E. Tresmontant - 20-11-2009
Por encima de la metamorfosis urbanística de estos últimos veinte años*, la capital catalana ha sabido consolidar sus propias señas de identidad. Para comprobarlo, bastará con dar un paseo por los diferentes barrios de la ciudad.
Cosmopolita, emprendedora, dinámica... así es Barcelona
A la cabeza de la vanguardia desde finales del XIX, Barcelona siempre ha sido una ciudad en movimiento, más cosmopolita que regionalista.
Arquitectos como Montaner o Gaudí, artistas como Miró o Tàpies, eventos como la Exposición Universal de 1929 o los Juegos Olímpicos de 1992 así como la presencia de músicos y escritores como Jordi Savall, Paco Ibáñez o Manuel Vázquez Montalbán, le han dado un aura y un prestigio internacional a esta ciudad.
De Las Ramblas al Eixample pasando por el Barri Gòtic o el puerto, uno de los más activos del Mediterráneo, el paseo le hará descubrir una arquitectura, un ambiente y una gastronomía todos con una arrebatadora personalidad.
Del arte de pasear
Barcelona se descubre a pie. Una buena forma de hacerlo será recorrer la fachada marítima desde la archifamosa estatua de Colón, en la plaça del Portal de la Pau, hasta la salida de la ciudad atravesando la Villa Olímpica. A raíz de las Olimpiadas, el barrio obrero de Poblenou, que se extendía por detrás de la Estación del Norte y los barrios de pescadores de la Barceloneta, fue sometido a una profunda reestructuración para que pudiera acoger las instalaciones de los Juegos y la villa olímpica, hoy transformada en apartamentos de lujo. Las fábricas y restaurantes populares han desaparecido dejando su sitio a zonas verdes y a los más altos rascacielos de Barcelona. Más allá de las polémicas que haya podido suscitar, nadie puede negar al proyecto el mérito de haber abierto la ciudad al mar.
Entre la inmensa Plaça de Catalunya y sus grandes almacenes y el monumento de Colón frente al puerto, Las Ramblas son sin lugar a dudas el lugar más popular y animado de Barcelona. En su origen no era más que una gran alameda plantada de plátanos y frecuentada de día como de noche por un flujo incesante de paseantes. El tiempo, y en parte también sus jaulones repletos de pájaros y sus pintorescos bares, han terminado por imprimirle un ambiente muy particular.
Al oeste de Las Ramblas se encuentra otra de las zonas emblemáticas de Barcelona: el Barri Gòtic, con edificios góticos de los ss. XIII, XIV y XV. No es fácil encontrar en Europa un muestrario de edificios medievales tan bien conservados como el Palau Reial Major, la Capella de Santa Águeda o el Palau del Lloctinent. Bajo la plaça del Rei, el pulmón del barrio, descubrirá la ciudad romana y visigoda que dio origen a Barcelona. Un sorprendente paseo subterráneo le conducirá a través de callejuelas romanas que desembocan en las termas. Luego, de repente, se topará con una de las grandes obras maestras del modernismo catalán, el Palau de la Música Catalana de Lluís Domènech i Montaner (1850-1923), contemporáneo de Gaudí. Este monumento, auténtica sinfonía de curvas y volutas, está coronado por una extraordinaria cúpula invertida en la que muchos ven un anuncio de los delirios de Dalí...
El Eixample (el Ensanche), situado en el eje norte de Las Ramblas, concentra el mayor número de comercios de la ciudad. Este damero, cuyas calles de 20 m de ancho se cruzan en perfecto ángulo recto, fue trazado a partir de 1859 por deseo de una burguesía industrial en plena expansión. El objetivo fijado por el municipio al arquitecto Ildefons Cerdá fue liberar a la ciudad de las murallas medievales que la encorsetaban. El resultado fue un ejemplo de urbanismo tan racional como armonioso. Más tarde, entre 1890 y 1920, el Eixample fue el escenario donde fructificó una de las mayores y más originales aportaciones de Cataluña al arte universal: la arquitectura modernista. Ricos mecenas permitieron a jóvenes arquitectos catalanes dar rienda suelta a su creatividad. Antoni Gaudí (1852-1926) por ejemplo, dio a esta "ciudad nueva" tres de sus monumentos más sobresalientes: La Pedrera, un edificio cuyas ondulaciones evocan el vaivén del mar; el Parc Güell, un lugar mágico realizado por encargo del principal mecenas de Gaudí, Eusebi Güell, y concebido en un principio como ciudad jardín; y la emblemática Sagrada Familia, iniciada en 1882 y aún en obras. Aunque su interior resulte todavía un tanto precario, la subida a las torres le permitirá disfrutar de una increíble panorámica. Es quizá de noche, con su silueta iluminada, cuando la Sagrada Familia presenta su cara más enigmática.
