento en los Países Bajos Septentrionales. Este gran maestro del retrato, en la misma línea que el flamenco Quinten Metsys, tuvo por alumno a Maarten van Heemskerk (1498-1574), autor de retratos refinados y de escenas religiosas. Discípulo de Cornelis Engebrechtsz, Lucas van Leiden (1494-1533) también se hallaba bajo el influjo del Renacimiento. Pieter Aertsen (1509?-1575) en cambio, no se ve marcado por la influencia romana. Este artista de Amsterdam pinta escenas rústicas o de interior con cierta delicadeza. Otro alumno de Van Scorel, Anthonis Moor van Dashorst (1517-1576) es más conocido por el nombre español de Antonio Moro que toma al convertirse en el pintor oficial de Carlos V y luego de Felipe II.


El siglo de oro

El s. XVII, aunque dominado por las grandes figuras de Rembrandt (1606-1669), Frans Hals (1581/82-1666) y Vermeer (1632-1675) (v. recuadros biográficos acerca de estos pintores, también cuenta con numerosos pintores importantes. Amsterdam ejerce a lo largo de este siglo el papel señero que tuvo la Flandes de los borgoñones en el s. XV. La gran aportación de los artistas neerlandeses reside en ese interés por el naturalismo, a menudo calificado de “realismo” y desconocido hasta entonces, que privilegiaron mediante temas como los retratos corporativos y escenas de género, paisajes, bodegones o incluso la pintura arquitectónica. Toda esta efervescencia artística fue posible gracias al éxito económico de las Provincias Unidas (v. Introducción al viaje: El Siglo de Oro), un éxito que explica el valor y la gran diversidad de la pintura de Amsterdam del s. XVII.

Como una gran parte de la producción ya no se destina a las iglesias sino a los interiores de casas burguesas acomodadas, los temas son de carácter más profano. Constituyen al mismo tiempo interesantes testimonios acerca de la vida cotidiana y aspiraciones estéticas de la época.

El retrato – Por ser el tema demasiado amplio para tratarlo dentro del marco de esta guía, nos limitaremos a apuntar que los grandes maestros holandeses de este género nos legaron, contrariamente a sus coetáneos italianos del s. XVI, que realizaron retratos de tipo aristocrático, una muestra inagotable de retratos realistas de opulentos mercaderes y de sus familias. No resulta casual que sea en Amsterdam donde esta forma de arte comience a ser accesible a clases sociales más bajas. Estos maestros se llaman Rembrandt y Frans Hals, por supuesto, pero también Johannes Cornelisz Verspronck (1597?-1662), Jan Lievens (1607-1674), Bartholomeus van der Helst (1613-1670), Gerrit Dou (1613-1675) y Ferdinand Bol (1616-1680).

Los retratos corporativos – Los arcabuceros, los síndicos, los cirujanos o las regentes de asilos quisieron inmortalizar su imagen. Estos cuadros constituyen retratos de grupo que no encuentran equivalente en ningún otro país fuera de los Países Bajos.

El maestro incontestable de este género es Frans Hals. Otros pintores que nos legaron destacadas obras de este estilo son Nicolaes Pickenoy (1590/91-1654/56) o Rembrandt, con su notable cuadro La Ronda de noche.

El intimismo holandés – Dentro de esta corriente hallamos cuadros que representan escenas de la vida cotidiana. En apariencia banales, muchos de ellos intentan transmitir los valores burgueses de la época de una forma no exenta de humor.

El flamenco Jacob Jordaens (1593-1678) fue uno de los pioneros de este tipo de composiciones. Arrastró detrás de sí a artistas de los Países Bajos Septentrionales como Gerard ter Borch (1617-1681), Gabriel Metsu (1629-1669), Pieter de Hooch (1629-1684?) y Frans van Mieris (1635-1681). Vermeer también pertenece a esta categoría de pintores, ya que su obra se inspira en escenas de la vida cotidiana, aunque su genio, que supo dar una dimensión intemporal a sus composiciones, le excluye de una posible clasificación. Es por tanto Jan Steen (1626-1679) quien permanece como la figura emblemática de las escenas domésticas, y ello lo confirma el hecho de que todos los grandes museos del mundo expongan obras de este narrador minucioso y de talento, que trabajó sin el respaldo de un taller.

