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Administración y economía
Administración y economía
En la novela La balsa de piedra, del escritor portugués José Saramago (premio Nobel de Literatura 1998), Portugal se desprende del resto de Europa y navega por el Atlántico; con 832 kilómetros de costa, Portugal es sin duda un país orientado al mar. Sin embargo, su entrada en la Comunidad Económica Europea en 1986 le ancló con mayor firmeza al continente. Este país, que ha experimentado una profunda modernización, realiza la mayor parte de sus intercambios con Europa, a pesar de que ultramar y las aventuras oceánicas siguen presentes en la imaginación de los portugueses.
- Organización política
- Administración
- El desarrollo patrocinado por Europa
- Principales sectores económicos
Organización política
Portugal es una república parlamentaria. El poder legislativo corresponde al Parlamento, constituido por una Cámara de 230 diputados, elegidos por sufragio universal directo cada cuatro años. El presidente de la República se elige cada cinco años por sufragio universal directo. La Constitución especifica que el presidente tiene potestad para disolver el Parlamento, nombrar al primer ministro, revocar el Gobierno y vetar temporalmente las leyes votadas. La cohabitación es bastante frecuente.
Administración
El territorio continental de Portugal está dividido en 18 distritos creados en 1835. Son más parecidos a circunscripciones administrativas que a colectividades locales y se establecieron con un propósito de desconcentración más que de descentralización. Al frente de cada distrito hay un gobernador civil designado por el Gobierno.
Las principales agrupaciones locales son los conselhos o municipios (parecidos a los nuestros) y las freguesias (especie de parroquias). Estas últimas corresponden al escalón administrativo más bajo y ejercen su poder sobre una zona menor que el municipio (cada municipio tiene al menos dos). Les corresponde la elaboración del censo electoral, las obras públicas y la conservación de las vías públicas.
La regionalización pendiente
Desde la Revolución de los Claveles, el proyecto de regionalización se ha venido posponiendo una y otra vez. Su implantación supondría la desaparición de los distritos y su sustitución por auténticas corporaciones locales. No obstante, en 1979 se crearon cinco regiones administrativas: el Norte, organizado en torno al polo urbano e industrial de Porto (el 24% de la superficie y el 38% de la población del país); el Centro, que presenta sistemas productivos muy diversificados (27% – 18%); Lisboa y el valle del Tajo, que constituye una antigua zona de industrialización y dispone de los servicios y equipamientos más modernos (13% – 35%); el Alentejo, con grandes propiedades agrícolas (30% – 6%), y, por último, el Algarve, de clara vocación turística (6% – 4%).
Antes de la ampliación de la Unión Europea, el Alentejo y el Centro eran las dos regiones más pobres de Europa, inmediatamente después del centro del Grecia.
En 1998, los portugueses rechazaron en referéndum el proyecto del Gobierno socialista de crear ocho autoridades regionales (Entre-Douro, Trás-os-Montes, Beira-Litoral, Beira-Interior, Estremadura, Alentejo, Lisboa y Setúbal, Algarve), cada una de ellas dotada de una Asamblea y un Ejecutivo.
Las Azores y Madeira son regiones autónomas cuyos estatutos prevén la elección por sufragio universal directo de una Asamblea regional.
El desarrollo patrocinado por Europa
Con su entrada en la Unión Europea, Portugal se benefició de una política regional destinada a recuperar las regiones poco desarrolladas que le permitió mejorar sensiblemente su nivel de vida y acelerar el proceso de modernización del país.
En 1999, el 90% de la población disponía de agua potable (frente al 77% en 1994) y el porcentaje de conexión a un colector de aguas residuales era del 75% (frente al 45% en 1990).
En 2004, el producto interior bruto (PIB) por habitante alcanzó el 75% de la media de la Europa ampliada. Portugal pasó a ocupar el puesto 17, después de los 14 primeros miembros y por detrás de Chipre y Eslovenia. Pero debido al progreso económico del país y con la nueva ampliación de Europa en 2007, Portugal ha dejado de ocupar una posición privilegiada como receptor de los fondos de ayuda europeos.
El final del milagro económico
En 2001, Portugal, “el alumno ejemplar” europeo, pasó a ser el primer país en infringir el pacto de estabilidad de la Unión Europea al alcanzar su déficit público el 4,4% del PIB, muy superior al 3% autorizado. La Comisión inició entonces un procedimiento en virtud del cual Portugal corría el riesgo de dejar de percibir las ayudas al desarrollo concedidas por Bruselas y que representan el 2% del PIB.
Los frutos del rigor...
