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Religión y fiestas religiosas

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Religión y fiestas religiosas

Aunque es un país laico desde 1976, Portugal sigue siendo una nación de profundas raíces católicas. Las minorías religiosas tienen pocos adeptos, apenas unas decenas de miles de protestantes, pocos musulmanes porque la mayoría de los africanos residentes en Portugal son católicos, algunos ortodoxos entre los inmigrantes europeos (ucranianos, rumanos) y unos miles de judíos.


Un país católico

En los últimos años, la Iglesia católica portuguesa ha ido perdiendo fieles. Este fenómeno, común a otros países de Europa occidental, es más frecuente en las grandes ciudades. En los pueblos –sobre todo en los del centro y el norte, tradicionalmente más católicos que los del sur–, las iglesias se llenan todos los domingos. En general, la cuarta parte de la población (bautizada en un 98%) asiste a misa los domingos, un porcentaje muy elevado comparado con otros países europeos. En 2001, con motivo de la campaña de lanzamiento del euro, las autoridades pensaron que para informar a las poblaciones más aisladas lo mejor sería facilitar la comunicación al final de la misa dominical y que se incluyesen folletos en los boletines diocesanos.

Un nuevo concordato

El 18 de mayo de 2004, el Estado portugués y la Iglesia católica firmaron un nuevo concordato. El anterior, de 1940, concedía a los religiosos un régimen fiscal especialmente favorable que les eximía del pago del impuesto sobre la renta, aunque tuviesen una profesión remunerada (profesor, por ejemplo); lo mismo sucedía con las asociaciones religiosas con actividades comerciales. El nuevo concordato puso fin a todos estos privilegios.


Las “romarias”

Con la primavera y la Semana Santa llega la época de las romarias, el equivalente de las romerías españolas, que se celebran en todo el país, en particular en las zonas rurales. Las romarias se suceden hasta el otoño y algunas hasta entrado el invierno. Los pueblos honran a su santo patrón o patrona y organizan actos de todo tipo que pueden durar varios días. Con frecuencia, los ayuntamientos aprovechan la ocasión para organizar otros eventos. Creyentes y no creyentes participan en estas celebraciones tradicionales que nadie quiere perderse.

Santuarios rurales

Las romarias suelen tener como “epicentro” un santuario más o menos próximo al pueblo. Algunos recorren el camino de rodillas para cumplir una promesa, mientras que otros prefieren hablar, tocar, mirar o rezar a las imágenes más veneradas. Algunos santuarios son visitados por gentes de toda la región. El Douro y el Minho constituyen la tierra de las romarias por excelencia. Aunque siguen muy vivas y convocan a más gente que nunca, es innegable que las romarias se alejan cada vez más del mundo rural tradicional para convertirse en fiestas folclóricas.

Grandes romerías

En Tomar, cada cuatro años, en el mes de julio, se celebra la fiesta de los tabuleiros, una de las más importantes y más antiguas de Portugal. Las jóvenes avanzan en procesión formando dos filas. En la cabeza llevan magníficas bandejas con multitud de panecillos adornados con flores de papel y cintas. Esta fiesta recuerda la recomendación de la reina Isabel (s. XIV) de dar de comer a los pobres de la ciudad.

En el norte, en Viana do Castelo, la tercera semana de agosto se celebran las fiestas de Nossa Senhora da Agonia, con calles magníficamente iluminadas, grandes fuegos artificiales y desfile de músicos.

En Lamego se puede asistir a las fiestas de Nossa Senhora dos Remédios, cuyo acto más importante es la procesión del 8 de septiembre, con pasos que representan escenas bíblicas; éstos son tan pesados que van tirados por bueyes. En los días anteriores se suceden las batallas de flores, los bailes populares y los maravillosos fuegos artificiales.

En Sesimbra, un pueblecito de pescadores situado al sur de Lisboa, las fiestas del señor de Chagas honran una imagen de Cristo que el mar depositó en la playa hace cinco siglos. Tiene lugar la primera semana de mayo y los pescadores recorren las calles en procesión mientras llevan a hombros la estatua milagrosa.

En Sines, en el Alentejo, los pescadores son grandes devotos de Nuestra Señora de Salvas. El 15 de agosto se celebra una procesión marinera que tiene como destino una capilla flotante.

Durante las fiestas del Pueblo, o fiestas de las Flores, en Campo Maior, cerca de la frontera española, las calles se adornan con miles de flores de papel. Estas fiestas se celebran cada cuatro años, la primera semana de septiembre.


El milagro de Fátima

El santuario de Fátima es uno de los más famosos del mundo católico. Según la tradición, aquí, en el centro de Portugal, la Virgen se apareció por primera vez, el 13 de mayo de 1917, a tres niños pastores, Jacinta y Francisco Marto y su prima Lúcia dos Santos, que en aquel momento tenían 7, 9 y 10 años, respectivamente. La Señora siguió apareciéndose durante los seis meses siguientes, siempre el día 13, y les pidió que rezasen por la paz y la conversión de los que perdían la fe. Además les anunció tres acontecimientos históricos: la revolución bolchevique, la Segunda Guerra Mundial y un tercero tan terrible que los Papas nunca se han atrevido a revelarlo. Jacinta y Francisco murieron jóvenes. Lúcia, religiosa carmelita, falleció en 2005 a los 97 años de edad. El 13 de mayo de 2000, el papa Juan Pablo II beatificó a los dos hermanos. Como para iniciar un proceso de canonización hay que demostrar la realización de al menos un milagro, recientemente se ha recordado el caso extraordinario de Emilia dos Santos, que en 1997 sanó de una paraplejia veintidós años después de caer enferma.

En el año 2000 acudieron al santuario 4,5 millones de peregrinos, es decir, diez veces más que a principios de los años ochenta. La nueva autopista que une Fátima con la capital ha resuelto los graves problemas de tráfico que se producían en determinadas fechas. La mayoría de los fieles proceden de Italia, España, Polonia y Brasil. Los três pastorinhos están presentes en todo tipo de objetos, como tazas, llaveros e incluso balones. Y las ventas no cesan de aumentar.