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Berlín, eterna Bauhaus
Berlín, eterna Bauhaus
20 años desde la caída del Muro y Berlín no para de transformarse. Mientras que muchos de los edificios del patrimonio clásico como el Reichstag conocen una nueva vida, los arquitectos más prestigiosos del mundo entero acuden hasta aquí para dar rienda suelta a su creatividad.
De la Potsdamer Platz al barrio de las embajadas, los edificios vanguardistas florecen como por arte de magia. Hasta los edificios clásicos, como el Reichstag - restaurado por sir Norman Foster - o el Zeughaus - ampliado por Ieoh Ming Pei, arquitecto de la pirámide del museo del Louvre - , conocen hoy una segunda vida.
Cierto que Berlín carece prácticamente de homogeneidad arquitectónica, pero es precisamente de sus contrastes de donde la ciudad toma una energía y una creatividad formidables. Características que estuvieron personificadas durante mucho tiempo por el barrio alternativo de Kreuzberg. Por todo ello, Berlín conseguirá seducirle tanto por sus colecciones de arte antiguo como por sus rascacielos futuristas, por sus monumentos históricos como por sus antiguos squats convertidos hoy en galerías.
La Puerta de Brandeburgo, símbolo de Berlín y de la Alemania dividida y luego reunificada, abre majestuosamente la avenida cual moderna Acrópolis de Atenas. El fornido Cuadriga (obra de Johann Gottfried Schadow) que la corona simboliza la Victoria mirando hacia la ciudad en señal de paz. Hitler, experto en la manipulación de los símbolos, la giró hacia el oeste como queriendo dejar claros sus proyectos de conquista.
La Pariser Platz, al pie de la puerta, conmemora la toma de París por parte de los ejércitos coaligados contra Napoleón. Desde la caída del Muro, esta plaza antaño considerada como el "gabinete diplomático" de Berlín, ha sido objeto de un intenso proyecto de reconstrucción. Buena prueba de ello es la nueva embajada de Francia (2002), construida por Christian de Portzamparc en el solar histórico del antiguo palacio neoclásico destruido en 1945.
En el número de al lado la vista queda atrapada por un barco enteramente de vidrio: la Akademie der Künste de Gunther Behnisch, reconstruida en el emplazamiento del palacio de Ernst von Ihne (s. XVIII) que servía de sede a la antigua academia.
Luego, déjese llevar por el flujo de turistas y berlineses con prisas que van a hacer sus compras al Quartier 207, el inmueble de cristal de las Galeries Lafayette concebido por Jean Nouvel (arquitecto encargado de la ampliación del Reina Sofía); el Quartier 206, reconocible por la fachada llena de entrantes y salientes diseñada por Ieoh Ming Pei; o al Quartier 205, construido por OM Ungers, colectivo con sede en Colonia. Es brillante, chic, sorprendente pero sin excesos que puedan desconcertar. Una azafata nos invita a volver de noche, cuando los juegos de luces transfiguran las fachadas.
Nosotros sin embargo le recomendamos la visita al Mauermuseum Haus am Checkpoint Charlie, un pequeño museo privado de carácter asociativo que expone una serie de documentos divulgativos sobre las formas de huir hacia el oeste. No se arrepentirá y además comprenderá hasta qué punto el Muro condicionó de forma trágica la vida de los habitantes de Berlín.
Los hugonotes franceses, obligados a huir tras la revocación del Edicto de Nantes, fueron los primeros a instalarse en el barrio. Su influencia fue patente, ya que con ellos trajeron nuevos oficios, nuevos bailes e incluso nuevas frutas y verduras.
En la misma plaza, la Alte bibliothek ocupa el emplazamiento reservado originariamente a la Academia: su perfil curvo le valió el sobrenombre de "la cómoda" entre los berlineses. Por lo que se refiere a la St-Hedwigs-Kathedrale, con planta inspirada en la del Panteón de Roma, está dedicada a la comunidad católica. El 11 de mayo de 1933 la Bebelplatz fue el escenario de un acto de fe nazi durante el cual se quemaron 20.000 libros "no alemanes". Un memorial con la imagen de una biblioteca enterrada y con las estanterías vacías inmortaliza este episodio de siniestra memoria.