Para alejar esta amenaza, el Gobierno de José Manuel Durão Barroso emprendió una política económica muy rigurosa, con un incremento del IVA en dos puntos, la congelación de los salarios públicos y de las inversiones y la reducción de los presupuestos destinados a la Educación. Estas medidas puntuales se reforzaron con reformas estructurales de inspiración liberal, como la reestructuración de las instituciones parapúblicas, la flexibilización del Código de Trabajo y la privatización de unos treinta hospitales. El resultado no se hizo esperar y en 2002 el déficit dejó de superar la fatídica barrera del 3%.
... y el reverso de la medalla
Pero, al tiempo que el país recuperaba su perdida reputación, por primera vez desde 1993 la economía se sumía en un proceso de recesión. Un cambio brutal para el país, habituado a un crecimiento económico sostenido –cerca del 4% anual entre 1996 y 2000– y siempre superior a la media europea desde 1986, año de su entrada en la CEE. En 2003, el PIB experimentó un retroceso del 1,3%, el peor de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), y su crecimiento en 2006 fue del 1%. Esta importante reducción de la actividad se produjo como consecuencia de la caída del consumo generada por el auténtico shock fiscal sufrido por los hogares lusos. Simultáneamente, se redujo la inversión y el paro se desbordó, pasando del 4,1% en 2001 al 6,4% en 2003 y a más del 7% en 2006.
El talón de Aquiles de la economía portuguesa
El final de un largo ciclo de crecimiento, favorecido por la financiación europea y coronado en 2001 por la adhesión al euro, puso de manifiesto la debilidad endémica de la economía portuguesa, que adolece de una productividad mediocre, una de las más bajas de Europa. En la actualidad, Portugal tiene que afrontar la creciente competencia asiática, así como la de los países recién incorporados a la Unión Europea que ofrecen unos costes de producción realmente bajos. Privada del arma de la devaluación, la industria portuguesa debe procurar por todos los medios aumentar su competitividad, mejorar su calidad y diversificar su actividad. Para alcanzar este triple objetivo, todo el mundo coincide en que es preciso reformar y mejorar el sistema educativo, un gran empeño que de momento tendrá que esperar dada la actual política económica.
Principales sectores económicos
La adhesión a la Unión Europea y la competencia internacional modificaron profundamente el panorama económico portugués. Las actividades tradicionales se modernizaron y, como en el resto de Europa, las actividades del sector terciario superaron rápidamente a las de los sectores primario y secundario. Por su parte, el turismo registró un crecimiento significativo.
El sector agrícola
A pesar de que su suelo y su clima no reúnen las mejores condiciones, Portugal destaca por su arraigada tradición agrícola. Este sector ocupa al 10% de la población activa (el mayor porcentaje de la Unión Europea antes de la ampliación) y representa el 2,8% del PIB. Aunque sean los más pobres de la Unión, los agricultores portugueses reciben muy pocas subvenciones porque no producen, o producen poca cantidad de los principales productos que subvenciona la PAC (política agraria común): carne, productos lácteos y cereales. Portugal sólo ocupa un puesto significativo entre los países productores de vino, sobre todo de oporto, que representa el 66% del total de sus exportaciones. La agricultura sigue siendo una actividad vital para el país, al menos desde el punto de vista social.
La actividad maderera
La mayor industria del país es la maderera, que se ha beneficiado del desarrollo forestal promovido para compensar las pérdidas del sector agrícola. En el entorno rural, la industria maderera es el primer sector de actividad. Portugal es el primer productor mundial de corcho y uno de los primeros de eucalipto, utilizado principalmente para elaborar pasta de papel. Las exportaciones de productos forestales (madera, muebles, pasta de papel) constituyen el 2% de las exportaciones mundiales en este campo, el 11% del total de las exportaciones portuguesas y el 4% del PIB.
Otros sectores
Consciente de las incertidumbres que pesan sobre sus industrias tradicionales, Portugal se ha esforzado en desarrollar otros polos industriales, como el automóvil o la electromecánica, mediante la presencia de grandes grupos extranjeros.
En el sector terciario, el turismo, con diez millones de visitantes anuales, ocupa el primer lugar (el 8% del PIB). El comercio está muy orientado a la Unión Europea, que absorbe el 80% de las exportaciones y representa el 74% de las importaciones.
Sin embargo, la estructura de intercambios sigue siendo la de un país en fase “recuperación”; los bienes de equipo profesional y de material de transporte constituyen el 40% de las importaciones, mientras que los sectores del textil, del vestido y del calzado constituyen el 25% de las exportaciones.

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