Bodegones – Los antecedentes de este género se aprecian ya en algunos cuadros religiosos del s. XIII, pero tiene sus orígenes en el arte flamenco de finales del s. XVI. Este tipo de composiciones sólo podía desarrollarse, es fácil suponerlo, en una región que acababa de adherir a la Reforma, movimiento austero y un tanto opuesto a la representación de la figura humana.

Por tanto son los flamencos, como Jan Fyt, Alexander Adrianssen y Frans Snijders, los que inspiraron los primeros bodegones neerlandeses. Los ramos de flores de Hans Bollongier (1600?-1645?) son un maravilloso testimonio de esta transición. A los colores vivos de los flamencos, los pintores de los Países Bajos septentrionales opusieron primero un periodo monocromo –usaban colores pero dominaba la gama de los grises– buenos representantes de las provincias de Holanda son Pieter Claesz (1597-1661), Willem Claesz Heda (1594-1680) y Floris van Schooten. Su tema predilecto, una mesa cubierta con restos de una comida y recipientes sobre los que juega la luz, nos ofrece una auténtica enciclopedia sobre el ajuar y los manjares de la época. Floris van Dyck (1575?-1651) fue el primero en encontrar un término medio entre la sobriedad de sus colegas y el estilo decorativo que no iba a tardar en imponerse.

Como reacción a los cuadros de sus antecesores considerados demasiado puritanos y sobrios, nace a orillas del Amstel una segunda generación de pintores de bodegones, virtuosos del color, que despliegan una técnica refinada para obras que son ya barrocas. Adeptos de una pintura llamada “tonal” que les permite alcanzar delicados efectos de opalescencia, llevaron el bodegón a su punto culminante. Entre los principales artistas de esta corriente, se encuentran Willem Kalf (1619-1693), Jan Davids de Heem (1606-1683) y Abraham van Beyeren (1620/21-1690).

Los urbanistas – Hijos espirituales de los grandes maestros italianos de la perspectiva, algunos artistas se especializaron en los interiores de iglesias, en particular Pieter Saenredam (1597-1665) y Emmanuel de Witte (1617?-1692), ambos muy apreciados en su época. También cabría añadir a los hermanos Job (1630-1693) y Gerrit Berckheide (1636-1698), y a Jan van der Heyde (1637-1712), cuyas vistas de ciudades hicieron de la pintura urbanística un género en sí.

Los “caravagistas” – Numerosos artistas que viajaron a Italia volvieron admirando a Michelangelo Melisi, más conocido como Caravaggio. Crearon una serie de grandes cuadros, religiosos o profanos, impregnados del arte del maestro italiano del claroscuro. A este grupo de artistas, a menudo vinculado a la ciudad de Utrecht, pertenecen Gerrit van Honthorst (1592-1656) y Hendrick ter Brugghen (1588-1629), conocido en Italia como Gerardo della Notte, de quienes se han conservado pocos cuadros. La vía abierta por los seguidores de Caravaggio en Holanda fue muy pronto explorada por Rembrandt, que no tardó en convertirse en maestro absoluto del claroscuro.

Los paisajistas – Aunque el primer paisaje puro, es decir sin tema, se realizó en Italia en 1521, las primeras pinturas de paisaje aparecen en Flandes, en el s. XVI con Jacob Grimmer y Hendrik met de Bles. En general estos paisajes no eran reales o identificables. Con los holandeses, este tipo de composición conoció, en el s. XVII, auténticas innovaciones hasta el punto de convertirse, a mediados de siglo, en el género a la vez más extendido y buscado por los coleccionistas.