Llegados a este punto hay que atravesar la Unter den Linden - con cuidado de no caerse en una zanja - para admirar el Zeughaus (Arsenal): el monumento barroco más bello de Berlín luce una fachada rosa de aires italianos. Normalmente el lugar acoge los fondos del Deutsches Historisches Museum, actualmente en obras de renovación, aunque también se viene para admirar los arreglos modernistas del arquitecto I.M. Pei, cuyo anexo - una columna de vidrio en espiral - justifica el desplazamiento. El edificio alberga asimismo un gran café con una agradable terraza a orillas del Spree donde podrá tomar una comida ligera a cualquier hora del día.
Aún así, en el Pergamonmuseum (museo de Pérgamo) le aguarda uno de los mayores choques de su vida de amante del arte: la posibilidad de contemplar la Antigüedad en tamaño natural. El altar de Pérgamo (ciudad griega de Asia Menor) y la puerta del mercado de Mileto (factoría romana) han sido reconstituidos a tamaño real en unas salas monumentales. Hollywood y Brad Pitt pueden ir recogiendo sus bártulos: ningún trucaje digital igualará nunca la majestuosidad del arte antiguo, sobre todo cuando alcanza tal grado de monumentalidad. El resto de la colección está a la altura de lo visto (en particular la puerta babilónica de Ishtar). El museo comprende asimismo el museo de Antigüedades de Oriente Próximo y el museo de Arte Islámico, con hermosísimas piezas.
Si puede (estas visitas se suelen "comer" todo el tiempo), complete la exploración de la isla con una visita al Altes Museum (museo viejo), la Alte Nationalgalerie (con una retrospectiva dedicada a Goya) y el Bodemuseum (museo Bode). A la Berliner Dom (catedral) se llega agotado: aproveche para tomar aire ante la exuberante decoración interior y tener un momento de recogimiento en la cripta de los Hohenzollern.
Tres conjuntos diferenciados comparten el espacio:
El DaimlerCity (1998) es fruto de la colaboración entre el mismo Renzo Piano (uno de los arquitectos del Centro Pompidou de París), Rafael Moneo (Kursaal de San Sebastián) y Arata Isozaki. El conjunto está compuesto por la DaimlerChrylser Contemporary, una galería de arte abstracto, un espejo de agua, un vasto centro comercial y el Weinhaus Huth (1912), único edificio de origen que ha sobrevivido.
El Sony Center, sede europea de la célebre firma, ha sido diseñado por el arquitecto americano de origen alemán Helmut Jahn (autor de la City Spire de Nueva York) y constituye la más espectacular de las nuevas realizaciones: una plaza circular rodeada de edificios transparentes y cubierta por un gigantesco techo de vidrio y toldos sostenidos por tirantes metálicos a modo de ruedas de bicicleta. Restaurantes, tiendas, Filmmuseum (multicine) y cafés con amplias terrazas atraen a un público numeroso.
El último proyecto, el Beisheim Center, aún no se ha terminado. Una amiga berlinesa nos asegura que el barrio, al que los berlineses dieron un tanto de lado por encontrarlo demasiado frío, empieza a animarse por las noches.
En 2003 el arquitecto Daniel Libeskind (elegido para reconstruir el World Trade Center) entregó las llaves del Jüdisches Museum, al momento rebautizado por los berlineses como el Blitz (rayo). Rayo, aunque también zigzag o cicatriz, este largo edificio recubierto de zinc y "acuchillado" de saeteras se inscribe en la historia de la arquitectura expresionista y se deja leer como una metáfora de la desgarradora historia del pueblo judío.
Por último, el pasado 10 de mayo, entre la Puerta de Brandeburgo y la PotsdamerPlatz - a unas decenas de metros del bunker personal de Hitler - se inauguró tras 15 años de intensas deliberaciones el Memorial de la Shoah. Es la primera vez que una nación reconoce el peor de sus crímenes instalando un monumento en pleno centro de su capital. Peter Eisenman ha dispuesto 2.711 lápidas de hormigón gris oscuro a través de las cuales se puede circular libremente a cualquier hora del día y de la noche. Puede que el arquitecto rechace toda comparación con un cementerio, pero viendo el memorial es imposible apartar esta idea de la mente...

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