La Sagrada Familia
Desde 1882 la catedral aún no ha conseguido liberarse de su cerco de grúas y andamios. Las obras se ven además ralentizadas por la afluencia creciente de visitantes: dos millones de personas en 2004. Se estima que las obras, financiadas exclusivamente con los donativos de los fieles, toquen a su fin en 2020. Si el templo se acaba de acuerdo con los planes de su conceptor, superará en dimensiones a todos los edificios religiosos conocidos: comprenderá 12 campanarios laterales -símbolo de los 12 Apóstoles- levantados en torno a un campanario central de más de 170 metros. En el interior, una galería podrá acoger hasta 1.500 cantores y 5 órganos, mientras que las campanas alojadas en las flechas sonarán como un gigantesco carillón.
Una cocina de tierra y de mar
Si tenemos en cuenta que de las 104 estrellas de la Guía Michelin® España 2005, 36 han recaído en Cataluña, debemos convenir en que la cocina catalana vive, junto con la vasca, uno de sus mejores momentos. El mérito de la cocina catalana se cimienta en la frescura de sus ingredientes: usted podrá admirarlos en el mercat de la Boqueria, un enorme mercado de estilo modernista situado junto a Las Ramblas y al que todos los grandes chefs vienen a hacer la compra cada día. Los puestos de verduras desbordan de frutas y hortalizas mientras que los de pescados exhiben la quintaesencia del mediterráneo: besugos, lubinas, meros, boquerones, pez espada, sepias, erizos de mar, gambas... Otros ingredientes fundamentales también en la gastronomía catalana son los caracoles y las setas, indispensables por ejemplo en la sopa de fredolics.
De este doble origen marítimo y terrestre ha nacido una cocina original y llena de contrastes llamada de mar y montaña. Pollastre amb ascarmelans (pollo con gambas), mandonguilles amb sipia (albóndigas con choco), conejo con langosta, cigalas con butifarra... La obra maestra de esta cocina barroca es Es niu, "el nido, que Vázquez Montalbán describe así: "allí dentro encuentras bacalao desalado, bacalao que se llama aireado, o sea secado al aire y humedecido. Pero en el plato también entran tordo o codorniz, sepia, guisantes, patatas y alioli. Existe una palabra castellana para definir semejante plato, y es comistrajo...".
Por lo que a tapas se refiere, no se puede ir sin probar la especialidad catalana por excelencia, el pa amb tomaquet: una rebanada de pan restregada con tomate y ajo y rociada con aceite de oliva. Tostada se convierte en torrada, que puede ir acompañada de marisco, jamón o pimientos asados. No deje de probar tampoco la cocade greixillons, coca de chicharrones típica del periodo invernal.
* Pensamos ante todo en el famoso Barrio Chino, tantas veces descrito por los escritores catalanes. El lugar, que tan mala fama cosechó en una época, ha sido objeto de una transformación tan profunda que hasta su nombre ha cambiado. El actual Raval, la Barcelona "golfa" tan añorada por Montalbán, alberga hoy el sesudo MACBA (el museo de Arte Contemporáneo).
** La visita de la azotea permite pasear por el bosque mágico que forman chimeneas y conductos de aeración y descubrir espectaculares vistas del barrio del Eixample.
Más información
Auténtica cocina catalana en Barcelona y sus alrededores:
Hofmann
Argenteria 74-78 - 08003 Barcelona
Tfno. 93 319 58 89
Alkimia
Indústria 79 - 08025 Barcelona
Tfno. 93 207 61 15
Les Cols
Mas Les Cols - Ctra. de La Canya - 17800 Olot
Tfno. 97 226 92 09
Hispania
Real 54 - 08350 Arenys de Mar
Tfno. 93 791 04 57
El Cingle
Pl. Major - 08233 Vacarisses
Tfno. 93 835 91 25
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