Hendrick Goltzius (1558-1617), tras su regreso de Italia, donde los venecianos utilizaban el paisaje para situar escenas pastorales, ejerció una notable influencia sobre sus compatriotas con su serie de paisajes desprovistos de todo contenido simbólico o histórico. A su vez, Hendrick Avercamp (1585-1634) se hallaba aún demasiado influido por el s. XVI, dados su técnica y temas arcaizantes (sobre todo escenas de patinaje). Pero Esaias van de Velde (1587-1630), de Amsterdam, y el pintor de Rotterdam Willem Buytewech (1591/92-1624), dos artistas contemporáneos de Avercamp, innovaron de forma considerable la técnica al dibujar, a partir de un modelo natural, con un deseo de realismo completamente nuevo. A pesar de esta etapa decisiva, fue en Haarlem donde el paisaje ganó definitivamente su autonomía pictórica. Hasta 1630 aproximadamente, el paisaje sólo se componía de una suma de detalles unidos entre sí con más o menos soltura. A partir de esa fecha varios artistas empezaron a recrear las condiciones atmosféricas y, sobre todo, la luz; entre ellos figuran Jan van Goyen (1596-1656), alumno de Van de Velde, Hercules Seghers (1590?-1638), y Salomon van Ruysdael (1600?-1670) que realizó hacia 1626 vistas de dunas o de ríos representados transversalmente para acentuar la profundidad. Amplios horizontes, ríos tranquilos, nubes que tamizan la luz solar, brumas etéreas, siluetas de árboles, iglesias o molinos caracterizan sus composiciones luminosas y serenas.

Aunque Rembrandt se revelara como un paisajista de primer orden, la figura que domina este género es sin lugar a dudas Jacob van Ruysdael (1629?-1682) cuya producción se calificó a menudo de romántica, pero en la que tal vez haya que destacar primero la transcendencia de todas las reglas de la composición clásica puestas al servicio de un sentimiento muy puro de la naturaleza. El arte del paisaje conoció otros artistas interesantes, aunque de menor importancia: Paulus Potter (1625-1654) y Philips Wouwerman (1619-1668), dos pintores animalistas que se servían del paisaje como pretexto, paisajistas que caían un poco en el estereotipo como Meindert Hobbema (1638-1709) y otros italianizantes como Nicolaes Berchem (1620-1683) y Albert Cuyp (1620-1691), que jamás viajara a Italia.

Las marinas – Aunque forman parte, por su contenido, de los paisajes, las marinas constituyen un género aparte nacido a raíz de las guerras navales y de la navegación comercial. Desconocidas en los Países Bajos septentrionales del s. XVI, adquirieron gran popularidad a lo largo del siglo siguiente. Si los especialistas aún no están de acuerdo sobre quién fue el primer pintor de este estilo de composiciones, puede decirse sin temor a equivocarse que Hendrik Cornelisz Vroom (hacia 1566-1640) fue, con Jan Porcellis, pintor de Gante, uno de los primeros pintores de marinas auténticos. Marcaron toda una generación de artistas, entre ellos Adam Willaerts (1577-1664), Willem van de Velde el Viejo (1611-1693), Jan van de Capelle (1624/25-1679) y sobre todo Willem van de Velde el Joven (1633-1707).

El primer tema tratado por estos pintores fue el de las batallas navales en alta mar, tema glorioso que, cuando se interrumpieron los pedidos oficiales, desembocó pronto en representaciones más inquietantes de tempestades y naufragios. Menos esquematizado y más poético, este segundo tema permitía desarrollar una fuerza expresiva mucho más potente a través de un cielo cubierto de nubes, olas que se reproducen con todo detalle y mar realmente agitado. En suma, aquí como en los demás géneros, el realismo caracteriza la producción de mediados del s. XVII.


