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Collioure: la joya catalana

Collioure: la joya catalana

Emmanuel Tresmontant - 10-08-2009

El azul intenso de su mar y su cielo no podía sino atraer a los pintores del color puro que fueron los fauvistas de principios del s. XX… Pero Collioure, al margen de su turismo intensivo, se ha ido convirtiendo también en un lugar destacado de la viticultura mediterránea. Valgan como prueba los magníficos viñedos en terrazas que se extienden por encima de su cala…

 
A principios del siglo pasado, los viajeros habituales de la línea París-Cerbère, entre ellos Picasso y Dalí camino de Barcelona, conocían perfectamente este tramo en que el ferrocarril discurre por encima de la Costa Bermeja. De repente, inundado de sol, surge un encantador puertecillo de barcas multicolores… Es Collioure. Para Antonio Machado fue el final del camino en 1939. Antes que él, en 1910, Derain, Braque y Matisse quedaron atrapados por la pureza de su luz. Los colores puros y violentos que emplearon les valieron el apodo de fauves, “fieras”…
 
Tras los Fauves, fueron Picasso y Foujita quienes pasaron algunas temporadas en Collioure y lo inmortalizaron en numerosos lienzos. Para descubrir las vistas pintadas por estos artistas, sólo tiene que darse un paseo por el “camino del fauvismo”, cerca del puerto viejo, y buscar las 20 paradas señaladas con la reproducción de un cuadro. El símbolo de Collioure sigue siendo aún hoy el antiguo faro del puerto, convertido en campanario de la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, reconocible desde lejos gracias a su cúpula rosa.
 
 
Un circuito de ensueño
La mejor manera de admirar este hermoso paraje es tomar la ruta de las Cretas (N114), que desde Argelès discurre por encima del paisaje. Adentrándose tímidamente por los contrafuertes de las Albères (la última estribación de los Pirineos al este), esta espléndida carretera le llevará hasta la ermita de Nuestra Señora de Consolación, inmersa en un auténtico oasis de vegetación. Este lugar preservado ofrece a los viajeros deseosos de disfrutar de la calma la posibilidad de alojarse en las celdas de los monjes. La capilla, decorada de exvotos por los pescadores de Collioure, está abierta a la visita.
 
Siguiendo por la carretera en dirección a Collioure, no deje de disfrutar de la magnífica panorámica de la Costa Bermeja y del Roselló que ofrece la torre de Madeloc, antigua torre de señales que vigila el mar desde el s. XIII.
 
Tras el frenesí turístico del verano, Collioure vuelve a recuperar su tranquilidad en el mes de septiembre. Es el mejor momento para disfrutar de sus playas y de un paseo por el viejo barrio del Mouré, desde cuyas empinadas callejas se ve el mar y las murallas del castillo real.
 
 
Las famosas anchoas de Collioure
Hubo un tiempo en que Collioure era conocido ante todo por la pesca de la anchoa. No en vano, hace un siglo la localidad contaba con 800 pescadores. De los treinta talleres de salazón y conservas de entonces, sólo quedan dos: la Maison Desclaux y la Maison Roque & Cie, que siguen proponiendo anchoas tradicionales frescas, en vinagre, en sal, en aceite, en tarros, en latas e incluso en barricas. Hay que decir que las anchoas son cada vez más escasas, por lo que la producción se ha reducido bastante y en más de una ocasión se recurre a anchoas importadas. Para estar seguro de degustar auténticas anchoas de Collioure, espere al otoño…
 
 
Grandes caldos del Mediterráneo
La denominación “Collioure”, creada en 1971, sólo se aplica a los vinos tintos y rosados, ya que los de Banyuls están protegidos por su propia denominación “vinos dulces naturales” desde 1936. Un tiempo desconocidos, estos vinos elaborados principalmente a base de garnacha negra se han convertido gracias al trabajo obstinado de un puñado de cosecheros en parte de los vinos más sorprendentes del Roselló.
 
De un rojo profundo, ricos y especiados, estos caldos destacan por sus aromas de fruta roja madura y su textura amplia y aterciopelada. Unos vinos que casan a la perfección con la cocina catalana, generosa y aromática, ya se trate de una carne en salsa, una escalivada o un pescado a la parrilla.
 
El espectáculo de los viñedos desplegándose en terrazas por encima de Collioure y del mar que ofrece la carretera que lleva hasta Banyuls (D114 luego N114) es fascinante. Aferrado a la pendiente y sujetado por muros de piedra, quemado por el sol y castigado por la tramontana, el viñedo exige aquí un trabajo de Sísifo.
 
Christine Campadieu y Vincent Cantié, del Domaine de la Tour Vieille, forman parte de este grupo de irreductibles viticultores que siguen cultivando estas tierras de forma manual a fin de preservar la disposición de las viñas. Si va a verlos, le harán descubrir sus parcelas ancestrales, terrazas surcadas por senderos empedrados que sirven para evacuar el agua. Subsisten aquí y allá algunas casots, antiguas cabañas de piedra típicamente catalanas hoy abandonadas, que siguen siendo el único refugio del hombre en estas empinadas pendientes.
 
 
INFORMACION PRACTICA
 
Oficina de turismo de Collioure
Place du 18 juin
Tfno. +33 (0)4 68 82 15 47
 
Ermita de Notre-Dame de la Consolation
66190 Collioure
Tfno. +33 (0)4 68 82 17 66
 
Anchoas Desclaux
3, route d’Argelès, RN 114
Tfno. +33 (0)4 68 82 05 25
 
Anchoas Roque & Cie
17, route d’Argelès
Tfno. +33 (0)4 68 82 22 30
 
Domaine de la Tour Vieille
12 rte de Madeloc
66190 Collioure
Tfno. +33 (0)4 68 82 44 82
 
 

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