Del siglo XVIII al siglo XX

La edad de oro de la pintura holandesa acaba casi tan bruscamente como había comenzado. Los primeros indicios de decadencia aparecen poco después de 1675, es decir tras la invasión del país por las tropas de Luis XIV. La economía se derrumba, y sin economía no hay arte. El s. XVIII supone pues, un periodo de recesión. Sin embargo varios pintores emergen de la afectación que impregna la producción artística. El primero es Cornelis Troost (1696-1750), excelente retratista y pintor intimista originario de Amsterdam, a menudo comparado al inglés William Hogarth. Por otra parte, otro pintor amsterdamés, Jacob de Wit (1695-1754) se especializa en la decoración de interior, concretamente en efectos trompe-l’oeil, y realiza admirables grisallas inmortalizadas con el nombre de Witjes. Por fin, aunque desaparezca muy joven, Wouter Johannes van Troostwijk (1782-1810) debe ser considerado como el pintor de Amsterdam de finales del s. XVIII.

El s. XIX está marcado por la Escuela de La Haya (Haagse School) dirigida por Jozef Israëls (1824-1911) y cuyo campo de acción se extiende a Amsterdam y sus alrededores. La naturaleza, las playas, las dunas, la vida de los pescadores aportan numerosos temas a los artistas de esta escuela, entre los cuales destaca Anton Mauve (1838-1888). Johann Barthold Jongkind (1819-1891), afincado en Francia y seguidor del impresionismo, procura transmitir luz a sus cuadros y cierta transparencia de la atmósfera, lo mismo que George Hendrik Breitner (1857-1923), muy influido por Gustave Courbet. En cuanto a Isaac Lazarus Israëls (1865-1934), originario de Amsterdam e hijo de Jozef, sabe renovar, influido por los impresionistas, las vistas de playas y los retratos de la tradición holandesa.

A finales del s. XIX, Vincent van Gogh (1853-1890), el pintor neerlandés más importante del siglo, crea primero una pintura sombría que, influida por el impresionismo que descubre en París, se ilumina y cobra color (v. Van Gogh Museum).

Tras un periodo impresionista, Jan Toorop (1858-1928), que estudió en Amsterdam, se orienta hacia el simbolismo, movimiento en el que ocupa un lugar destacado en Europa. Se interesará después por el puntillismo y el divisionismo antes de realizar numerosos carteles de estilo Art Nouveau.

El s. XX vive una gran renovación artística en los Países Bajos, primero gracias a Piet Mondrian (1872-1944), que fue profesor en la escuela de Bellas Artes de Amsterdam (desgraciadamente se ven pocas obras suyas en los museos de la ciudad). Este artista, fundador en 1917 del movimiento De Stijl, junto a Theo van Doesburg (1883-1931) principalmente, fue uno de los grandes precursores del arte abstracto, con sus composiciones “neoplásticas” de líneas que se cruzan en ángulos rectos y planos de color desiguales.

En el periodo de entreguerras surge Herman Kruyder (1881-1935), activo en Haarlem, un artista que logra hacerse un estilo propio, cargado de misterio, entre el expresionismo y los primitivos de principios de siglo. Otro artista holandés, Maurits Cornelis Escher (1898-1972) logra un gran éxito popular después de la II Guerra Mundial, con sus xilografías que representan estructuras espaciales imbricadas, repitiéndose hasta el infinito.

Después de 1945 nace, en oposición a la hegemonía de la Escuela de París, el movimiento Cobra (acróstico de Copenhague, Bruselas, Amsterdam) que mezcla tendencias expresionistas, surrealistas y abstractas. Los neerlandeses Karel Appel (1921), Constant (1920) y Guillaume Corneille (1922) figuraban entre los fundadores de este grupo, disuelto en 1951.

Contra la fragmentación de las actividades artísticas se fundó en 1961 el grupo Nul (Cero). Este movimiento organizó exposiciones internacionales en el Stedelijk Museum en 1962 y 1965 y su principal representante es Jan Schoonhoven (1914-1994). En los años 1970, el amsterdamés Ger van Elk (1941) se hizo famoso con sus montajes fotográficos en la corriente del arte povera y del arte conceptual. Rob Scholte (1955) y Marlene Dumas (1953) se impusieron en los Países Bajos en la década de los ochenta inspirándose en las posibilidades que ofrecían los medios de comunicación.